Inesperado empujón para Benedetti

El líder de la corriente Illia venía guardando un bajo perfil político en Entre Ríos. Pero la crítica de Urribarri lo exhibió, a las puertas de una interna radical en la que paga bien ser contrincante del ex

Aseguran en el PRO que Mauricio Macri prende velas para que la ex presidenta Cristina Fernández no sea detenida y compita en las elecciones del año que viene. Y no sólo porque así dividiría el caudal electoral del peronismo. Sostienen que la periódica actuación pública de Cristina y su séquito de colaboradores que vienen siendo perseguidos por el Código Penal, le resulta funcional al Presidente.

Analizan que las exhibiciones del kirchnerismo residual fidelizan a la porción del electorado que eligió a Macri en el balotaje con el único propósito de que no continuara en el poder el Frente para la Victoria. Esa franja de electores que de otro modo quizá nunca hubiera votado a una expresión de la derecha –explican- sigue dando aire político al duro y, en muchos casos, injusto ajuste que se aplica desde el gobierno nacional.

Los escenarios son imposibles de comparar, pero algo similar ocurre, en algún punto, con esta nueva etapa que hace unas semanas inició el ex gobernador Sergio Urribarri, cuando eligió salir del ostracismo y empezar a expresarse a través de Facebook. Y recientemente en una entrevista radial.

Urribarri es lo más parecido a Cristina en Entre Ríos. Durante ocho años fue el mandamás indiscutido del peronismo y el gobernador que concentró más poder en la provincia desde la reapertura democrática de 1983, a fuerza de los persuasivos recursos extraordinarios que en forma discrecional llegaron de la Nación gracias al estrecho vínculo político que tejió con Cristina.

Como Cristina, Urribarri tuvo poco apego por la institucionalidad –basta recordar que con una mayoría inédita en la Legislatura, las reformas más progresistas de la Constitución que se juró en 2008 tuvieron que esperar ocho años para empezar a ser reglamentadas- y mucho manejo arbitrario de recursos.

Como pasó con Cristina, la Justicia empezó a despabilarse una vez que Urribarri perdió aquel poder concentrado.

Pero, a diferencia de Cristina, Urribarri está muy limitado para responder con agitación política a las investigaciones judiciales que indagan sobre su exponencial crecimiento patrimonial de los últimos años, que no hay sueldo de gobernador que justifique.

A diferencia de Cristina, Urribarri no está en la oposición. Es parte del gobierno de Gustavo Bordet. No sólo porque fue Urribarri quien decidió que Bordet sea su sucesor y digitó su candidatura, impidiendo una interna (pasó apenas un año atrás), sino porque su gente compone buena parte del actual gabinete, empezando nada menos que por su hijo, Mauro Urribarri, al frente de una cartera tan política como el Ministerio de Gobierno.

Eso explica la continencia política de Urribarri en el primer medio año de gestión del nuevo gobierno, en el que su nombre fue noticia, casi exclusivamente, en la sección judiciales.

Pero la distancia con Bordet es cada vez mayor. O, mejor dicho, la distancia de Bordet con Urribarri es cada vez mayor.

Aunque el actual mandatario no hará nunca lo que Urribarri hizo con su mentor, Jorge Busti, está claro para todo el mundo que el Gobernador apuesta a que el agua que corra bajo el puente acomode el curso por el cual se recompondrán los liderazgos dentro del peronismo, en un momento de fuertes redefiniciones en el orden nacional.

Por lo pronto, y mientras espera que Macri autorice el endeudamiento externo de la provincia –que necesita como el agua para imaginar una gestión que haga algo más que pagar sueldos- Bordet no tuvo más remedio que salir a reconocer que recibió una provincia con un “grave problema financiero”.

Pero ese ya es otro tema.


Interna

A los efectos de la interna radical, Urribarri le ha hecho un invalorable favor al ex diputado Atilio Benedetti, líder de la corriente Illia, el espacio que conduce el radicalismo hace seis años y que ahora quiere ser desplazado por un conjunto de dirigentes que postulan a Marcelo López para presidir la UCR hasta noviembre de 2018.

Benedetti venía en baja en la UCR tras haber resignado en 2015 (igual que Fabián Rogel) su candidatura y dejado al partido sin postulante a gobernador por primera vez en su centenaria historia.

Más allá de que la Illia –como único grupo provincial del radicalismo- sigue en pie y en condiciones de pelear una interna, al subir al ring a Benedetti, Urribarri ubica al líder de la corriente que conduce la UCR hace seis años en el terreno de la crítica al peronismo con el que el espacio que postula a López busca ganar poder entre los afiliados radicales.

Sea para pelear el voto de los afiliados radicales en caso de que haya elecciones, sea para negociar una lista única, Benedetti resulta fortalecido por quien menos esperaba.