Y un análisis serio evidencia escasos avances hacia la integración regional, único escenario para que el país, y dentro de él nuestra provincia, se inserten con eficacia en la competencia global.

Diez años atrás el Mercosur parecía comenzar una etapa excepcional: sus cuatro miembros originales y sus principales asociados exhibían gobiernos afines y de vocación integracionista y latinoamericana, en un contexto de fuerte recuperación económica. Tan así era que los Estados Unidos debieron redefinir su estrategia, abandonar el ALCA y avanzar con TLC (por ejemplo, con México o Chile). A eso se sumó la emergencia de China, muy favorable a países productores de materias primas, dado su peso demográfico y sus escasos recursos naturales.

En 2006 –tras años de desencuentro de los socios mayores, Brasil y Argentina– dos Cumbres parecían encarar cuestiones largamente postergadas: consolidar la unión aduanera, abordar una transformación productiva conjunta, tratar las asimetrías estructurales, fortalecer institucionalmente el bloque (Parlamento del Mercosur, Reglas para el Tribunal de controversias y reforma institucional del Mercosur). Poco de ello se efectivizó: el acuerdo sigue sin constituirse como mercado “hacia adentro”, no armonizó las exportaciones intrazona ni coordina políticas macroeconómicas para apuntar (por ejemplo) hacia una moneda común. Y mientras Brasil consolida el espacio BRICS, la Argentina sueña con que le abran esa puerta, Venezuela sigue apostando a su petróleo y Bolivia se transforma en modelo de administración para el Banco Mundial.

¿Y la sociedad? ¿El Mercosur seguirá siendo un pacto entre gobiernos, sin participación social, sin acuerdos para la resolución de conflictos ambientales, o para articular en temas no estrictamente comerciales como políticas públicas regionales para el desarrollo social?

Este año los procesos electorales de Brasil, Bolivia, Uruguay ratificaron un curso de transformación seria y prudente. A diferencia de la Argentina, con relato “de izquierda” y acciones “de derecha”. Mientras aquí se pacta en secreto con Chevron o se consagra una Ley de Hidrocarburos digna del menemismo, en Bolivia se nacionalizaron democráticamente los recursos naturales, Dilma promete profundizar el cambio y el Uruguay avanza con una nueva matriz energética que en 2016 lo colocará a la vanguardia mundial en energía eólica.

El 2015 debe ser el año del cambio en la Argentina, con un Frente Amplio Unen que nos coloque en sintonía con nuestros vecinos. En ese esquema, desde la provincia hay mucho para aportar, como nuestra propuesta presentada en el Parlamento Nacional y en la Cámara de Diputados de la provincia, de que la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) incorpore a Brasil, con quien compartimos dos tercios del río común, y a las comunidades de ambas orillas; creemos que bien podría incorporarse este debate en el contexto del cónclave a realizarse en nuestra provincia.

El Mercosur como bloque es la cuarta economía del mundo. Tiene todo para ser uno de los polos de una configuración mundial multipolar. Mientras cada socio siga planificando estrategias aisladamente, desperdiciaremos una oportunidad que nadie sabe cuánto tiempo más estará disponible. Es de desear que la Cumbre en Paraná aporte en este sentido, aunque por ahora el optimismo de la voluntad parece jaqueado por el pesimismo de la razón.


(*) Presidente del bloque de diputados del Partido Socialista.
Fuente: Página Política - El Diario

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles