El desenmascaramiento de la “política de los Derechos Humanos”

1. Cuando la política de los Derechos Humanos pone en riesgo al Gobierno y a la usurpación del botín del Estado, ésta es cínicamente abandonada. Se desempolva la vieja sentencia oportunista summum ius, summa iniuria, y se sacrifica la voluntad de Verdad, Justicia y Memoria. Ocurrió con las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final de Alfonsín que se había tomado en serio a los Derechos Humanos. Ocurrió con los indultos del aventurero de Menem. Ocurre ahora con el ascenso de César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani, que no debiera sorprender en la historia de los dos oportunistas de los Derechos Humanos. El ascenso de Milani es el equivalente funcional kirchnerista de las leyes de impunidad de Alfonsín y los indultos de Menem.

2. Entonces demostramos que la Ley de Punto Final era otro privilegio estamentario otorgado al Partido Militar y que la Ley de Obediencia Debida era una contradicción al principio no sólo jurídico sino incluso moral, sobre el que se asienta toda la legislación y la simple moral cotidiana, a saber, la autonomía de la voluntad y la consiguiente responsabilidad de los actos (por otra parte, reconocidas en los códigos militares, según el General Balza).

3. Luego, destacamos el obsceno oportunismo de Menem con los indultos, y aprovechamos la ocasión para denunciar que la facultad constitucional de indultar que tiene el Presidente, carece de fundamentación y argumentación legitimatorias y no guarda coherencia sistemática con los principios republicanos y democráticos de la Constitución. El indulto no es un instituto ni de la república ni de la democracia, sino que es una secuela del absolutismo monárquico según el cual la soberanía del monarca proviene de Dios, único interlocutor ante quien podría tener el deber de dar razón de sus actos. En una palabra, poníamos en evidencia la injustificable arbitrariedad de los indultos.

4. Hoy no se necesita ningún tipo de agudeza especial ni particular suspicacia para ver con evidencia que la Reina está desnuda y que su gobierno tambalea. Detrás del ascenso de Milani está el más crudo cálculo costo-beneficio, impulsado por la voluntad (inconstitucional e ilegal) de hacer intervenir a las Fuerzas Armadas en asuntos internos y en espionaje interno. Existe una profunda coherencia y continuidad con la sanción de la Ley Antiterrorista y con el Proyecto X. La Princesa ha indultado de facto a Milani a cambio de “información” sobre opositores y peronistas “traidores”, y a cambio de subordinación al “proyecto nacional y popular”, i. e., a sus propios caprichos y arbitrariedades, pues ha quedado en evidencia que el proyecto se reduce a la servidumbre, a la voluntad y al arbitrio de la Princesa voluble, como por ejemplo el indulto a Milani. La Princesa ha dejado de lado impúdicamente y aun sacrificado la Verdad, la Justicia y la Memoria. En fin, lo de Milani es aún más desfachatado que los asados en la ESMA.
Fuente: Página Política

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