El lógico pase de facturas tras una derrota es inevitable. El peronismo entrerriano está en eso por estas horas. Pero peor aún, abajo, muy abajo, está empezando a latir una sensación más dramática, ya con anclaje en 2019.

Somos Entre Ríos perdió por cinco puntos. Era más o menos lo esperado. Gustavo Bordet, la cara visible de la escudería, se mostró optimista para octubre. No hay una sola voz en el oficialismo que se descuelgue públicamente de ese optimismo, pero cuando se apaga el grabador el desaliento es palpable. La campaña no gustó y muchos no trabajaron.

El diputado Ángel Vázquez fue el que más lejos llegó en declaraciones públicas. Cuestionó la política de redes sociales y advirtió: “Los que militan por el corazón, por la marchita, no los van a acompañar”. Las palabras del dirigente de San Benito seguramente le pertenecen, pero quien las suscribe es Sergio Urribarri, al único que defendió en larga entrevista en la que se despachó con una catarata de cuestionamientos al gobierno provincial.

Guillermo Guastavino se encargó de Martín Piaggio. Le otorgó el rango de jefe de una “estudiantina”. El senador nacional cuestiona el exceso de kirchnerismo y beligerancia del intendente en cuyo territorio la ola de Cambiemos arrasó. Guastavino solo se encargó de apuntar a Piaggio. Nada dijo del primer candidato de la lista, Juan José Bahillo, su aliado en el territorio. Si el peronismo de Gualeguaychú se transforma en el de Paraná, lo que viene puede ser catastrófico para el oficialismo. Ya no en octubre, sino en dos años.

Julio Solanas lanzó una frase atendible. “Cuando escuchamos al Gobierno de Entre Ríos, parece que hablara Frigerio”. No pocos son los que cuando refieren a una revaluación de la campaña entienden que la confrontación con el gobierno nacional es ineludible. El proselitismo oficialista ante las PASO fue similar al de Cambiemos, entonces por qué una mayoría iba a elegir a una marca recién estrenada, como Somos Entre Ríos, ante una ya instalada y con un éxito de ventas indiscutido. En la competencia de marketing el oficialismo tiene todas las de perder.

Quienes apuestan a la estrategia de confrontar ponen de ejemplo los casos de provincia de Buenos Aires y Santa Fe. El peronismo confrontativo tuvo mejor performance que el dialoguista de Juan Schiaretti, por ejemplo.

Jorge Busti fue de los otros dirigentes que aportó a la masa crítica. Pidió más trabajo territorial, aparte de las redes sociales. En una entrevista radial fue consultado por Jorge Barreto y su buena elección que le dejó como capital casi 60 mil votos. El ex gobernador saludó la elección del ultrakirchnerista y le pareció atendible cualquier reclamo del diputado nacional. Se esperaba más frialdad de un antikirchnerista, pero predominó la compostura. Un episodio de las últimas horas empañó la prudencia de Busti. Se filtró una conversación privada con Rubén Bonelli, dirigente de Concordia, en el que cuestiona la lista 2. La campaña sucia está en el seno del oficialismo, que es quien administra todos los resortes del Estado. Son pocas las posibilidades de dar con el responsable de la filtración. Lo hizo uno de los que participaron de la charla, la Policía, el jefe político de la Policía, o alguien con injerencia en la fuerza. Adivinanza.

Así están las cosas en el peronismo. El número de diputados que pueda aportar Bordet a la oposición en el Congreso es hoy una anécdota. En el análisis de muchos aparecen interrogantes para el 2019.
Fuente: Página Política

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