A un año de su partida yo quería recordarlo a Oscar que es nuestro, es de Paraná. A lo largo de este año lo hemos recordado, lo tenemos en casa, lo tenemos en la comunidad. Todavía lo vemos trabajando en la huerta, hablando de política, todavía lo sentimos opinando. Queríamos a un año rescatar su vida, humilde desde lo económico, pero una vida con una grandeza extraordinaria.

Desde muy joven fue militante, del Partido Comunista por supuesto. Y fue sindicalista, uno de los mejores defensores de los obreros, uno de los que conjuntamente con su compañero luchaban para conseguir las mejoras como los métodos de seguridad personal en la fábrica Portland donde trabajo 40 años. Antes también trabajo, desde los ochos años haciendo huertas en Gualeguay donde había nacido. Trabajó en la construcción también.

Fue un líder del Partido Comunista desde la década del 50 y sin descanso hasta que se puso viejo y decidió no militar más aunque siempre estuviera detrás de cada lucha que una daba.

La Portland lo convocó a ocupar cargos de jerarquía, de capataz y jamás acepto. Nunca quiso ser patrón de sus compañeros y siguió como técnico, con su sueldo único, no acepto prebendas de nadie. Así se fue del mundo, pensando que la sociedad tiene que cambiar, el mundo tiene que ser otro hacia la igualdad de la vida de todos los ciudadanos del mundo. Oscar excedía los límites del barrio, de la provincia cuando pensaba en política.

Siempre pensó que debía haber una nueva sociedad, que se llamara de cualquier modo, socialismo o no, pero una sociedad en la que el ser humano no sea pisoteado, que se saliera del capitalismo que hizo tanto mal.
Lo recordamos en familia, los hijos, los tres hijos, que son el calco de él. Son excelentes personas, honestas personas, son un orgullo.

Oscar fue mi maestro en todo sentido. La diferencia de edad con él dio lugar a que tuviera más experiencia. Hice lo que hice en la vida y en los años de lucha, desde antes de la dictadura y hasta ahora en la lucha que sigo de mil formas, siempre con él un poco como guía. Lo recordamos nosotros, lo recuerdan los amigos que han llamado, los viejos amigos del partido, a veces con lágrimas, a veces con sonrisas.

Hizo su casa, la construyo él, la construimos juntos. Estuve 41 años con él, fuimos compañeros en todo, fuimos muy felices pero los años se pasaron muy rápido. Será que los que no creemos en Dios sufrimos más. Creemos en la vida, en todo lo que vemos, en el sol, en la tierra, en lo bueno y en lo malos. Pero se sufre mucho.

Oscar era un laburante, era solidario al cien por cien. Si había que hacer un techo ajeno iba corriendo sin cobrar un mango. Hoy es un día de recuerdo.

Meses antes de irse tuvo la satisfacción de acercarse al Partido Comunista Congreso Extraordinario. Son todos jóvenes. Y Oscar empezó a pensar en entregarles su biblioteca. Sintió que ya no iba a militar en nada, que para que iba a tener esta biblioteca acá en casa y en cambio lo podían aprovechar los que vienen, los nuevos luchadores que leen marxismo y otras corrientes que hay que seguir leyendo.

Así se hizo y los chicos decidieron ponerle a la biblioteca su nombre. Fue una satisfacción para el, una alegría que alguien valore lo que hiciste, de todo lo que te desprendiste porque Oscar así como hablaba, así vivía.

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