Más allá de la postura nacional que tome mi partido con respecto a permitir que los jóvenes puedan sufragar a partir de los 16 años; personalmente considero que toda ampliación de derechos que genere mayor participación y compromiso con la política, debe ser fomentada.

Ahora bien, esta discusión es una gran oportunidad para que los políticos se pongan del lado de los jóvenes y no sólo de un proyecto en particular.

Independientemente de estar a favor o contra, el voto a los 16 años está lejos de constituir un problema que nos quite el sueño a los jóvenes. La agenda política de las cuestiones juveniles a resolver pasa sustancialmente por otro lado.

Recibir una formación de calidad, obtener el primer empleo o conseguir nuestra primer vivienda son tres ejemplos simples de deudas pendientes que la política tiene con los jóvenes.

Después de 10 años de gobierno kirchnerista, el oficialismo no ha realizado ningún cambio para que los jóvenes de la Argentina podamos mejorar nuestra calidad de vida.
Por eso me parece importante destacar que reducir la agenda de la juventud exclusivamente al debate sobre el voto de los menores, resulta cuanto menos escaso y malintencionado.


Boleta única

La reforma del sistema electoral no debe agotarse en habilitar a los menores para votar, sino también en garantizarles un mecanismo transparente, limpio y confiable que les genere una experiencia positiva en favor de la democracia.

Esta es una gran oportunidad para modernizar el régimen actual y dotarlo de herramientas que fortalezcan la confianza en nuestro sistema y la legitimidad de quienes son elegidos para representarnos.


Obligatoriedad

Volviendo en particular al proyecto, una de las diferencias más importantes que encuentro está en el carácter optativo que se le quiere dar al voto de los menores.

Dos razones por las cuales considero que debe ser obligatorio; en primer lugar porque si consideramos que un joven de 16 años tiene la misma capacidad de discernimiento y comprensión que uno de 18, es ilógico plantear que se le otorga el derecho y no así la obligación cívica de ejercerlo; por otro lado, la obligatoriedad no proviene del texto de una Ley, sino de la propia Constitución Nacional, por lo que sería necesario reformarla para poder otorgarle la condición de optativo, cuestión que carece de sentido.


Nuestro aporte

Desde PRO estamos trabajando en la elaboración de una ley que trate de manera conjunta muchas de las problemáticas mencionadas al principio. Creemos que es un buen momento para tratar de resolver varios de los problemas que hoy enfrenta la juventud. Es necesario encarar el debate con la seriedad y el tiempo que se merece, escuchando todas las voces, en especial la de los jóvenes, y sin condicionarlo a tiempos electorales.

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