“La gente tiene más soportes, pero la información que consume es siempre la misma”

Maxi Sanguinetti se presenta como un libertario a quien el fenómeno social y político del 2001 lo marcó a fuego. Crítico del sistema de representación, vuelve a aquellos años de principio de siglo para interpelar la actualidad. La ley de medios, el kirchnerismo y el libro de un anarquista entrerriano.

Maxi Sanguinetti (sería un despropósito presentarlo como Maximiliano) suele resumir diariamente lo que sucede. Lo hace con un inmenso humor e ironía. A veces en El Once y cada 15 días en la Revista Análisis. Colabora con el colectivo de humoristas gráficos Alegría. Se puede acceder a su talento con gran facilidad, como todo lo que sucede en materia de información.

Licenciado en Comunicación Social y docente en la Escuela de Periodismo Deportivo, Maxi analiza la política desde una perspectiva muy diferente a la que se está acostumbrado. Parte de experiencias personales que sustenta con pasajes de ideas filosóficas que recogió en la academia.

La sospecha de encontrar en Maxi una cabeza diferente, que finalmente se convirtió en certeza, motivó la convocatoria para la entrevista. Ésta viene a sumarse a la saga de cuatro reportajes de verano que se propuso publicar Página Política durante el mes de enero con referentes que se mueven en la periferia de la agenda cotidiana. Aquí la segunda entrega.

-¿Cómo vivís la política en el día a día?

-La política la leo y la consumo a diario y me la tomo realmente mal en los últimos tiempos. Trato de exorcizar con humor, pero las últimas noticias a nivel nacional son exactamente lo contrario a la que uno espera. Un retroceso en derechos permanente.

-¿Qué te indigna o te saca de las casillas?

-Me indigna mucho la subestimación de la gente, la ironía del poder, el boludeo, la mentira. Yo tengo una opinión sobre el sistema de representación donde el poder corrompe. Esto que decía (Mijaíl) Bakunin de que someterse al poder degrada. Lo que veo es que este sistema de representación está mal. Parece utópico, pero por qué no pensar en una democracia más directa. Estamos todo el tiempo viendo el cambio de discurso. Y la corrupción, obviamente, que siempre está. Por otro lado es pornográfico saber lo que cobra un diputado en relación a un docente. Quizás mis ideas estén ligadas a una cuestión generacional. Estudié en los ’90, durante un proceso muy parecido al actual, donde el miedo a la privatización de la educación era permanente. Todo eso, sumado a lo que fue el 2001, me atravesó y me hizo pensar que el sistema de representación actual no va más.

-¿En el plano nacional o provincial se te hace más fácil crear contenido con las cosas que están pasando?

-La actualidad política, con sus hechos y decisiones, es como una ametralladora de ideas para hacer humor. Con el gobierno anterior también pasaba, como con la corrupción, por ejemplo. Hice bastante humor con eso. Sucede que hay chistes oficialistas y de oposición si se quiere. Yo creo que el humor no puede ser oficialista más allá de quien gobierne y las simpatías que uno tenga. Pero el humor tiene que partir desde lo crítico.

-¿Y los personajes, como Montiel, Busti, Urribarri, Bordet, Kirchner, Macri?

-Los perfiles te ponen condiciones. Otras cosas son las medidas que toman. En éste último caso es todo más o menos lo mismo. Desde el ‘83 hay una gran continuidad. Sólo veo matices. Es muy reduccionista lo que estoy diciendo, pero a grandes rasgos estamos con la misma política extractivita desde la dictadura y somos un país proveedor de materias primas desde 1880. Hay gobiernos que han repartido un poco más que otros y también hubo algunas conquistas en las que no hay que permitir que se retroceda y para eso hay que pelearla.

-¿Cómo viviste el proceso donde se ubicaba con facilidad a los artistas o periodistas de uno y otro lado?

-Uhh sí. Para algunos lectores yo era un humorista K. No lo fui ni lo soy. No lo expliqué. Me considero de izquierda y libertario, pero no ando con un carnet de identidad política. Pero bueno, cuando me ponían en ese lugar, la verdad es que no me importaba. El kirchnerismo no es de izquierda, será más progre, la repartió más, pero de ahí a ser de izquierda, creo que no.

-¿La gente está más informada que antes con la utilización masiva de tablets, celulares o cuanta unidad móvil exista?

-Hay más posibilidades de acceso a la información, pero ésta sigue siendo hegemónica. La gente tiene más soportes, pero la información que consume es siempre la misma, básicamente la agenda que instala Clarín. Lo que se habla en cualquier lado y las corrientes de opinión se desprende de lo que instalan los grandes medios. La gente no usa los soportes para indagar en otros medios, ver las cosas desde otra perspectiva y hacer otro análisis. Ese ejercicio no está instalado.

-¿Te interpeló la ley de medios o te pareció una maniobra cortoplacista en el marco de una pelea del entonces gobierno nacional y Clarín?

-Sí me interpeló. La construcción de una nueva ley de medios fue desde abajo con las organizaciones sociales y radios comunitarias y cooperativas. Sin dudas era más democrática que la vigente. Por ejemplo, aseguraba frecuencias a medios que hoy no podes consumir.

-¿Qué medios lees o de cuáles te nutrís?

-Leo los medios en los que laburo y pico algunos que están por afuera de la agenda. En televisión veo C5N. Tengo TDA, hasta que lo saquen. En cuanto a diarios porteños me quedó Página/12 por algunos columnistas de otra época. También leo muchos sitios comunitarios. En realidad en Internet voy picando todo el tiempo. Los grandes medios, como Clarín y La Nación, no los veo porque la información llega siempre. Por osmosis.

-¿El humor gráfico lo consideras masivo o más de nicho? ¿Ayuda a pensar o sintetiza la diaria?

-El humor está como en un auge por Eameo y el foto montaje. El dibujo es ágil y ayuda. Uno se ilusiona con creer que le puede cambiar la cabeza a alguien, pero es de narcisista. En mi caso no hago chistes de las cosas que no sé y no lo hago sobre algo que no siento. Si voy a dar una opinión con un dibujo me baso en mi honestidad, sino prefiero hacer un chiste sobre los pozos.

-Los artistas están opinando sobre temas que no son propios de la cultura. Se vio en los procesos alfonsinista, kirchneristas y continúa en la actualidad. ¿Cómo lo ves y a qué lo atribuís?

-Cada uno tiene derecho a opinar. En mi caso hay cosas que no las hablo por pudor. Pero es legítimo, sano y saludable que los artistas manifiesten su opinión. Y creo que hay una coyuntura de no dejar pasar las cosas. De todas maneras nada es tan reductible a dos posturas como ser K o anti K, por ejemplo. Sinceramente encuentro más puntos de coincidencia que de diferencias en la famosa grieta. No niego beneficios y conquistas sociales en la última etapa (la kirchnerista), pero de fondo no vi grandes cambios. El cenit para mí fue la campaña “no son lo mismo”. Dos días antes de las elecciones se armó una movida en Plaza de 1º de Mayo y me invitaron para ir a dibujar bajo esa consigna. No fui porque no podía determinar si Scioli no era lo mismo que Macri. Íntimamente mis convicciones me decían que eran lo mismo, entonces esa consigna preferí verla de afuera. Era mucha la presión social que había en varios ámbitos donde se impulsaba la idea de que era preferible votar a Scioli, pero no entré en esa. No me nacía. Yo creo que es Maquiavelo básico la idea de armar un enemigo. Las dos partes se capitalizaron con esa grieta.

-¿Qué te llama la atención en la política actual?

-Yo no voto, y cuando lo hago, impugno. No me siento interpelado por este sistema. Después del 2001 no sé cómo volver a creer. Ese año, esa crisis, fue un quiebre. Ahí vi cómo la gente se reorganizó. Esta idea del hombre lobo del hombre que supone que si se cae la estructura estatal y la gente se va a afanar uno a otro no la comparto. En el 2001 se cayó todo y la gente se auto organizó con el dispositivo asambleario en las plazas, los clubes del trueque, las huertas comunitarias, las tomas de las fábricas abandonadas por los empresarios. Eso para mí fue algo muy importante simbólicamente y que luego quedó opacado por el kirchnerismo. El 2001 me quedó muy grabado. Yo venía de los’90, en Rosario, donde participaba de las marchas y uno venía venir todo lo que terminó pasando en el 2001. Ese año, ese proceso, se lo mira negativamente y es entendible. Hubo muertes, represión y hambre. Pero a mí me quedó también lo otro, la gente auto organizándose sin violencia, la solidaridad permanente. Cuando voy a votar siento que es legitimar un sistema que no me representa, con dirigentes que no me representan. Por eso prefiero activar desde otro lado, participando en otros espacios, en lo cotidiano, colaborando para hacer una biblioteca en un barrio. Así la veo yo.

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