El cambio de época a partir del 10 de diciembre es indudable. Mauricio Macri habló por primera vez como presidente electo, el lunes, e instauró fuertemente un “relato” diferente al que rigió la vida política de los últimos 12 años. Más minutos dedicados a hablar de economía y del dólar, más referencias al “Mercosur y al mundo”, más menciones a Bachelet y Tabaré que a Evo o a Maduro, tanto como que adelanta sin vueltas que pedirá la “cláusula democrática” contra Venezuela. Macri critica la Ley de Medios, anuncia conferencias de prensa “todos los días”, promete eliminar “la grieta” entre decenas de elementos que tiñen la nueva era bajo su mando.

En Entre Ríos también hay cambio de época aun cuando haya ganado el peronismo. El escenario para Gustavo Bordet es esencialmente otro que el que le ha tocado a Sergio Urribarri en los últimos ocho años.

En su primera gestión (2007- 2011), el gobernador debió vérselas antes que nada con el frente interno en el proceso de fractura que derivó en la salida de Jorge Busti del PJ, junto con el desafío de construir lentamente su pedestal político propio. Al promediar ese mandato, el conflicto del campo lo catapultó al riñón kirchnerista y desde entonces y en su segunda gestión (2011-2015), Urribarri contó con viento a favor, ordenó como quiso al peronismo entrerriano, eligió a los candidatos con el método que mejor le pareció, contó con un Senado monocolor y una Cámara de Diputados afín, tras el rápido pase a sus filas de los alfiles bustistas y con un bloque radical cuanto menos adormecido.

Contó además con gremios estatales afines, tanto en UPCN como en ATE, que incluso lo acompañaron en la “reforma tributaria” que finalmente quedó reducida a un “impuestazo” cuando se sucedieron las declinaciones con exenciones para “los que más tienen”: el campo y la industria.

Peronismo 2016

La situación es sustancialmente otra para Bordet. Puertas adentro del justicialismo, el concordiense deberá consolidar poder propio luego de haber llegado a la Gobernación en la balsa cedida por el urribarrismo. Contó con la ventaja que el resto de los anotados desistiera de disputarle el comando del barco no sin pretensiones de poder. Sin embargo, tras los comicios de octubre y de noviembre no hay quien pueda ostentar un triunfo electoral que suponga cobrar con una cuota de poder los buenos oficios en favor de una victoria provincial con demasiado sabor a derrota.

Por lo demás, ATE pasó recientemente a manos del sindicalismo duro, poniendo fin a la bonanza que disfrutó Urribarri a lo largo de ocho años. Tendrá Bordet un Senado en minoría (ocho bancas de Cambiemos, una del massismo). Y una Cámara de Diputados con mayoría por garantía constitucional aunque asumirán doce referentes de Cambiemos –entre radicales y dirigentes del PRO- y cuatro referentes del massismo que en principio no redituarían en apoyos a Bordet. Es que los disidentes representan al espacio que lidera Jorge Busti que a diferencia del sector de Adrián Fuertes, se ha mostrado más cerca de Cambiemos y de Macri, que del oficialismo.

A partir del 10 de diciembre, y sin que se conozcan demasiados detalles de un futuro gabinete provincial, las incógnitas giran en torno al tiempo y las condiciones en que Bordet consolidará su poder político, cuánto faltará para que se pueda hablar del “bordetismo”, término que en la política entrerriana aún no existe. Qué margen de juego le dejará el poder saliente, representado por Urribarri, y que alianzas deberá buscar en pos de la gobernabilidad son asuntos aún no avizorados en el mapa político provincial. Una señal: la que encendió el vicegobernador José Cáceres llamando a liberarle las manos a Bordet para armar el gabinete. No hay que obviar, sin embargo, que se ocupó de recordar que el hijo del gobernador, Mauro Urribarri, sería número puesto.

El pulso de Bordet deberá ponerse a prueba en un contexto en el que hay un inmenso caudal de peronismo expulsado del poder, con menos municipios que puedan contener en tanto agencia de colocaciones y con el fin del "sueño entrerriano" que en su última versión supuso un ministerio para Urribarri en un gobierno de Daniel Scioli, ministerio para el que se anotaba más de un centenar de funcionarios provinciales.

Oposición

Las preguntas rondan, sobre todo, el tablero de la oposición. En torno a Cambiemos, para arrancar, se han visto diferencias entre el PRO y la UCR con relación a la posibilidad de que haya un solo bloque o un interbloque en la Cámara de Diputados.

Eso es sólo asunto menor, administrativo, de caja. Lo grueso pasará por las incógnitas en torno a la institucionalidad partidaria que tendrá el frente Cambiemos, como coalición. Dos socios en esa alianza, la UCR y el PRO resolverán las reglas de juego de ese matrimonio, sin desatender, a la vez sus propios partidos.

De un lado hay una estructura consolidada, la UCR, sobre la que cabalgó el PRO para llegar hasta donde llegó. Del otro lado, hay una nueva organización fuertemente liderada por la figura del presidente electo que contará con los recursos y el poder suficiente para consolidarse como partido en Entre Ríos, después de 10 años de existencia del macrismo en este distrito.

La UCR tiene un plus que agregar a su base institucional consolidada. Se acrecienta sustancialmente la cuota de poder que ostentará en el período institucional que se inicia. Contará con 28 intendentes –gabinetes en los gobiernos locales, concejales, vocales de juntas-; la mitad de los diputados de Cambiemos; y cuatro de los ocho senadores de esa fuerza.

Del lado del peronismo disidente, no habría mayores incógnitas respecto del espacio que lideró Adrián Fuertes como referente local del massismo y ex candidato a gobernador. El dueño del poder en Villaguay aseguró el único triunfo departamental para el renovador de Tigre. Al día siguiente de la elección de octubre, el intendente echó mano a su identidad peronista, se encolumnó con Bordet y Urribarri detrás de la postulación de Scioli ante el ballottage y se paseó por los medios ultrak a nivel nacional (dos veces en 6,7,8 entre otras apariciones televisivas) en los días previos al 22 de noviembre. Al parecer, su electorado sólo lo acompañó en parte. En Villaguay también ganó Macri.

La noticia dada a conocer por Pagina Política acerca de que habrá internas en el PJ, vendría como anillo al dedo al ex candidato a gobernador que pidió en más de una oportunidad instancia de este tipo para medir fuerzas y volver al partido con calle 9 de julio. La incógnita es el rumbo que tomará Jorge Busti, jefe político de los cuatro diputados electos por el massismo, Gustavo Zavallo, Alejandro Bahler, Mariela Tassistro y Daniel Koch, que ratificaron su papel opositor. Por lo demás, ante el ballottage, se mostraron prescindentes aunque hubo señales de sobra del tres veces gobernador para traducir que eligió apostar a ganador.

Finalmente, el nuevo escenario político tiene actores que prácticamente se hicieron invisibles: la centroizquierda y la izquierda casi quedaron fuera de juego.

El socialismo, en alianza con fuerzas sin personería en Entre Rios como el Partido del Trabajo y el Pueblo y la Unión Popular, alcanzó apenas 18.400 votos (2,59%) en la categoría Gobernador y perdió los espacios institucionales que había obtenido en 2011 en alianza con la UCR (una banca en la Cámara de Diputados que ocupa Lisandro Viale hasta el 10 de diciembre; y algunos concejales en ciudades como Paraná y Concepción del Uruguay como son los ex candidatos a intendente, Marcelo Haddad y Verónica Magni).

La izquierda del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) quedó en el camino con los pisos impuestos por las PASO, con la excepción de una fórmula para el gobierno de Paraná que no corrió mejor suerte en octubre.

Como tantas veces, estos espacios políticos volverán a hacerse visibles en el marco de luchas sectoriales, de organizaciones sociales y gremiales en las que la dirigencia tradicional cede el paso casi siempre a la militancia de izquierda.
Fuente: Página Política

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