Bordet corrige rumbo hacia 2019

Tras las elecciones, el Gobernador dio tres golpes de timón que pueden interpretarse como una corrección del rumbo en base al mensaje de las urnas. El camino recién empieza. Llegar a puerto en buenas condiciones no dependerá sólo de él.

En las cuatro semanas que siguieron a las elecciones del 22 de octubre, el gobernador Gustavo Bordet realizó tres importantes movimientos:

UNO. Efectuó una amplia renovación de su gabinete de gobierno. En clave política puede leerse como la tan mentada separación de su antecesor, Sergio Urribarri. Aunque, en rigor, no expresa una ruptura clásica, sino más bien una reformulación de la relación en la que claramente el Gobernador reúne más poder. Pero tampoco corta lazos con el kirchnerismo, cuya dirigencia en buena medida se encuentra cambiando de piel para sobrevivir.

DOS. Como el resto de los gobernadores, Bordet ingresó en una gran discusión con la Nación que comprende el reparto de recursos, un ajuste de las cuentas públicas para reducir el déficit fiscal y una reforma impositiva que busca favorecer las inversiones y que va pegada a una muy polémica reforma laboral. A esto se suma la reforma previsional, que para el caso de Entre Ríos, que no ha transferido su Caja de Jubilaciones, implica ocuparse del creciente déficit del organismo que explica todo el déficit provincial. Así de central es toda esta discusión en la que, de una u otra manera, habrá que pagar costos por ajustes.

TRES. Por último, Bordet accede a definir una agenda legislativa conjunta con Cambiemos, que incluye al grueso de las demandas que venía planteando la principal bancada opositora durante su mandato y que no prosperaban en la Legislatura por decisión del peronismo. Pero además y tal vez como principal signo de cambio de época, accede a reducir la delegación de facultades en el Presupuesto.

Se trata de tres cambios que acusan la recepción del mensaje de las urnas. En particular el primero, que es el único que, en rigor, depende exclusivamente de la voluntad del Gobernador. Los otros dos van atados a las medidas que impulsa el gobierno de Mauricio Macri, tras obtener el aval electoral de octubre.

Estos tres movimientos son los que, según como resulten, terminarán definiendo el escenario de disputa de poder para 2019, mucho más que el resultado de las recientes legislativas en las que Cambiemos aventajó por 15 puntos al peronismo en Entre Ríos.

Poder propio
Bordet llega al gobierno en diciembre de 2015 con un poder prestado de Urribarri, que como conductor del PJ evita la interna de ese año y lo pone a la cabeza de la lista única.

En buena medida le debe su gobernación también al ministro del Interior Rogelio Frigerio, que en el armado electoral de Cambiemos de 2015 impone a un candidato a gobernador como Alfredo de Angeli. Aunque contrafáctico, resulta muy verosímil suponer que otra hubiera sido la historia si el candidato era Atilio Benedetti. De hecho, Macri gana en Entre Ríos como candidato a presidente en 2015.

En definitiva, Bordet asume con poco poder y en un contexto adverso. Arranca con un equipo de gobierno heredado en su mayoría de Urribarri y con muy pocos colaboradores que pueda considerar propios. Debe lidiar incluso con segundas y terceras líneas de la administración pública que llevaban una década en funciones y que, en buena medida, viene de sacarse de encima con el cambio de gabinete.

Debe hacerse cargo de una herencia complicada en materia económica y financiera. Pero, a diferencia de su antecesor, no cuenta con un presidente del mismo signo político capaz de brindarle las asistencias extraordinarias y arbitrarias que permite el retroceso del federalismo de las últimas décadas en Argentina.

A pesar de eso, Bordet se mantuvo como el político con mejor imagen de la provincia. Ese es un dato que nunca fue desmentido por la oposición. Por eso es que todos asumen que las recientes elecciones se nacionalizaron y no plebiscitaron los gobiernos provinciales o municipales. Ni Enrique Cresto es tan malo en Concordia, ni Sergio Varisco es tan bueno en Paraná. Lo que en todo caso ocurrió fue que en Entre Ríos volvió a ganar Macri, como en 2015, pero esta vez potenciado por un marcado cambio de humor social.
Cuestión de imagen
Si Bordet mantuvo buena imagen fue porque mostró un estilo distinto al de su antecesor, en muchos aspectos. También el personal, que lo muestra componedor, con un perfil dialoguista; un contador preocupado por la austeridad del gasto y por aventar sospechas de corrupción.

A pesar de haber sido parte del kirchnerismo, de haber llegado al poder de la mano de Urribarri, Bordet aparece desde el inicio como otra cosa. Por convicción o necesidad, da cuenta dentro del peronismo del cambio de humor social que explica el declive del kirchnerismo.

Ese es el Bordet que miden los sondeos de imagen, por fuera y con independencia de lo que pueda ocurrir hacia el interior del PJ donde, por otro lado, no se atisban contrincantes.

Pero desde que las internas para cargos electivos se dirimen a padrón abierto, importa más lo que piense el conjunto del electorado que un sector del partido.

La buena imagen no implica necesariamente votos. Pero es la base de cualquier proyección electoral. Lo demás dependerá esencialmente del costo que supongan los cambios que por estos días se discuten con la Nación.

Claves

Nueva etapa + Bordet + Cambiemos + Macri + Benedetti +