Si, si. Este viernes 25 de septiembre faltará exactamente un mes para las elecciones generales en las que se votará todo, desde presidente a concejales, pasando por gobernador, intendente y legisladores provinciales y nacionales, y ahora, además, candidatos al Parlasur. Un montón de gente en campaña.

Sin embargo, asombra ver tan poco clima proselitista, especialmente porque la que ocurrirá en un mes no es una elección cualquiera; es una elección general en la que necesariamente concluye un ciclo, ya que ni Cristina Fernández ni Sergio Urribarri tienen reelección.

En cuatro semanas se termina la campaña y en Entre Ríos no se ha asistido, hasta ahora, a un solo debate que aluda a la provincia que viene. No sólo porque los cuatro candidatos a gobernador no se prestaron a cruzar sus ideas en un espacio común, sino porque ni siquiera el perfil de las campañas que cada partido lleva adelante apunta a eso.

Como ocurre en la nación, en la provincia es el massismo, con la postulación a gobernador de Adrián Fuertes, el que más presencia ha tenido en este sentido. Pero los planteos públicos generados por el intendente de Villaguay mayoritariamente tienen sabor a poco, se quedan muchas veces en el esbozo de una propuesta. Y, lo peor: nadie los contesta.

Aún así, la comunicación de campaña de Fuertes es una ostentación de ideas y propuestas al lado de la nada que en este aspecto ofrece el candidato de Cambiemos, Alfredo de Angeli, con declaraciones extremadamente generales y superficiales tanto en su crítica a la gestión de Urribarri como en lo que propone como alternativa.

De Angeli es el candidato opositor más votado en las PASO, en teoría el que más posibilidades de triunfo tiene. Pero ¿alguien sabe cómo piensa gobernar? El PRO ni siquiera permite que los periodistas se lo pregunten. Es insólito.

Se extraña un candidato radical, con toda la crisis política y de liderazgos que afecta al centenario partido después del último y traumático gobierno de Sergio Montiel. Al menos un radical no se escondería de la requisitoria periodística.

En este sentido, el planteo que el candidato a diputado de PRO, Esteban Vitor hizo hace unos días, pidiendo audiencias públicas para definir la renovación del contrato de agente financiero de la provincia con el Bersa, fue una enorme excepción que confirma la regla. En su único comunicado de esta campaña, Vitor hizo lo que escasea en este proceso: efectuó un planteo concreto, sobre un asunto concreto, con datos, números y sin pelos en la lengua. Pero claro: nadie le contestó.

El tema siguió con un pedido de informes del diputado radical Jorge Monge que, curiosamente, y a pesar de estar en campaña por su reelección, el propio interesado no difundió. ¿Error del equipo de campaña de Cambiemos? ¿Decisión deliberada de no hacer olas?

Es llamativa, también, la ausencia del candidato socialista Lisandro Viale en esta campaña. Particularmente porque el diputado se ha caracterizado por desempeñar un rol opositor que destacó al lado de la chatura de la bancada radical que integra el presidente de la UCR y primer candidato a la reelección por cambiemos, Fuad Sosa.

La oposición está tan dormida, anestesiada ¿agotada? ¿comprada? que ni siquiera atina desplegar su rol en tiempos de campaña. Al menos a meter el dedo en la llaga de la interna peronista que hierve debajo de la tapa de la olla a presión que impuso Urribarri con la digitación de candidatos.

En esta campaña es muy difícil toparse con una crítica seria a la gestión de Urribarri, del tipo que apuntó al contrato “leonino” con Eskenazi, que paga en Santa Fe y cobra en Entre Ríos para quedarse con el negocio. Es hasta paradójico que un candidato de PRO y dirigente de la Sociedad Rural, haya corrido por izquierda a dirigentes políticos de vasta trayectoria en el “campo nacional y popular” y el “progresismo”.

Por lo que ha mostrado hasta aquí (lo más fuerte fue la amenaza de tirarse con narcos por la cabeza entre Blanca Osuna y Sergio Varisco y el repentino descubrimiento de lo malo que es el diputado urribarrista Hugo Vásquez) la campaña en Entre Ríos demuestra que las crisis políticas siempre pueden empeorar.
Fuente: Página Política

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