Hoy la sociedad nos exige a todos que actuemos con responsabilidad, principalmente a quienes tenemos funciones de gobierno; pero también a los dirigentes de la oposición, de quienes se esperan actitudes maduras y constructivas. No entender esto es ir a contramano del signo de estos tiempos.

Esta semana la Cámara de Senadores transformará en ley el presupuesto 2014 de la Provincia. Esta herramienta, ley de leyes, le va a permitir a todos los entrerrianos contar, a principios del mes de diciembre, con toda la previsión de gastos y recursos para el año que viene. Me siento orgulloso como entrerriano cuando hoy me compete estudiar y defender este presupuesto, cercano a los treinta mil millones de pesos. En él se refleja el espectacular crecimiento de Entre Ríos en estos últimos años.

En este sentido, es inevitable recordar lo que nos pasaba en el 2004, cuando siendo diputado provincial me tocó por primera vez analizar el presupuesto. Ese año era de tres mil millones de pesos; así como también la deuda de la Provincia era de tres mil millones de pesos (es decir el 100 % del presupuesto). Por supuesto, veníamos de una gran crisis y en ese momento los legisladores y el gobernador Busti nos jactábamos de esas cifras, ya que los radicales habían fundido la Provincia y las finanzas públicas eran un caos. Recordemos, para comprender mejor aquel escenario, que solamente en 2001 y 2002 (años de la desintegración de la Argentina) la deuda era del 152 % del presupuesto. Llegar, en el 2004, a equiparar deuda y presupuesto era para todos un motivo de orgullo.

Sin embargo hay que ver las cosas en perspectiva, y entender –aunque Atilio Benedetti y Jorge Busti no lo reconozcan– que hoy la deuda de la Provincia no llega al 30 % de nuestro presupuesto. De un presupuesto que es diez veces mayor que hace diez años. Es decir: la deuda se ha licuado. Si lo proyectamos tomando como referencia los índices poblacionales de Entre Ríos, podemos señalar que cada entrerriano debe cinco veces menos que en el 2000.

También hay que recordar que Entre Ríos está adherida al Régimen Nacional de Responsabilidad Fiscal (Ley 25917), en la que prima el criterio de preservar el equilibrio financiero en la ejecución de los presupuestos públicos, estableciendo determinados porcentajes que harían inviable la relación deuda-presupuesto que ostentaban las gestiones de Montiel y Busti. Esta ley (a la que se encuentran adheridas todas las provincias, a excepción de San Luis y la ciudad autónoma de Bs. As.) limita a la Provincia a contraer deudas que no superen el 15 % de sus recursos corrientes. Hoy Entre Ríos está por debajo del 7,5 %. Es decir: está por debajo de la mitad de su capacidad para endeudarse responsablemente. Cuando nos adherimos a esta ley de responsabilidad fiscal en la gestión de Jorge Busti estábamos fuera del limite de endeudamiento permitido llegando al 22 %.

Claro que nuestros opositores no van a decir nunca que es un presupuesto progresista, con fuerte inversión en desarrollo y obra pública, con la mirada puesta en la educación, el crecimiento igualitario, la recuperación de la industria y la consolidación de un proceso que en los últimos años posicionó a Entre Ríos entre los records más importantes en todos los ámbitos. Uno no puede esperar que desde la oposición salgan a felicitar al Gobernador. Pero al menos podrían ser más responsables respecto a lo que dicen.

Si el pueblo les dio la espalda en las urnas no cambiará de pensar porque digan que la Provincia se está endeudando: primero porque no es verdad, y segundo porque uno puede tomar los datos de cualquier indicador económico o productivo y verá que el crecimiento de Entre Ríos es genuino y sustentable.

Tal vez es difícil de entender para aquellos que permanecen apegados a viejas prácticas políticas. Pero la oposición constructiva es la mejor estrategia para posicionarse ante la sociedad. Sin duda alguna, eso es lo que esperan los entrerrianos (de cualquier partido o ideología).

Busti debería tener presente una de las máximas más importantes del General Perón: "La única verdad es la realidad". Del mismo modo que Benedetti debería considerar las palabras del caudillo radical Hipólito Irigoyen, quien decía: “La nación no quiere sangre ni turbulencia, ni desmedros ni menoscabos. Quiere realizarse en el ejercicio de todos los derechos humanos tan justamente conquistados. Quiere vivir la vida de la solidaridad nacional y de la fraternidad universal”.

Cuando uno ve la realidad de la Provincia y analiza lo ocurrido en los últimos años, hay una conclusión contundente: Montiel, gobernando desde el mismo partido de Benedetti, destruyó la Provincia. El peronismo, con Jorge Busti, la administró. Y con Sergio Urribarri transformó y seguirá transformando esta Provincia, llevándola cada vez más alto en el concierto de las demás provincias hermanas. Esa es la única verdad, esa es la más grande aspiración del pueblo entrerriano.

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