Sólo en esta ocasión Jorge Busti decidió hacer trascender una foto. Fue este fin de semana y se lo ve junto a José Eduardo Lauritto. Habló horas. El marco: un casamiento en Concepción del Uruguay. El anfitrión fue Juan Luis “el Gordo” Puchulu, quien los sentó a la misma mesa. Se casaba un hijo.

Quizás la decisión de publicar esa foto o hacer público ese encuentro tenga detrás una deferencia. Lauritto, como vicegobernador de Sergio Urribarri, jamás se sumó a la tropa antibustista que se constituyó cuando explotó el conflicto entre el gobierno nacional y las entidades agrarias.

Busti, aparte de recorrer la provincia y juntar a los devotos del Frente Entrerriano Federal (FEF), viene manteniendo encuentros con dirigentes oficialistas. Ninguno de ellos en un marco institucional. Participó de un asado en la casa del conductor radial, Rubén Almará. Allí se encontró con Adán Bahl y Pedro Raiteri (ex secretario del Concejo Deliberante en la gestión de Gastón Grand), entre otros. Ha hablado con Carlos José Scelzi, más conocido como el “teta” y cruzado alguna palabra con Enrique Cresto. No tiene por qué haber algún inconveniente. O no fue Gustavo Bordet, ni bien se instaló en Casa de Gobierno, quien lo convocó.

Es sintomático. Generaciones más jóvenes, si se quiere, o dirigentes que dieron sus primeros pasos en la gestión de Urribarri, son quienes expresan su malestar con lo que sería la vuelta de Busti. Menos uno: Mauro Urribarri. El ministro de Gobierno dijo ante este medio tener muy buena relación con el ex mandatario. Lo mismo dicen los bustistas.

Un paréntesis: según supo Página Política, el presidente de la Cámara de Diputados ha dejado transcender que no pone reparos a que se hable con Busti, pero solicitó que no se lo pidan a él.

Cerca de Busti ven dificultoso un acercamiento con lo que fue el ultraurribarrismo, pero no todo es imposible. En un restaurante se topó con el diputado Pedro Báez, con quien ni siquiera se dirigía la palabra. Esta vez hubo una mano extendida.

Bordet le abrió la puerta a todo el peronismo. No tiene otra alternativa en época de vacas flacas. Quienes más se acercaron fueron los integrantes de la vieja guardia. Quizás sea un proceso en el que también deba enmarcarse las pretensiones de Eduardo Duhalde. La de pelearle la conducción del Partido Justicialista a José Luis Gioja.
Fuente: Página Política

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