No sabe bien cuántos son. Tampoco si llevaban lanzas y boleadoras además de armas o “¿cómo se llaman estas cosas?”. Sabe, sí, que apareció de pronto un grupo que ella podría definir como “guerrillero”, que tiene un líder “medio raro” al que nunca nombra y que Rafael Nahuel fue muerto en el marco de un ataque del RAM.

No sabe bien pero es la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, la que habla en la mesa de Mirtha Legrand. No sabe bien, no puede precisar de qué hay que defenderse, pero es la número dos del Poder Ejecutivo Nacional, ese poder que a través de la ministra Patricia Bullrich dispone sobre las fuerzas de seguridad.

Michetti tampoco duda –y le gusta repetirlo—que se debe recuperar y hacer uso “del monopolio de la fuerza” porque si no “cualquiera te desacata la Constitución”.

Imprecisiones sobran, tan luego para hablar sobre la vida y la muerte, sobre el uso de la fuerza del Estado, sobre la investigación en curso acerca de un joven de 21 años al que le tiraron por la espalda. Pero la Vicepresidenta deja algunos conceptos clave para definir cómo actuarán en la Argentina –como actúan- los uniformados a cargo de Bullrich.

1) Defensa. Se ocupa Michetti en reforzar la idea de un Estado que actuó ante un ataque. Va y viene sobre este concepto. Mirtha le refuerza sus argumentos. El periodista Ernesto Tenembaum polemiza y busca mantenerse al margen, con cuidado, de todos los sitios en los que lo quieren ubicar.

Michetti duda siempre respecto de las características del ataque. En cambio, no duda nunca respecto de la actuación “en defensa” de “los vecinos de Bariloche” y de la legitimidad del accionar represivo.

El archiconocido libro De la guerra, de Karl von Clausewitz, ubica el inicio del conflicto armado al momento en que se plantea “la defensa”: “El origen de la guerra no surge con el ataque, porque este no tiene como fin absoluto tanto la lucha como la toma de posesión, sino que surge con la defensa, porque tiene la lucha como fin inmediato. La defensa se orienta hacia el ataque, lo presupone necesariamente”, dice el autor alemán. Advierte que, al definir la defensa “las dos partes” en pugna, es también la que impone “las primeras leyes de la guerra”.

Michetti marcó las pautas: “Estos tipos tiran tiros al aire en cualquier momento. Hay un ataque permanente y agresivo. (…) El ataque existe y hay una defensa a un ataque”.


2) Lanzas. Entre tantas imprecisiones, Michetti aseguró que los mapuches (o el RAM, no queda claro) atacan “con lanzas”. Algún medio se hizo eco de esta expresión para ridiculizar la voz de la Vicepresidenta. Sin embargo, el lapsus trae al presente, reaviva, los mitos más arraigados para cualquier argentino respecto de la representación que podemos hacer de los pueblos originarios.

Y junto con eso, esta reedición de la “campaña del desierto” del siglo XXI para ganar esa parte de la Patagonia para ponerla al servicio de la economía tradicional, así como a fines del siglo XIX se ganó la llanura, la pampa, a sangre y fuego, para la explotación rural y para el origen de los primeros dueños de la riqueza en la Argentina.

Ahora, “la barbarie” que Michetti encuentra, sin mayores precisiones, escondida en terrenos inaccesibles de la Patagonia, bien cerca de Bariloche, tienen además de lanzas y boleadoras, “máscaras antigas que se usan en la guerra”.


3) Demonios. Michetti construye un demonio, así, a las apuradas, diciendo y desdiciéndose, que se llama RAM, que se confunde con los mapuches, que toma territorios en la Patagonia, que incendia viviendas familiares.

Enfrente, legitima su demonio, el que “defiende”, el del Estado, el que tiene “el monopolio legítimo de la fuerza”.

Sólo desde esta convicción puede sembrar dudas e impugnar las posiciones del periodista Tenembaum. Lo acusa de “no haber tenido la misma vehemencia” para rechazar la muerte –alguna muerte- de un agente de las fuerzas de seguridad. Así, con el mismo argumento con que se escucha a un ciudadano común y corriente reiterar la frase: “¿Y los derechos humanos de la policía?”.

El problema es que Michetti es vicepresidenta, tiene a cargo del Senado de la Nación. Y con la impugnación a Tenembaum, a quien le reclama porque indaga sobre la intervención de la Prefectura, decide el desapego del Estado argentino con la perspectiva de los Derechos Humanos que inspira la democracia y particularmente la democracia en la Argentina.

Porque quien garantiza el ejercicio de los Derechos Humanos es el Estado y del mismo modo es el Estado el que los viola. No hay dos demonios ni hay uno legitimado. Hay accionar de las fuerzas represivas del Estado que deben ser controladas, enmarcadas en las leyes del Estado de Derechos e investigadas. Tanta es la confusión en la mesa de Mirtha, que Michetti confunde y asegura que la causa que investiga el crimen de Rafael Nahuel, en realidad, tiene por fin investigar un ataque del RAM a las fuerzas de seguridad. El problema, de fondo, es que es la Vicepresidenta.
Fuente: Página Política

Claves

OPINIÓN Derechos Humanos

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