Un 17 de noviembre de 1972, luego de muchos años de exilio, Juan Domingo Perón regresaba al país desde Madrid, en un avión impulsado en su retorno por las esperanzas de todo un Pueblo que estaba cansado de la persecución, intolerancia y del permanente sabotaje a la democracia de las distintas dictaduras que se sucedieron durante esos años. Era un país sumido en un pozo ciego, que quería volver a ser la Patria progresista de sus mejores épocas.

Era un Pueblo que necesitaba vivir en paz, con tolerancia y unidad nacional y justamente eso es lo que representaba el regreso del único estadista que diera nuestro país.

Llegó sin resentimientos ni odios, con un mensaje cuyo objetivo era el de hacer la revolución en paz. Desde el vamos puso el eje en desarrollar políticas que le devolvieran vitalidad a la economía argentina, industrial y autónoma de los intereses mercantilistas del imperialismo.

Perón sabía que el escenario político y social lo solicitaba a viva voz y la militancia peronista era su escudo y ariete. Así, desde sus primeras palabras solo se le escuchó hablar de un valor fundamental y global: La unidad nacional. Su frase de otros tiempos de que ‘para un peronista no hay nada mejor que otro peronista’ mutaba a uno que involucraba a todos y rezaba que ‘para un argentino no hay nada mejor que otro argentino’. Era la ecuación perfecta, vital e inalienable para conseguir el éxito social que nos llevara a ocupar otra vez el rol protagónico mundial que habíamos perdido.

Quizás, como lo decíamos al principio, la fecha nos interesa a todos por igual y no solo a quienes nos consideramos peronistas. Nos involucra porque su mensaje nos deja un legado fundamental, el de trabajar armoniosamente mas allá de nuestras disidencias por una Patria justa, unida, solidaria, libre y soberana.

Como jóvenes no queremos disputas absurdas y mezquinas. No consideramos la política como escenario de confrontación permanente como desde el oficialismo nos quieren enseñar. Nosotros tenemos la mejor escuela de gobierno y de política estratégica, la que nos brindó Perón y el Movimiento Nacional Justicialista. Parados desde ese lugar es que proponemos construir mediante la unidad de todos los sectores con sacrificio, profundizando las políticas que sirvan al progreso del Pueblo pero terminando de una vez por todas con tanta mezquindad, hipocresía, mentiras y corrupción disfrazada de falso progresismo.

No sirve hablar desde la izquierda y obrar desde la derecha. Sirve obrar, sin distinción de clases, comprometidos con la justicia social, esa valiosa causa que le devolverá el poder al Pueblo, como siempre lo quisieron Perón y Evita.

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