Nos alegramos con los éxitos electorales de Evo Morales, de Rafael Correa, de Hugo Chávez o de las características de los gobiernos de Dilma Rousef o Pepe Mujica, pero pareciera que nos olvidamos que todos ellos surgieron de procesos electorales en los que, los sectores populares y los movimientos sociales se involucraron fuertemente.

En Argentina sigue siendo muy notoria la separación entre movimiento social y organizaciones políticas. Se mantiene una fuerte resistencia al involucramiento político y una fuerte crítica a quienes militan en esos espacios. Se deja entender que militar en una organización social tiene una calidad superior a militar en una organización política. Por supuesto que, en general, los partidos políticos han defraudado una y otra vez las expectativas de la sociedad. Pero también hay que reconocer que sin una organización que dispute en el plano de la política institucional contra los sectores que hoy detentan el poder formal, todas las luchas que se llevan a cabo son procesadas y absorbidas por el poder político. Quizás el ejemplo del 2001 es la expresión mas clara de ello.

En las últimas elecciones, tanto en la Nación como en la Provincia, el kirchnerismo plasmó una muy fuerte hegemonía, con resultados electorales abrumadores. No obstante, la mayoría de los problemas que existían, siguen vigentes y aún agravados a un año y medio de las elecciones. Los salarios en la Provincia de Entre Ríos siguen estando entre los mas bajos del país; el estado de la educación y la salud pública continúan su decadencia ; al grave problema del monocultivo y el uso de agroquímicos, se suma ahora la pretensión de utilizar el método del “fracking” para la explotación de petróleo, con secuelas de contaminación tanto o mas grave que las del glifosato; se continúa avanzando sobre el uso privado de los espacios públicos ; se siguen prometiendo obras que nunca se realizan; se sigue endeudando a la provincia y la dependencia de los fondos que pueda enviar la Nación es cada vez mayor, en un marco de crisis de recursos por parte del estado, tanto nacional como provincial.

Toda esta realidad que nos abruma no avanza sobre un lecho de rosas. Encuentra casi siempre la resistencia y la lucha popular como contrapartida. Desde esas luchas, se han logrado frenar proyectos del gobierno, tales como la explotación del Delta entrerriano o la creación de una nueva Universidad, que llevaba a la desaparición de la UADER y a muchas de las carreras que allí se cursan, o el cierre del Mercado en Concepción del Uruguay, entre otras.

Pero estas luchas son insuficientes para torcer el rumbo general del proyecto político hegemónico. Podemos frenar algunas de sus expresiones, trabarlos, demorarlos, pero no logramos derrotarlo.

Para ello es necesario construir una fuerza mucho mayor que la que tiene cada uno de los actores de todos estos procesos, tanto políticos como sociales, por separados.

Sabemos que de los partidos políticos tradicionales o de las fuerzas de la derecha no ha de llegar la solución para los problemas de los entrerrianos.

Es un lugar común de los analistas políticos decir que todo el consenso que va perdiendo el gobierno kirchnerista no es capitalizado por nadie. Y esto es así porque lo que aparece como oposición al gobierno tampoco es lo suficientemente confiable. De este modo nos adentramos en un callejón sin salida donde lo que está no nos gusta, pero las alternativas tampoco.

Por lo tanto, es necesario construir una herramienta nueva, que sea la sumatoria de todos los que resisten, mas todos aquellos sectores independientes que aspiran a otro proyecto político pero que no lo encuentran en las propuestas existentes.

Es necesario un fuerte protagonismo de toda la dirigencia y la militancia, tanto política como social, que se identifica con posiciones progresistas, democráticas y emancipadoras, para lograr construir una unidad que permita dar estas disputas con mejores posibilidades de éxito.

Es imprescindible construir un ámbito de debate donde poder acordar un programa mínimo para las elecciones legislativas del 2013 y una metodología de resolución de las diferencias y conflictos que pudieran aparecer. Ocurre a veces que la unidad que vamos construyendo en la calle, en las movilizaciones, en el conflicto social concreto se dilapida por meras ambiciones personales o de sector. Hay que acordar que estas diferencias deberán saldarse mediante elecciones abiertas democráticas y participativas y donde todos se comprometan a respetar esas decisiones que surjan de la voluntad popular.

Tenemos por delante un enorme desafío. No podemos seguir quejándonos de lo mal que nos va, sino que tenemos que empezar a colocar los primeros ladrillos de la herramienta que nos asegure que las luchas políticas y sociales que se desarrollen de acá en mas, tendrán un espacio de representación en el plano formal e institucional de la política.

Las elecciones legislativas de 2013 están a la vuelta de la esquina. Hay que poner YA manos a la obra !!

(*) Dirigente de Proyecto Sur Paraná. Ex candidato a gobernador.

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