Después de treinta años de democracia, los protagonistas de la política en argentina y Entre Ríos siguen siendo los mismos o sus representantes impuestos. Nos encontramos ante una crisis dirigencial, en la que se hace necesario promover un cambio generacional que permita aportar nuevas visiones para que dejemos de padecer los mismos problemas de antaño enfrentados con viejas recetas que los agudizan.

Después de todo este período vemos que seguimos discutiendo los mismos temas y el país no avanza. Los problemas siguen siendo la volatilidad de la inflación, la falta de inversión productiva, la inseguridad y el narcotráfico, entre otros temas remanidos.

El gran error en materia fiscal es haber salido de la política de Estado que llevaba a cabo Néstor Kirchner a través de los superávits gemelos, con acumulación de reservas y crecimiento de empleo e inclusión, lo que nos daba previsibilidad a los argentinos.

En esta década se han concretado logros importantes, como la política de derechos humanos, la reestatización del sistema de jubilaciones y pensiones, la incorporación de millones de jubilados al sistema, la asignación universal por hijo y la nacionalización de YPF.

Pero hoy vemos que pese a la existencia de un contexto internacional altamente favorable para el país, desde el punto de vista macroeconómico comienzan a aflorar signos de vulnerabilidad, tales como el estancamiento de la economía como consecuencia de la inflación, a los que es dable sumar los síntomas de debilidad que trasunta la recurrente gestación de conflictos sociales y la altísima presión fiscal.

Por un lado, no hay inversión, la inflación comienza a superar los aumentos salariales y el país al no haber regularizado su deuda externa, no tiene acceso al mercado de capitales. Además, debido a la falta de productividad, las exportaciones son dependientes totalmente de los precios internacionales y la competitividad se centra solamente en las tasas de cambio.

A esto debemos agregarle los problemas institucionales, como por ejemplo el INDEC, recientemente sincerado, lo que demostró que no era cierto que había desestabilización sino que simplemente el índice era falso. Pero persisten la proliferación de los decretos de necesidad y urgencia y los superpoderes conferidos por el Congreso, que los poderes carezcan de suficiente independencia y que haya un debilitamiento de los partidos políticos, lo que genera una profunda desconfianza por parte de la comunidad.

Si el Gobierno pretende evitar una crisis, el modelo debería dar un rápido giro, y en esto creo que es fundamental recuperar en el corto plazo el equilibrio fiscal. Para esto debemos definir claramente el papel que debe tener el gasto público.

Si bien muchos hablan de ajuste (que en verdad el Gobierno ya está haciendo), creo que el debate pasa por otra parte. En realidad más que un programa de ajuste se requiere por un lado una política gradual, en la que la tasa del gasto crezca menos que la de los recursos. Y paralelamente hacer hincapié en la eficiencia del gasto, un tema que siempre ha estado fuera de la agenda de esta clase de dirigentes.

Conceptos tales como la austeridad, el equilibrio, la planificación y la transparencia están fuera de sus estructuras de pensamiento.

Hoy nos vamos a encontrar con problemas de administración deficiente, clientelismo político, programas de asistencia social mal administrados, que convierten al gasto público en improductivo. No es casualidad que en la Argentina tengamos una presión fiscal europea y servicios públicos completamente precarios y de bajísima calidad.

En definitiva, más que preocuparnos por la magnitud del gasto, debemos preocuparnos por mejorar su gestión lo que inmediatamente permitirá menores niveles de presión fiscal.

Por otra parte, el PEN debe concentrarse en una política económica que aumente la productividad, que preserve el empleo y la producción, mantener el dólar estable y la publicación de índices creíbles. Se trata de pasos que necesariamente el país debe dar en el corto plazo, para ir saliendo de esta situación de fragilidad financiera. Aunque hoy todo eso resulta impensable sin un equipo económico que genere confianza en la sociedad.

Pero antes de seguir quiero aclarar expresamente que no estoy hablando desde la comodidad de la mera observación y crítica. Yo pregono el equilibrio fiscal de la administración pública y la ejecución del 100% de los Presupuestos porque he sabido aplicarlos rigurosamente en mi gestión municipal.

Durante los dos periodos que llevo al frente de la intendencia de la ciudad de Villaguay, he obtenido una buena distribución y calidad del gasto público, me he preocupado por pagar buenos sueldos, he ejecutado las obras públicas prioritarias que se venían postergando, he insertado a mi ciudad en la región y la provincia, y he logrado incrementar la producción agroindustrial.

Ahora lo que deseo que logremos juntos los entrerrianos y sin distinción de banderías políticas, es transpolar y mejorar la experiencia de lo que he podido hacer en mis dos gestiones, a la dimensión provincial.

Y puedo hablar de lo que haré porque ya lo he hecho, y porque me he rodeado de un equipo de profesionales que ya están trabajando en la elaboración de un auténtico programa de gobierno, porque además de poseer la capacidad necesaria, comparten las mismas aspiraciones de catapultar y ver despegar a Entre Ríos, la que soñaron nuestros viejos y que le debemos a nuestros hijos.

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