Alrededor del año 1994, la humanidad contemplaba por televisión como casi un millón de personas morían en el genocidio de Ruanda.

En ese momento pensé que iba a haber una conmoción internacional y que el mundo entero detendría tanto horror. Me equivoque. Las imágenes que se transmitían casi en directo mostraban a personas famélicas a las cuales no se les podía distinguir ni edad, ni sexo, por su estado de hambruna; es más, muchos caían frente a las cámaras, se desplomaban y en ese instante algunos morían.

La excusa del poder mundial reinante eran los conflictos entre distintas facciones que se disputaban el poder. Con el transcurrir de los días, la noticia desapareció de los medios y las fosas comunes fueron el destino último de esa vergüenza de la humanidad.

Recuerdo que en aquellos años encontré respuestas a las preguntas que me hacía sobre el Genocidio Armenio, sobre Hiroshima y Nagasaki, sobre Treblinka, sobre Auschwitz y todo el exterminio del pueblo judío. Con Ruanda entendí que no fue un problema de información, no era que el mundo no se había enterado lo que ocurría en determinados países con determinados regímenes, sino que el problema estaba en la condición humana.

Casi al instante el mundo pudo ver como un millón de personas morían, transmitido a través de las cadenas internacionales. No era un problema de información o de conocimiento.

Por estas horas se habla de una conmoción mundial por el éxodo de inmigrantes ilegales, particularmente de Siria, hacia Europa. ¿Conmoción? Hace aproximadamente 2 años que están ocurriendo los naufragios y las muertes de personas que escapan de la violencia y del hambre, de los países más pobres hacia Europa.

La foto del niño sirio en las costas de Turquía es una imagen, terrible, pero solo una imagen de los miles de hombres, mujeres y niños que han muerto por este drama.

Para el caso de Siria, se esgrimen los conflictos internos entre el Estado Sirio y los grupos extremistas. Todo ello para no hacernos cargo como humanidad de este nuevo genocidio.

Por mucho menos que esto, George Bush padre e hijo han intervenido varios países de Medio Oriente en nombre de la libertad y con el solo propósito oscuro de regular el precio del petróleo.

La condición humana sucumbe por la incapacidad de los que se creen justos frente a los malos. A esta altura del conocimiento instantáneo de lo que ocurre en el mundo, nadie puede pensar que Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Japón, Francia o Inglaterra no tengan capacidad económica, militar y política para intervenir esta vez a favor de la raza humana.

Existe un dicho popular que afirma que la guerra es el fracaso de la política. Yo creo que los seres humanos que están huyendo por hambre y por conflictos internos en Siria y en otros países de Medio Oriente hacia Europa, son el fracaso de la humanidad. Es cierto que desnutrición, violencia, muertes injustas y desigualdades sociales podemos encontrar a la vuelta de la esquina. Pero mientras los que pueden y deben desde el poder, incluyendo a las religiones, no detengan inmediatamente lo que está ocurriendo hoy en Siria, seguramente en cada lugar del mundo no habrá posibilidades de construir un mundo mejor.

La teoría de los que manejan el mundo, sobre todo en Occidente, de una sociedad dividida por buenos y malos, está claro que en Siria no ha funcionado. Juan Manuel Serrat, en 1992 realizó un trabajo llamado “Utopía”, en donde adelantó con gran lucidez los debates que la humanidad debería afrontar. En una canción llamada “Disculpe el señor”, nos advertía que los pobres del mundo irían a golpear la puerta de los países más favorecidos.

Creo que finalmente los violentados, los más pobres, los rehenes de los conflictos internacionales ajenos a sus pueblos, están tocando la puerta de Europa. Disculpe el señor.
Fuente: Página Política

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