“Este gobierno provincial tiene debilidad ideológica”

Augusto Gervasoni, de La Bancaria e integrante activo del PC, cuestionó la falta de profundización del proceso kirchnerista. En el reportaje se refirió a la burocracia sindical, los desafíos del gremialismo; el peronismo; y el encuadramiento bipolar de la política.

Augusto Gervasoni es el secretario adjunto de La Bancaria Entre Ríos y una especie de secretario general en la seccional Paraná. Se trata de un sector no tan voluminoso en número de afiliados sonar lo contrapone al poder que debe enfrentar: el de los dueños de los bancos.

Con 37 años se convirtió en un dirigente de relevancia institucional proveniente de un partido no tradicional. Es que Gervasoni es el secretario de Organización del Partido Comunista. En su despacho tiene dos retratos del Che Guevara, uno de Fidel Castro y una vieja lámina de Agustín Tosco. Una imagen de Santiago Maldonado también ilustra su lugar de trabajo. Digamos que no se requeriría más información para trazar su perfil. Como coda se podría agregar que es hermano del ex diputado nacional, Lautaro Gervasoni, que hoy ocupa un lugar en el gobierno de Gustavo Bordet en el Instituto del Becario.

Esta entrevista se suma a la saga de cuatro reportajes de verano que se propuso publicar Página Política durante el mes de enero con referentes que se mueven en la periferia de la agenda cotidiana. Aquí la tercera entrega.

-¿A qué época o proceso social y político te remite la actualidad?

-A ninguna. Creo que estamos viviendo un proceso novedoso. No se puede hacer una comparación por las diferentes coyunturas que se han vivido en la historia. Te diría que podríamos estar en un proceso similar al de los ’90 por las políticas que se están aplicando, pero el mundo de aquellos años y el actual no son lo mismo. Las variables de ajuste y los métodos económicos de Macri y Menem son muy similares, sobre todo en el tecnisismo. En la Argentina se está llevando adelante un proyecto neoliberal clásico, es decir sacarle a los sectores más empobrecidos para que el capital lo acumulen los empresarios, para decirlo de una forma resumida. Pero el mundo se está reconfigurando en lo económico y político. Veremos qué pasa acá.

-¿Qué pesa más en las peleas que se vienen dando y se darán: los sindicatos con sus centrales, las organizaciones sociales o los partidos políticos?

-Los gobiernos neoliberales generan crisis por las políticas que aplican. La sociedad, ante esto, reacciona. Pero no estamos en una situación como en el 2001. Ahí había una desorganización del campo nacional y popular y los sindicatos estaban rotos. Hoy tenés un grado de politización un poco más alto, en cambio los partidos políticos y los sindicatos han sufrido un desgaste. Sabemos que la CGT ha perdido poder de convocatoria y credibilidad. Y las CTA también tienen un descreimiento de los gremios de base. Bueno, desde abajo se está construyendo y conteniendo para evitar eso que fue el 2001 y hacer un frente político. El primer paso fue la votación de la ley de reforma previsional en el Congreso, donde un arco político social y gremial convocó a una manifestación y provocó un quiebre. También fue un mensaje a la CGT que arregló una reforma laboral que ahora no se sabe qué pasará.

-El politólogo Andrés Malamud dijo en un provocador tweet que si las reformas polémicas salían eran por los peronistas y repasó los números en las cámaras parlamentarias. ¿Es exactamente así?

-Lo vimos en el Congreso. La disputa del peronismo para encabezar una alternativa de poder hace que el gobierno utilice todo el poder económico y mediático de manera más efectiva. Presiona a los gobiernos provinciales para acompañar el ajuste. Esto que vimos, me refiero a la idea de pagar los sueldos en la provincia a costa de la plata de los jubilados, tiene que ver con la construcción del peronismo, que concilia con la hegemonía, con la clase. Lo hemos visto en la historia. Por suerte hay un sector del peronismo que se sigue replanteando esto. Ahí hay una pelea de fondo ideológica.

-¿Cómo ves el escenario o el mapa político en la Argentina? ¿Cuáles serían las partes?

-Por mi edad o generación era muy raro no ser peronista o radical. Hoy, por suerte, está latente la grieta que se constituyó hace más de 100 años. Se está discutiendo en un escenario de dos polos en toda Latinoamérica y parte del mundo: le podemos poner izquierda y derecha; nacional y popular y neoliberalismo; progresista o conservador. En esto fue importante la construcción del kirchnerismo. Los gobiernos kirchneristas le dieron poder a la sociedad, aunque esto no terminó de calar y terminar con los esquemas de distribución de la riqueza que se venían aplicando en la Argentina. Esta falta de profundización facilitó la llegada de la derecha al gobierno.

-¿Que falló? ¿No alcanzó o se profundizó?

-El poder genuino es lo económico y mediático. Eso rompió gran parte de la construcción popular y la idea de empoderar al ciudadano. Esta gente, el PRO, tiene un poder que llega desde afuera, desde la embajada norteamericana. Hay una clara correlación de fuerzas dispuesta a romper los esquemas en todo el continente y en los países donde se venían dando procesos progresistas. La debilidad mayor fue la de no profundizar las políticas. Cuando se llegó a un límite de empoderar a la gente en el consumo, como único elemento para sostener la rueda económica, se cometió un error. Había que sacarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen. Esto si bien se dio en partes, debió profundizarse. Esto explica que en dos años vayan tirando a la basura todo lo que se hizo en una década. Bolivia es un ejemplo claro de una verdadera profundización del modelo. Evo Morales supo dar un debate y una reforma para adentro. Ahí se empoderó y se logró mantener un eje. Hoy Bolivia es una luz en la lucha contra la derecha.

-¿En un nuevo escenario laboral, donde aparece la robótica, qué tiene que mirar el sindicalismo?

-Soy un convencido de que tenemos que lograr una representación genuina de los trabajadores y no ser parte de una mesa de negociaciones con las patronales, porque de esta manera vamos a terminar siendo comidos por la cultura neoliberal. Esto implica un fuerte debate en el sindicalismo para revertir las hegemonías sindicales. Es discutir ideología como trabajador en la Argentina, sino los grandes dirigentes terminan siendo los burócratas del poder de turno. La tarea debe empezar por romper el individualismo.

-Pareciera que la consigna es defender lo que se consiguió, porque no hay margen para reclamar otras cosas. ¿Esto es así? ¿Cuál es la gran pelea del sindicalismo?

-Estamos en un momento de defensiva. Esto está claro. No sólo en pérdida de derechos, sino en la vulnerabilidad sobre la fuente de trabajo donde uno es un número y si no cierra se recorta y te despiden. Estas variables que el capitalismo te tira sobre la mesa hay que revertirlas con creatividad. Tenemos que ser luchadores en la calle, pero con una base política creativa. El gremio no se renueva solo cambiando nombres.

-El reverdecer judicial apuntó a dirigentes gremiales. Algunos están presos y se polemizó sobre la detención. Varios se han enriquecido y es innegable. ¿Hay Justicia, hay persecución. Qué hay?

-Es complejo. No se puede afirmar que la Justicia esté actuando a derecho, como tampoco se puede decir que todo es una persecución política. Hay elementos que han demostrado claramente la diferencia entre dirigentes que se han enriquecido, mientras que los trabajadores que representan son pobres o consumen a niveles en niveles de clase media baja. Cuando ves un referente sindical que vive en la abundancia entendés por qué la política es la disputa dentro de ese esquema sindical. Pero es la política la que puede reformar eso y para eso se necesita una base social con identidad de clase. La dirigencia no cambia si las aspiraciones son individuales. Ahí está el problema. Esos casos, los de enriquecimiento, son los que terminan siendo el sentido común más clásico con los que se ve la política y el gremialismo. Ahora, hay gremialistas ejemplares en la historia. Mi ejemplo es Agustín Tosco. Su perfil revolucionario y transformador le disputó a la burocracia que representaba Rucci. Bueno, eso es lo que hay que discutir. La política no es corrupta por sí misma, sino es una parte del esquema que conforman con el empresariado y el sindicalismo. Esto se construyó después de la dictadura y se instauró. Hay que cambiarlo.

-¿Con el pacto fiscal no quedaba otra o se pudo resolver de otra manera?

-No fue favorable para la provincia. No hay indicios que sea así. Decir que a Entre Ríos la voy a beneficiar acordando a costa de la plata de los jubilados es cínico. No puedo explicarle a la ciudadanía que es bueno algo cuando perjudica al jubilado en general. En la política siempre hay alternativas, pero esas alternativas tienen diferentes costos. Que las cuentas te den o no te den tiene que ver con a quien le saco y a quien no. La carga fiscal sobre los sectores agrarios es mínima si se la compara con el IVA que paga un pobre cuando compra cualquier cosa para comer. Sin duda que los gobiernos están atados de pie y mano, pero hay que pensar para salir de esto. Y es ideológico. Este gobierno provincial tiene debilidad ideológica y no tiene definiciones en las negociaciones ante un gobierno nacional que quita, quita y quita. La plata está, hay que decidir cómo se distribuye. Hay que recuperar esquemas de poder. Como dirigente de la Bancaria tengo que decir que el Banco de Entre Ríos es una usina de guita que se va. Ese banco no es entrerriano, como lo manda la Constitución. No podemos seguir dándole el agente financiero de todos los trabajadores y jubilados. Eso nos termina tragando un montón de plata a las arcas entrerrianas. Ahí es donde empieza el esquema ideológico.

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