El 22 de abril se fundó a nivel nacional el Frente Amplio UNEN. Y desde esa fecha no se habla de otra cosa que de la posibilidad de una alianza de ese frente con el PRO.

En UNEN afirman que tal debate lo instala la prensa con sus preguntas capciosas (argumento que copian sin cambios del kirchnerismo). Pero no es cierto. La prensa busca títulos y encima lo que hay como noticia es que en cada reunión política de cada socio de UNEN se habla de las conveniencias o inconveniencias de un acuerdo con el macrismo.

Es así sobre todo en el radicalismo donde reside la última palabra respecto del asunto. El debate no sólo supone tácticajes y pragmatismos. Tiene que ver con el perfil ideológico en que se ha recostado la UCR, con las demandas del momento, con el discurso proselitista que hace que, en realidad, no parezca visible con claridad por qué la UCR no puede ir en alianza con el PRO.

¿Por qué no? ¿Por qué no cuando está en juego cómo se potencia la oposición ante dos expresiones del peronismo, la kirchnerista que gobierna y la del massismo que se sostiene puntero en las encuestas?

El radicalismo –menos que el peronismo, pero sí, también- expresa a una abierta gama del arco ideológico. Ha triunfado por amplios márgenes en este país y en Entre Ríos. La década K, el relato K con el que polemiza, entre otros factores, llevó al radicalismo a sentirse más cómodo, últimamente, en una tradición que apela a la anticorrupción, a lo republicano, lo antipopulista, el liberalismo económico, la crítica al déficit fiscal y el clientelismo. Hay otros perfiles nítidos, asociados con la figura de Raúl Alfonsín, tradición ideológica a la que el kircherismo supo pegarle un tarascón como mejor lo quiso, reivindicando al ex presidente cada vez que puede y con más frecuencia que el propio partido centenario. Entre paréntesis, también pasa en Entre Ríos con la obra de Sergio Montiel aunque el peronismo se corta la lengua antes de mencionar que la Uader, o Sidecreer son inventos del ex mandatario provincial.

Así están dadas las cosas. Un radicalismo que tiene a un candidato, Julio Cobos, que fue vicepresidente en el período en que la década K supo instaurar su relato, en el lapso en que fue más lejos en la profundización de derechos sociales y plasmó políticas que hoy son intocables para la izquierda y la derecha. Cobos ni siquiera se jacta de haber sido parte de ese proceso. La UCR tiene otro candidato, Ernesto Sanz, que ha defendido la necesidad de que sea UNEN el que lidere “un proyecto de cambio” ante una eventual alianza con otras fuerzas.

Está también Hermes Binner, y los socialistas entrerrianos, aunque ese es otro cantar. Hay otros perfiles y otras perspectivas en juego. Y un desafío enorme para resolver cómo se sostiene el caudal electoral y el poder que ostentan siendo parte de un UNEN recostado en la centroderecha.

Historias y encuentros

Como argumento para cualquiera de los aliados está que las PASO debieran resolver los dilemas ideológicos, a través de la votación popular. Pero si hiciera falta, basta un repaso por acercamientos difíciles de explicar cuando se afirma que el PRO está en las antípodas ideológicas de referentes importantes de UNEN.

¿Por qué tendrían más que ver Sanz o Cobos con Humberto Tumini que con Gabriela Michetti? ¿O con Victoria Donda más que con Rodríguez Larreta? A propósito, Tumini fue candidato a presidente en 1995 y en Entre Ríos sólo logró que un par de militantes del Partido Comunista (PC) -y no la UCR- le pegaran un centenar de afiches.

¿Por qué Atilio Benedetti, Arturo Etchevehere o Arturo Vera pudieron ser aliados de Hilma Re (que fue parte del partido de Patricia Bullrich, hoy en el PRO); o por qué pudieron llevarla a la dirigente ruralista junto con otro ruralista, un radical, Jorge Chemes, en las listas de 2009, pero no podrían dirimir diferencias con Alfredo De Angeli? ¿Eran tan distintos los exabruptos de Chemes en 2009 de los que De Angeli profirió entonces y después también? No se ve por qué la UCR ve posible un acuerdo con Hugo Rivas de Proyecto Sur, o Re de Bullrich, o Néstor Golpe, ex radical en el GEN pero encuentra una distancia abismal con Chemes que hoy está más cerca de De Angeli. ¿Por qué no si De Angeli contó, antes de ser el referente del PRO, que su voto a presidente en 2007 fue para Pino?

A propósito de Etchevehere, en 2003 fue candidato de Recrear –partido que a la postre fue unificado con el PRO-. Y Ricardo López Murphy tenía en aquel entonces un discurso de derecha sin vueltas, propiciador del ajuste, algo que hoy Macri no se atrevería a argumentar ni por asomo. Por las dudas, para aportar a la confusión general, vale recordar que también fue en esa boleta Julio Rodríguez Signes, hoy fiscal de Estado de un gobierno peronista que ostenta ser la mejor expresión del estilo nac& pop.

En suma, como están dadas las cosas, no hay un argumento sólido que explique por qué la UCR debiera resignar un acuerdo con el PRO que la acerque un poco más al poder. Elisa Carrió se jacta de saber que la acusan de loca y pide “respeto” por el electorado de derecha que la eligió a ella, a Pino Solanas, a Atilio Benedetti en Entre Ríos o a Sergio Varisco en Paraná.

Ta vez Lilita no está loca –como insiste en decir que dicen de ella- si no que expresa una estrategia a la que, hasta ahora, no hay quien enfrente con argumentos sólidos. Quizá el electorado de derecha no estaba confundido si no que encontró en parte de la dirigencia de UNEN la expresión más cabal de su voluntad.
Fuente: Página Política

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