Hace bastante más de un siglo que las fuerzas progresistas y revolucionarias dejamos atrás la crítica del cielo para centrarnos en la crítica de la tierra. No peleamos contra Dios y los arcángeles sino contra el capital y la oligarquía global, contra la opresión, el colonialismo y el neocolonialismo. No venimos meramente a denunciar las ilusiones sino a cambiar una situación que necesita de ilusiones. Pelearse con los cristianos o con el máximo representante de la Iglesia Católica puede ser una pasión de burgueses masones o un trabajo de intelectuales críticos que tienen todo el derecho de fundamentar una y otra vez por qué no creen en ningún dios celestial y explicarnos reiteradamente qué tipo de institución es la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma. Pero los jefes de Estados latinoamericanos, sobre todo aquellos que encabezan procesos de transformaciones profundas, estarían clínicamente locos si se dedicaran a pelearse con el Papa.

Por eso acusar a los gobiernos de Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela, justamente los cuatro malvados para el imperio, de haberse transformado en papistas, como hace mi amigo Lambruschini, significa desconocer lo que se juega en la región, minimizar lo que significó rechazar el ALCA, ridiculizar las fuerza populares integradas mayoritariamente por cristianos e insultar gratuitamente a líderes que son despreciados por las viejas potencias coloniales.

Acusar a Evo Morales de ser un cholito y de reducir a escombros su “cháchara indigenista” por haber concurrido a Río de Janeiro suena injusto no sólo para Evo sino para un proceso político que tiene al indio como sujeto histórico principal en el tránsito hacia el socialismo comunitario del Buen Vivir.

Quienes dicen cosas como: “Hace 500 años vinieron a evangelizarnos, a enseñarnos una forma de vida, pero esa forma de vida que nos enseñaron fracasó; hoy, después de 500 años, nosotros tenemos que venir a Occidente a evangelizarlos...”, como expresó en la ONU el Viceministro de Descolonización del Estado Plurinacional de Bolivia. Quienes sostienen que la creencia en un sólo dios verdadero es un grave error porque genera la falsa idea de que hay un sola verdad; quienes creen que un dios varón y un hijo de ese dios también varón genera machismo. Quienes afirman constitucionalmente que son plurinacionales porque conviven 36 naciones, 36 culturas y 36 lenguas. Quienes fueron asesinados, saqueados, humillados durante 500 años, y aún hoy. Quienes resistieron 500 años. Quienes saben que españoles y criollos, que clericales e ilustrados son igualmente colonialistas. Quienes se entienden a sí mismos como protagonistas de una revolución democrática, cultural, antineoliberal, socialista comunitaria por el Buen Vivir. Quienes creen que hay que restablecer la armonía con todo lo que existe, visible o invisible. Quienes creen en el paradigma de la Pacha Mama, como no van a hablar con el Papa o con el anti Papa, si surgiera alguno, como no van a hablar con todos los rabinos e imanes del mundo, si justamente su voz no es la voz de los dioses del cielo que comandan ejércitos y arrasan ciudades.

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