Uno entiende que la democracia no es perfecta, pero es el mejor sistema hasta ahora. Hay también traidores al mismo sistema. Y esa traición se consuma en las palabras, en los sintagmas que fascinan a muchos que los repiten sin tener en claro qué significan.
"Nunca Más" y "desaparecidos" son términos convertibles, se implican mutuamente y también se explican.

Semánticamente es imposible lo de los "desparecidos en democracia" ya que no es el Estado terrorista el que los hace desaparecer sin juicio, sin entidad y sin incógnitas.

Sostener la teoría de los desaparecidos en democracia es equivalente a decir que los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Saúl Menem, Fernando de la Rúa, Nestor Kirchner y Cristina Fernández son exactamente iguales e idénticos al proceder de Videla, Viola, Galtieri y Bignone.
Entendemos que no es justo, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.

Por lo demás, hablar de un Nunca Más contra la corrupción es un insulto a la investigación iniciada allá por 1984, donde en el prólogo de aquel libro podemos leer estas líneas:

"En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de la ‘guerra sucia’, de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente".

Entendamos de una vez, los HDP en sus dos acepciones (Hijos de Puta e Hijos del Proceso) quieren vaciar de contenido la justicia, los logros de la democracia que tanta sangre nos costó recuperar. Hablar bien es el principio del diálogo, que no es precisamente la superposición de monólogos, Una charla de sordos.

Recuperemos lo que es nuestro. No hay desaparecidos en democracia, al menos en el sentido que tiene el término entre nosotros. Justicia, Justicia perseguirás.
Fuente: RM Piceda (Facebook)

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