Una historia de violencia política poco conocida motivó una investigación presentada en el marco del XI Congreso de Ciencia Política que sesionó en Paraná.

La autora del trabajo, Agustina Díaz, egresada de la Universidad de Buenos Aires, es oriunda de Gualeguaychú. Su objeto de investigación es la preeminencia de las corporaciones por sobre los partidos en el escenario político de principios de Siglo XX en la Argentina y los resabios de tal fenómeno en la actualidad.

Como objeto de estudio para fundar su hipótesis, Díaz tomó, entre otros, los hechos sucedidos el 1º de Mayo de 1921 en Gualeguaychú, cuando una patota de la Liga Patriótica atacó una manifestación que conmemoraba el día del trabajador en la Plaza Independencia, hecho que terminó con la vida de seis personas. (Ver extracto de la ponencia en archivo adjunto).

La autora toma ese hecho histórico y analiza exhaustivamente la poderosa organización de la Liga Patriótica que tendría un rol clave en el derrocamiento del radical Hipólito Yrigoyen. Repasa los modos de organización obrera de ese entonces, la escasa respuesta que pudo dar la Unión Cívica Radical para encauzar el reclamo de los trabajadores y reflexiona acerca del rol del Estado en aquel contexto.

Corporaciones

“Durante todo el siglo XX la mediación de tipo partidaria convivió con la mediación de tipo corporativa, pero con una notoria preeminencia de la segunda por encima de la primera”, sostiene la autora.

“Esta tendencia ya podía vislumbrarse en las décadas que siguieron a la sanción de la Constitución Nacional de 1853 cuando surgieron las principales asociaciones de interés de la Argentina de proyección y alcance territorial nacional. Sin lugar a dudas, entre las más destacadas se encuentra la Sociedad Rural Argentina, creada en 1866 para aglutinar y defender los intereses económicos y comerciales de los grandes hacendados de todas las provincias; la Unión Industrial Argentina, fundada en 1886 como resultado de la reunificación de dos nucleamientos empresariales, el Club Industrial de 1875 y el Centro Industrial Argentino de 1878; la Bolsa de Comercio de 1854 que tendría importante sedes en Buenos Aires, Córdoba y Rosario; y el Círculo Militar formado en 1881”, menciona entre otras organizaciones que respondían al poder económico y político.

“Estas asociaciones de interés de los sectores dominantes porteños y del interior mostraban mayor dinamismo y fuerza que el propio partido político que suponía representar sus intereses. El Partido Autonomista Nacional creado en 1970, lejos de constituir un partido político moderno no contaba con estatutos ni plataformas sino que era una estructura laxa cuyos miembros tenían en común ser los grupos dominantes en sus provincias o localidades”, describe.

Obreros sin partido

“El sistema político restrictivo, exclusivista y corrupto resultaba poco atractivo como para convocar a los trabajadores a su nacionalización como condición de ingreso a la participación electoral. (…) El predominio de las ideas anarquistas dentro del movimiento obrero hasta la década de 1920, con su fuerte tendencia anti-estatista y anti-politicista, representó un fuerte obstáculo a la posibilidad de constituir un partido clasista de alto alcance. El rechazo global de los anarquistas al Estado burgués y opresor significaba la indiferencia a participar de la contienda electoral, la oposición a cualquier tipo de reforma propiciada por la elite gobernante y el desprecio a la legislación laboral aprobada por el parlamento. Además, dentro del ideario anarquista, el concepto de Nación como principio social aglutinante formaba parte del mismo sistema opresivo”, describió en relación a la organización obrera que no pudo cristalizar en el Partido Socialista y que el radicalismo, a partir de su fundación, pasó a actuar, desde el Estado, como un poder mediador, a veces con programas de asistencia, aunque enfocada en determinadas zonas del país, sobre todo donde la UCR competía con el socialismo, y a veces con represión.

En un marco de creciente conflicto social, Díaz encuentra la relevancia de los denominados círculos obreros, vinculados a la iglesia, que buscaban “un mínimo bienestar social a los obreros pero, principalmente, recuperar sus almas para la Iglesia, alejándolos de las influencias positivistas, liberales, anarquistas y socialistas”.

“En el término de una década, los Círculos Obreros rondaban por más de setenta y llegaron a reunir unos 23 mil afiliados”, describe Díaz.

Entre Ríos

La autora marca como alrededor de 1920 Entre Ríos pasó a ser un foco de conflicto social creciente. El desarrollo económico de la provincia, atado al comercio exterior, fue semillero para un fuerte desarrollo de organizaciones obreras en zonas portuarias y rurales. Como correlato, también avanzó con creces la Liga Patriótica, fenómeno abonado por su carácter antisemita y por la fuerte colectividad de inmigración judía que se había radicado fundamentalmente en el centro de la provincia.

“La masacre obrera en la ciudad de San José de Gualeguaychú fue precedida por nefastos acontecimientos en otras localidades como los ocurridos en Villaguay. En este caso, una huelga de los trabajadores de la colonia judía de Villa Domínguez se encontró con la crudeza del accionar liguista en conjunción con el accionar de las fuerzas de seguridad. El 11 de febrero de 1921, en una manifestación pacífica, la policía montada y los liguistas atacaron a las personas reunidas allí, entre las que se contaban gran número de mujeres y niños. Alrededor de 30 personas resultaron heridas y 75 detenidas, siendo la mayoría de ellos miembros de la colectividad. Neutralizando el reclamo obrero, la dirigencia política, la policía, las milicias y la prensa provincial responsabilizaron de todos los hechos a los extremistas judíos”, remarca Díaz antes de ir a los hechos de Gualeguaychú.

Para el 1º de Mayo de 1921, la organización obrera convocó a un acto para conmemorar el Día del Trabajador en Plaza Independencia. “Para la misma fecha, la Liga Patriótica Departamental, con el objetivo de apropiarse de ese símbolo obrero, dispuso a celebrar el aniversario del Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas y la sanción de la Constitución Nacional de 1853, convocando a un desfile y acto a desarrollarse en el Hipódromo de Gualeguaychú. Éste contó con el aval del gobierno provincial que, a su vez, autorizó los planes organizados por la FORA de reunir a todos los trabajadores en la Plaza Independencia de la misma ciudad”, recuerda Díaz en su trabajo.

Después del asado de la congregación liguista, después de haber corrido mucho alcohol, se incitó a los presentes en el acto a atacar la concentración obrera en la plaza, luego de distribuir armas.

“Los jinetes liguistas acompañados de algunos vehículos se dirigieron hacia allí. Al encontrarse con los obreros reunidos comenzaron a insultarlos y a exigirles que bajaran la bandera roja que habían izado en el mástil central. Aunque los trabajadores cedieron y arriaron su bandera llevándola a la jefatura de la policía para su cuidado comenzó a llover sobre ellos una fuerte balacera desde los jinetes apostados en las esquinas y desde los techos de la Catedral. El saldo de la jornada fue de seis muertos: cuatro obreros, un policía y un liguista. A pesar de que el gobernador (Celestino) Marcó no apoyara directamente el accionar liguista, nadie sería juzgado por la masacre obrera y el hecho quedaría oculto en la historia local hasta el retorno democrático de la década de 1980”, repasa en su relato de los hechos.

Díaz concluye que en la historia se reiterarían modos similares de la política, con organizaciones paraestatales violentas. Afirma que “los liguistas no serían seres excepcionales, ni simples criminales, sino expresión de una determinada realidad político-social”.

“Serían el brazo armado de grupos de interés organizados, dispuestos a desconocer al Estado cuando éste no diera cauce a sus presiones. Por otra parte, el Estado naturalizaría la existencia de estos grupos, aceptándolos como interlocutores válidos a pesar de estar por fuera de toda norma democrática. Así fue constituyéndose un tipo de mediación no sólo caracterizado por la preminencia del corporativismo sobre el tipo partidario, sino por la violencia como forma de ejercicio político”, concluye.
Fuente: Página Política

Claves

XI Congreso de Ciencia Política

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