“Volver a los diecisiete después de vivir un siglo…es como descifrar signos…sin ser sabio competente. Volver a ser de repente..tan frágil como un segundo, volver a sentir profundo..como un niño frente a Dios…eso es lo que siento yo en este instante fecundo”. Violeta Parra dixit ¿Será eso mismo lo que siente Cristina al pretender habilitar a los adolescentes para que puedan votarla desde los 16 años?

Es probable que una mirada crítica sobre tamaño proyecto de ley sea vista como regresiva o antiprogresista, pero la maniobra política del kirchnerismo deja al desnudo algunas aristas que es necesario analizar.

La primera es una muestra de debilidad del oficialismo que, bajo el ropaje de una mayor “inclusión, sumado a las avanzadas del adiestramiento ideológico por parte de “La Cámpora” en escuelas primarias y secundarias y los “servicios sociales” que presta “Vatayón Militante” en cárceles, pretende ampliar el padrón electoral con nuevos votantes exhibiendo una suerte de vocación desesperada por captar voluntades frente a un probable escenario de complicaciones políticas, económicas y sociales en vísperas de cruciales elecciones legislativas donde se define el futuro mismo del kirchnerismo.

La segunda cuestión se emparenta más con la ausencia de conciencia ciudadana que padece el universo de los jóvenes de 16 años, más interesados en exhibirse en Facebook o tener algún devaluado peso en el bolsillo para ir a bailar que en votar. Y con el brutal incumplimiento del rol del Estado de no “formar ciudadanos libres” en las escuelas secundaria, borrando la letra de la Ley Nacional y Provincial de Educación que en sus textos expresan “promover… formación ciudadana como principios fundantes de la democracia”(art. 13 inc. c y d Ley de Educación Provincial 9890/09) y “Brindar una formación ciudadana comprometida con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, solidaridad, resolución pacífica de conflictos, respeto a los derechos humanos, responsabilidad, honestidad, valoración y preservación del patrimonio natural y cultural” (art.11 inc. c Ley de Educación Nacional 26.206/06).

Existe por cierto una patética ausencia en los planes educativos de espacios curriculares eficaces y prácticos para que nuestros jóvenes adquieran una conciencia ciudadana, aprendan a proyectar, asuman compromisos con su comunidad o conozcan las leyes que los gobiernan. ¡Con sólo decir que no se enseña en las escuelas la Constitución Provincial!

¿Cuántas materias, asignaturas o espacios curriculares de los planes de estudio se dedican a la instrucción cívica? ¿Qué porcentaje de la currícula se lleva la formación ciudadana? ¿No sería mejor educar para un ejercicio libre y responsable de la ciudadanía antes de abrir las compuertas del dique electoral que tiene un inevitable tufillo de oportunismo político ?

Tal vez podrá decirse que nuestra propia Constitución Provincial permite a los habitantes desde los 16 años presentar proyectos de ley ante cualquier cámara de la Legislatura (la “iniciativa legislativa” incorporada por la Convención reformadora de 2008) o que el propio texto constitucional no fija la edad habilitante para votar, pero se trata de cuestiones bien distintas. Pues una cosa es participar en la reunión de firmas para obligar a la Legislatura a tratar una propuesta de ley, y otra bien diferente es obligar a un joven en pleno proceso de desarrollo e identidad a decidir quién lo representa en sus intereses, cuando la enorme mayoría de los pibes no sabe de qué se ocupa un diputado o un senador ¡Ni siquiera un concejal de su propia ciudad! Y la mayoría de la clase política ignora cuales son los intereses de los chicos. Basta indagar en una charla informal para sorprenderse por la ignorancia y el desinterés que manifiestan por la política. Triste panorama, pero real.

La tercera cuestión guarda relación con una contradicción genética que posee el proyecto de ley con la matriz del “modelo nacional y popular”. Si se habilita a los jóvenes desde los 16 años para votar ¿también serán imputables de delitos electorales y sujetos a proceso penal como el que más, con penas de prisión incluidas? ¿Qué decir acerca de los menores de 16 años procesados sin condena y “alojados en establecimientos especiales”?

Por último –y en aras de la declamada inclusión- no estaría de más universalizar en serio la Asignación por Hijo, para que los propios jóvenes de 16 años perciban una renta mínima ciudadana a tono con sus mayores derechos, y que sea optativa: el muchacho o la chica que quiera percibirla que goce de ese derecho pero que no cargue con la obligación de cobrarla mensualmente. O garantizarle su acceso al primer empleo, o destinar cupos de viviendas a las parejas jóvenes, o asegurarle una beca estudiantil a aquel alumno que habiendo ingresado al ciclo secundario permanezca en el sistema educativo a los 16 años, y así sucesivamente en una suerte de aplicación de progresismo en serio dentro del Estado de Bienestar de que hace gala el gobierno de Cristina.

Todo muy moderno claro, pero para abordarlo sin hipocresías: todos sabemos que los jóvenes más pobres, más marginales y más abandonados son presa fácil de la tentación del consumo, de las corruptelas de la compra de votos y de la rebatiña de dinero público arrojada por el puntero inescrupuloso que responde a la lógica de “Cristina eterna”.

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