En estos días difíciles que enfrenta el país, siempre hace bien referenciarse en la historia para enfrentar el presente con la altura que pide el momento. Son horas en que los fondos buitres extorsionan desde el extranjero, con acciones judiciales que no son avaladas por ningún gobierno electo democráticamente. Horas, en la que el poder financiero intenta someter a un gobierno democrático, que ha dado muestras sobradas de cumplir con todos sus compromisos asumidos.

Nuestro país tiene una larga trayectoria de lucha contra los poderes establecidos. Tanto a nivel externo, como puertas adentro, distintos sectores políticos han entendido lo que significan los procesos de disputa política. Así sucedió con la irrupción del peronismo en la década del 40 y así se repitió con este proceso transformador iniciado en el año 2003.

Hoy se cumplen 62 años de la muerte de una de las personas que mejor interpretó lo que significaba el peronismo. Su muerte fue festejada por unos pocos y llorada por millones. Durante su vida, encontraron muchas formas simbólicas de menospreciar su persona, su pensamiento y su acción. Fue cuestionada por su valentía de desafiar el orden social establecido, por prestarle un oído y darles voz a los pobres.

Evita fue mucho más que el símbolo del peronismo naciente. Fue la persona que les brindó oportunidades a esas mujeres olvidadas dentro de sus hogares. Les dio el voto femenino, un derecho por el cual se luchó durante décadas. Se brindó por el otro. Su Fundación fue la llave para recuperar la dignidad de miles de familias argentinas.

Enfrentó la oligarquía, o más precisamente, la oligarquía la enfrentó a ella. Nunca bajó los brazos, hasta que esa enfermedad se la llevó. Dio un mensaje de lucha hasta el último minuto de su vida, por eso hoy la recordamos por sus valores y sobretodo, por su valentía.

Nuestra presidenta, Cristina Fernández también ha sido calificada hoy con los mismos adjetivos que atacaron a Evita ayer. Si bien las épocas históricas son distintas y las comparaciones siempre son extemporáneas, en la memoria del pueblo peronista, en los sentimientos de todos nosotros, Evita está presente en Cristina.

La atacaron cuando implementó la Asignación Universal por Hijo. Una idea que circulaba entre algunos dirigentes, pero que nadie se había animado a tomar la decisión política y a destinar fondos específicos para implementarla. Una bandera que hoy es todo un símbolo de la época. Una bandera que defenderemos por años, como hizo el peronismo de antaño con el voto femenino.

Gobernar para cambiar el orden imperante, es desafiar lo establecido. Gobernar en favor de los desposeídos, de los que menos tienen. Encontrar herramientas para cambiar la vida cotidiana a los más vulnerables de la población: darle recursos, una mejor educación, una salud de calidad.

Despertar la ira de la minoría oligárquica. Estos son algunos puntos en común que pueden servir para ver en la Cristina de hoy, esa Evita de ayer.
Esa mujer. La que recuerda a nuestra generación, para que militamos en política: para mejorar la calidad de vida de los que menos tienen.
Fuente: Página Política

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