El 10 de diciembre concluye su segundo y último mandato -al que accedió con el 56 por ciento de los votos- y la derrota de Daniel Scioli lo dejó fuera del gabinete nacional. Sergio Urribarri vuelve al llano haciendo ruido, vuelve al barro de la política y elige a un adversario de fuste: el tres veces gobernador Jorge Busti.

Hacía años que no lo nombraba siquiera. En los momentos más álgidos, en el conflicto del campo de 2008 y en las distintas instancias electorales que los tuvieron en veredas separadas (2011, 2013, 2015), Busti centró su mensaje en la crítica al modelo de gestión kirchnerista y en segundo término en golpear al gobierno de Urribarri. Pero el gobernador siempre eligió evitar las respuestas y eludir sólo tangencialmente a su mentor que, a todo esto, iba reduciendo en el tiempo su preeminencia en el tablero político entrerriano.

El debate por el 15% de los fondos de coparticipación, lo que hizo y dejó de hacer cada uno para reclamar esos fondos a Nación, le dio al gobernador el argumento para volver al ruedo. Para pararse nuevamente en el terreno de juego y disparar contra Busti, así, nombrándolo, Urribarri eligió acusarlo de “resentido”. No fue cualquier palabra, Busti decidió levantar el guante. “Resentido: que se siente maltratado por la sociedad o por la vida en general”, dice el diccionario y Urribarri le enrostró a su antecesor semejante cualidad “en los últimos años” junto con la “malicia”.

El mandatario provincial, además, decidió amplificar su golpe. Lo difundieron los medios de toda la provincia y fue la tapa de El Diario de Paraná, que desde 2010 es su vocero oficial. Busti no demoró su réplica ni dejó pasar el calificativo: “Resentimiento es el de Urribarri porque todos los sueños entrerrianos que encaró se transformaron en pesadillas”. Y se regodeó en el repaso: “Tiene bronca porque quiso ser Jefe de Gabinete y no lo eligieron; bronca porque dilapidó fortunas en una campaña presidencial que naufragó en el grotesco; bronca porque no le otorgaron el premio consuelo de la vicepresidencia; bronca porque las urnas tampoco le permitieron exiliarse en la promesa del Ministerio del Interior”, disparó.

Enemigos íntimos

Ante esta nueva versión de la disputa Busti –Urribarri, viene a cuento un repaso rápido por la relación entre ambos dirigentes del peronismo entrerriano.

Durante tres períodos Urribarri fue diputado provincial. El primero (1991 – 1995) el gobernador era Mario Moine y fue en la cámara el alfil más fiel de Busti que esperaba su turno como intendente de Concordia para volver a la Gobernación.

Entre 1995 y 1999, se ocupó de la presidencia de la Cámara, en sintonía prioritaria con Busti que cumplía su segundo mandato con un Senado mayoría radical. Su último período como diputado fue durante la gestión de Sergio Montiel cuando fue, con perfil bajo pero sin discusiones, el presidente del bloque justicialista en la oposición.

Volvió Busti a la Casa Gris y lo tuvo a Urribarri bien cerca a lo largo de casi todo el período (2003- 2007) en el megaministerio que era entonces de Gobierno, Justicia, Educación, Obras y Servicios Públicos. El bendecido como sucesor se retiró del cargo unos meses antes del final del mandato.

Fue para encargarse de su campaña. Pero antes de eso, debio ocuparse, junto con Busti, del movimiento de piezas que aplacó las resistencias que generó su bendición, tanto como que se partió el PJ con lo que se denominó la Lista 100 que postuló a Julio Solanas y Enrique Cresto por fuera del partido.

Urribarri llegó a la Gobernación en su primer mandato; a Busti le tocó el turno en la Cámara de Diputados donde reunificó el peronismo, sacó la necesidad de la reforma de la Constitución que fue su gran pantalla durante buena parte del período y que aseguró la reelección de Urribarri en 2011 aunque esos no eran sus planes.

En efecto, sin medias tintas, tras el triunfo en las urnas de Urribarri en marzo de 2007, Busti se despidió con un mensaje ante la asamblea legislativa en la que adelantó lo que se venía: “Si Dios me lo permite y el pueblo entrerriano lo quiere, dentro de cuatro años y medio estaremos en el mismo lugar”.

Veredas

Desde el conflicto del campo a la fecha, la historia del kirchnerismo se intentó contar anulando los grises. Urribarri consolidó su poder parándose en la vereda de Néstor y Cristina Kirchner, Busti se ubicó enfrente en el medio de una crisis política que hacía pensar que la era K tenía los días contados.

El 10 de mayo de 2008, Busti se subió a un acoplado junto a los dirigentes del campo que sostenían un piquete en el Túnel Subfluvial. El cartel que acompañaba la foto profundizaba la fractura. “¿Urribarri dónde está?”, decía.

Ese quiebre tuvo un paréntesis para las legislativas de 2009. Tras un congreso del PJ se forzó un realineamiento temporal del peronismo bajo la consigna “unidad en la diversidad” que se expresó en una lista que fusionó un ultrak, Raúl Barrandeguy; secundado por la esposa de Busti, Cristina Cremer, que a poco de asumir se mostró junto al disidente Sergio Massa.

El triunfo fue para los “agrodiputados”, como sucedió en buena parte del país y la oposición entrerriana puso en el Congreso a Atilio Benedetti; Jorge Chemes; y Hilma Ré.

Llegó 2011. Busti buscó retener su poder desde fuera del PJ, presa del régimen electoral que se denominó Ley Castrillón que había pergeñado en 2007 para minimizar las expectativas de la interna partidaria. Fundó el Frente Entrerriano Federal y puso a los cinco diputados que hoy son todos alfiles de Urribarri.

Con esa herramienta partidaria, en 2013, buscó a Alfredo De Angeli y al PRO para las legislativas en una elección que llevó al chacarero al Senado y a su esposa le aseguró un nuevo mandato en la Cámara de Diputados de la Nación.

Tras el ballottage del 22 de noviembre, las cartas están echadas. Urribarri y Busti reavivan su disputa en un nuevo tablero político. Urribarri negocia su cuota de poder con el gobernador electo Gustavo Bordet; Busti metió cuatro diputados, todos de su riñón, al menos por ahora, tras su brevísima alianza con Adrián Fuertes a quien acompañó en la fórmula massista en la provincia. Tiene además un teléfono importante en la agenda: el del futuro ministro del Interior, Rogelio Frigerio.
Fuente: Página Política

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