El formidable triunfo de Urribarri en toda la provincia y en cada uno de sus departamentos mostró lo correcto de la estrategia electoral que se llevó adelante después de las primarias permitiéndole subir varios puntos. Como sabemos la misma consistió en ponerse él mismo como elector casi excluyente del Frente para la Victoria sometiendo a su gestión a una especie de plebiscito del que salió ampliamente ganador. Sabemos que las elecciones de medio término son escasamente motivantes por el simple hecho de que no tenemos un sistema institucional parlamentarista, lo que hace que este tipo de elecciones cobren vigor cuando lo que se juega está más en lo connotado que en lo denotado. Así ocurrió en el 97 cuando la Alianza ganó hasta en Concordia porque lo que se jugaba era la emergencia de una alternativa política que derrotara al menemismo. Lo mismo ocurrió ahora cuando lo que se jugaba era ni más ni menos que potenciar las posibilidades del Gobernador para aspirar a la Presidencia de la Nación. Por eso fue correcto centrar la elección en la figura de Sergio Urribarri, lo que significaba invitar a los entrerrianos a dirigir su mirada hacia los logros del gobierno provincial.

Lo que viene ahora es, obviamente, de una enorme complejidad política. El apabullante triunfo de Massa lo pone definitivamente en carrera para la presidencia. La elección en la provincia de Buenos Aires dio una muestra más de que la lealtad de los intendentes justicialistas de esa provincia es con el poder y no con un proyecto político. No sólo se pasaron a sus filas una veintena de intendentes antes de las PASO sino que en esta elección buena parte de los que decían apoyar a Insaurralde le hicieron un guiño a Massa aportándoles votos. Claro que esto no le va funcionar con los gobernadores que no tienen amenazada su estabilidad por concejales massitas como les sucede a los intendentes, así que estos como mínimo la van a orejear un largo tiempo antes de decidir cómo juegan. Por otra parte el peronismo opositor retrocedió mucho y perdió bancas aun incluyendo las que ganó Massa. Lo más inteligente que puede hacer, entonces, es avanzar hacia un perfil y construcción más transversal, que sin negar un fuerte componente peronista incorpore figuras como la de Adrián Pérez, tal y como hizo en esta oportunidad.

La situación de Scioli es bastante más complicada ya que expresa la contracara del triunfo de Massa. Seguramente como su kirchnerismo no es de alta alcurnia deberá intentar una estrategia que obligue al kirchnerismo a apoyarlo porque no tiene otra alternativa, lo que supone impedir que se consolide otra figura y a la vez establecer un fuerte sistema de alianzas con los gobernadores. Sin embrago esto no le garantiza absolutamente nada ya que, aunque logre algún éxito en lo que intente, nada le asegura que sea ungido como continuador del actual proyecto.

Para Urribarri la cosa es más clara pero no necesariamente más fácil. Obviamente que necesita mayor exposición nacional por lo que sería muy bueno que se hiciera realidad la posibilidad de ser Jefe de Gabinete. Pero ese no es un lugar que podamos decir que es estrictamente de gestión como puede serlo, por ejemplo, un ministerio de infraestructura. Es un lugar estrictamente político y entre otras cosas deberá armonizar las contradicciones que naturalmente suceden entre distintas áreas de gestión. Pero si lo hace bien se potenciara enormemente. Claro que la situación política general que queda planteada con este resultado electoral obliga al kirchnerismo a ganar frescura y tomar medidas innovadoras. Es más que evidente que ya no alcanza hablar de los logros pasados, ni tampoco alcanza recordar lo que nos sucederá si vuelve el neoliberalismo, ni, por supuesto sólo mirar a los convencidos. Hay que hablar y tomar medidas en dirección al futuro, y seguramente una de las primeras cosas que hay que pensar es en la modificación del IVA, para que al menos los alimentos básicos no resulten gravados. Es decir, la suerte de Urribarri es la suerte del kirchnerismo y esta no es una mala sino una buena noticia, claro, esto si el gobierno nacional es capaz de retomar la iniciativa que caracterizó su gestión y sus logros. Como Massa se va a parar en una agenda legislativa que apunte a lo que falta, acá no sólo habrá que ser rápido sino saber pensar lo que nadie espera, es decir sorprender para entusiasmar con lo que significa profundizar el proyecto. De ser así el sueño entrerriano se hará realidad.
Fuente: Página Política

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