Se reencontraron en Facebook a propósito de la Semana de los Pueblos Originarios. Un integrante de lo que fue la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de Paraná (Cespa), a mediados de los 80, mencionó una actividad paralela de los jóvenes de entonces: un Frente Independiente de los Derechos Aborígenes que funcionaba casi como una sucursal de la Cespa, con el mismo esfuerzo de los mismos militantes.

Para el recuerdo en Facebook se etiquetó a cuatro personas, enseguida fueron diez, veinte, treinta, cuarenta integrantes de aquella coordinadora. Conformaron un grupo en la red social, en el que es incesante el posteo de recuerdos, anécdotas, definiciones políticas de entonces y de ahora. El 10 de mayo planean un reencuentro en Paraná, fecha para la cual se espera que lleguen representantes de Rosario, Córdoba y Buenos Aires.

Contextos

La Coordinadora de Estudiantes Secundarios de Paraná fue una organización que funcionó a fines de los ochenta. Nucleó y dio sustento político a militantes de los centros de estudiantes de la Escuela de Comercio Nº 1, la Escuela Normal, el Colegio Nacional, distintas nocturnas como la Maximio Victoria y el Nacional. Había una organización precaria en colegios religiosos como La Salle y el Cristo Redentor, la organización a la que cedían las autoridades ante la presión estudiantil; también en la Base y en las escuelas técnicas Nº 1 y 5.

Buena parte de los secundarios de la Cespa tenían militancia partidaria. Algunos en el peronismo, con contactos con las Mesas de Trabajo, que lideraba José Carlos Conde Ramos y que tenía a un referente de ese sector, Tomás Luján, en la Secretaría de la Juventud del primer gobierno de Jorge Busti (1987-1991). Había también militantes radicales, vinculados al varisquismo que había gobernado la ciudad desde la reapertura democrática pero también a otros sectores internos de la UCR. Había militantes del Partido Comunista; del Partido Socialista; representantes de movimientos religiosos.

En una lectura de los post que aparecen en el muro del grupo se encuentran marcas de la época: un viaje a Viedma (ciudad a la que el presidente Raúl Alfonsín quería trasladar la capital); la organización para la protesta en contra del primer intento de golpe carapintada; el debate por “el relato” incipiente acerca de horror que había sido el Terrorismo de Estado durante la dictadura.

También hay alusiones a la presencia en grupos en actos culturales propios de la reapertura democrática; la participación en dos grandes movilizaciones de estudiantes de entonces en reclamo de “dos semanas” de vacaciones de julio y por una rebaja en el boleto estudiantil, una consigna que tenía un costado de homenaje a los desaparecidos de La Noche de los Lápices, luego del estreno de la película de Héctor Olivera que por aquellos años revelaba lo sucedido con los secundarios de La Plata en 1976. También hay menciones a la lucha en contra de la Obediencia Debida y el Punto Final, cuando la democracia venía de la mano de las primeras desilusiones.

La Cespa tuvo sede, primero, los sábados en la Escuela de Comercio que estrenaba edificio en calle Brasil; después en un local en calle Urquiza, entre San Juan y Salta, que nadie tiene claro quien pagaba.

De las aulas a la red social

De un repaso por los integrantes del grupo, surge que buena parte de la Cespa siguió su actividad política, partidaria, sindical: están entre otros Pablo Churruarín de la agrupación oficialista Nunca Menos; Marcelo Petrucci, de la agrupación Octubres; gente que se vinculó con la docencia como Aixa Boeykens; otra que tuvo su campo de acción en los gremios como Violeta Meyer, en Agmer, Mario Mainardi, en el sindicato municipal, Guillermo Barreira en UPCN; mujeres vinculadas entonces a movimientos cristianos como Natalia Yujnovsky y Lina Nardín; otras allegadas al Partido Socialista, como Gabriela Yujnovsky; militantes de la UES en su versión de los ochenta como Francis Lorenzón y Martín Pross; una simpatizante radical que persistió en ese partido, como Claudia Binaggi; escritores como Pablo Canavelli que anduvieron primero por la UCR después por el humanismo; abogados y militantes en organizaciones de Derechos Humanos como María Eugenia Ramos; una psicoanalista en Rosario, con militancia partidaria y universitaria como Débora Lerman; periodistas atentos a la política como quien firma esta nota. También eran parte de la Cespa, entre otros, Martín Rodríguez, Fulvia Polentini, hoy militante y consejera universitaria, Carolina Campo, Aldo Sigura, Nicolás Bachetti, Pablo Blejer, Nicolás De Zan, entre muchos otros.

De una encuesta improvisada entre los integrantes del grupo, surge un dato curioso: pese a los diversos orígenes partidarios e ideológicos, y tras más de veinte años de no tomar contacto, la mayoría confluyó en 2011 en un voto común, a Cristina Fernández de Kirchner. Hubo alguna lectura del contexto que derivó en esa coincidencia no buscada, contexto en el que el resto eligió al Frente Amplio Progresista que postuló a Hermes Binner a la Presidencia. Hay también una lectura común respecto del 2015: la incertidumbre.
Fuente: Página Política

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