Pauletti: “El PRO fue alternativa por el patológico internismo radical”

El exvicegobernador juró como miembro del Consejo de la Magistratura. Habló del contexto político que protagonizó en la gestión Montiel.
Pauletti juró hace unos días como consejero de la Magistratura

El exvicegobernador Edelmiro Tomás Pauletti ha retomado la actividad pública con su jura como miembro del Consejo de la Magistratura. El dirigente de Gualeguaychú, de extremo perfil bajo, se constituyó en su momento en actor protagónico del proceso político entrerriano.

Como número dos del Ejecutivo, en tiempos del gobierno radical de Sergio Montiel, Pauletti miró desde la perspectiva de la Casa Gris un contexto político institucional intenso y duro como fue la crisis de 2001, que se vivenció con particularidades en Entre Ríos.

Un año después, en diciembre de 2002, renunció a su puesto cuando el clima político era aún más denso y atravesado por temblores del sistema institucional y el avance de un juicio político a Montiel que finalmente no prosperó.

De vuelta


-¿Cómo surgió su postulación en representación de los abogados para el Consejo de la Magistratura?

- Fue en razón, especialmente, de mi vieja actividad gremial desde los tempranos 70´ en el Colegio de Abogados de Entre Ríos, con dos períodos en su comisión, como delegado a la FACA y miembro de su comisión de Relaciones Internacionales, miembro del Tribunal de Disciplina, delegado ante el Jurado de Enjuiciamiento de la provincia. También me desempeñé en la Caja Forense de Entre Ríos, interviniendo además activamente en las seccionales Gualeguaychú de ambas instituciones.

-¿Qué opina de la creación y la evolución que ha tenido hasta aquí el organismo?

- Constituye un salto cualitativo en lo que ahora se da en llamar “calidad institucional”. Lo digo luego de haber sostenido por cerca de cuarenta años el anterior régimen. El sistema –obviamente, sensible de mejoramiento- ha desplazado en gran parte lo que se había transformado en la patología del anterior, donde la unidad básica o el comité se atribuían potestades que desnaturalizaban el sistema americano.

-¿Haría algún cambio a su orgánica? ¿Hubiera propiciado usted, en la Convención Constituyente, que el Consejo avanzara con atribuciones para la destitución de jueces que hoy ostenta el jurado de enjuiciamiento?

-En cuanto a cambio en la orgánica, deben observarse todos los que propendan a la transparencia, eficacia y celeridad del organismo; potenciaría con un delegado más las representaciones de la judicatura y de la abogacía, que son quienes tienen el rol de evaluar la capacidad práctica, dinámica, del postulante a magistrado. Respecto del régimen de destitución de jueces, creo adecuado el instituto del Jurado de Enjuiciamiento.

-¿Cómo definiría el proceso político, económico y social que le tocó protagonizar como número dos del Ejecutivo provincial?

-Sencillamente como la crisis más descomunal vivida por la sociedad argentina desde las guerras civiles en adelante, con resultados consecuentes en lo institucional, lo político y lo económico social. Recuerdo que cuando se trató la ley de emergencia nacional, se calificó la situación como estado de desastre nacional; se bordeó la desintegración institucional y social.

2001. En casa gris


-¿Qué diría del doctor Sergio Montiel como dirigente político?

-Que fue por lejos el más importante dirigente radical desde los años 70´ en adelante. No solamente por su idoneidad política, sino por su sólida capacitación para ejercer la administración de la provincia desde lo jurídico, lo financiero y particularmente en las sensibles áreas de seguridad, justicia, salud, educación y lo social. Tenía un plus, que era el conocimiento integral de cada rincón de la provincia.

-¿Cómo vivió personalmente los días más difíciles de 2001?

Con la angustia y desazón de advertir cómo se aceleraba el deterioro económico-social en todos los sectores de la sociedad, sin la reacción apropiada de sus sectores dirigenciales, repercutiendo en la disgregación social e institucional en la República.

-¿Por qué decidió renunciar a la Vicegobernación?

-Los motivos los referí en mi renuncia, ampliando y explicándolos en las posteriores entrevistas periodísticas que a posteriori me formularon. Refritar todo aquello que remite no sólo a la situación provincial, sino a las cuestiones de orden internacional y nacional, entre las que gravitan factores de orden sociológicos amen de los más colacionados, excede esta nota.

Nuevo tiempo

-¿No ha vuelto a la actividad política desde 2002 a la fecha? ¿Qué opinión le merece el proceso que se vivió durante las gestiones kirchneristas y que evaluación hace del devenir del PRO que se constituyó en alternativa desde Cambiemos?

-No he vuelto a la política activamente, pero he acompañado en el departamento a valiosos jóvenes que a mi modesto entender -sin desmerecer otras alternativas idóneas- constituyen nuestro mejor recambio generacional. Sobre las gestiones kirchneristas me remito a las opiniones institucionales de la UCR. El PRO se convirtió en alternativa por el patológico internismo radical, que en 2010-1011 obstruyó el crecimiento de Ernesto Sanz, quien mejor se perfilaba para ser alternativa al oficialismo; en 2015 ya era tarde para competir con un candidato vastamente conocido por sus exitosas gestiones en la administración de la Capital Federal y de Boca Juniors.

-¿Cuál es el rol de la UCR en el proceso político que se inauguró en diciembre?

-El rol es vertebral, desde la gobernabilidad, desde el apuntalamiento político a lo largo y ancho del país, como de la defensa desde adentro, de los valores republicanos y del estado de derecho.

-Entre Ríos no tuvo hasta ahora reglamentación del Tribunal de Cuentas ni Ley de Ética Pública. ¿Qué sensación le produce esta situación y a quien es atribuible esta responsabilidad?

-La que me producen todas “las cosas” –en clave orteguiana- postergadas que tenemos pendientes los argentinos –los entrerrianos en particular- y son el principal origen de las sucesivas frustraciones y crisis de todo tipo, sufridas una y otra vez a lo largo del último siglo. Es responsabilidad esencialmente de quienes disponen del poder político, de las mayorías legislativas necesarias para dictar los respectivos cuerpos orgánicos; responsabilidad compartida en menor medida con las minorías, que no asumen con perseverancia y continuidad el planteo de la necesidad de su tratamiento.