No alcanzan las imágenes, las frases, los pensamientos ni los homenajes que puedan honrar la memoria de Evita. Pasa el tiempo y los que sentimos al peronismo a flor de piel intentamos seguir sus ejemplos, imitar su coraje y su militancia por el más débil.
Evita era una mujer de luz, de esperanza y de futuro. Fue tan grande que 61 años después persiste en la memoria y corazón de todos. Ninguna otra mujer pudo igualarla -y difícilmente lo haga- porque ella tenía ese fuego sagrado que nadie más tuvo. Evita vivía por y para los argentinos. Era de una riqueza espiritual total, la cual despertaba la admiración en todos.

Nadie más ha podido generar ese amor y devoción que generó ella y Perón. Somos nosotros, los peronistas, quienes llevamos sus banderas en alto pero es unánime el respeto y fascinación de los argentinos, convencidos en que fue la única que defendió con su vida a los trabajadores y desprotegidos.

Logró conquistar derechos que hoy disfrutamos todos en democracia. Incluso, logró uno muy importante para las mujeres: el voto femenino. Lucho, trabajó y lo consiguió. Dejo su vida en su obra, pero para nada fue en vano.

Siempre tengo a mano "La razón de mi vida" y "Mi mensaje". Los releo cada tanto, cuando necesito esa cuota de inspiración para continuar con más fuerza este camino de la militancia social.

A 61 años de tu paso a la inmortalidad quiero decir gracias a ella y a cada militante que mantiene vivo el fuego de su espíritu.

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