El programa Progresar es un nuevo derecho del proyecto nacional y popular y debemos saber cuidarlo y defenderlo. El riesgo de tomarlo como algo conquistado de una vez y para siempre, es perder la dimensión histórica de la realidad, su constante movimiento y transformación y la puja de intereses y proyectos que en ella se desenvuelven.

Hay muchas razones para explicar por qué ahora y no antes el Progresar. Una de ellas es la ideología, los diferentes proyectos de país. No es casualidad que haya sido este y no otro el gobierno que avanzó en la restitución y ampliación de derechos como el matrimonio igualitario, el voto a los 16 años, la Asignación Universal por Hijo, la inclusión al régimen jubilatorio de personas que no habían tenido aportes por trabajar en negro, y ahora el Progresar.

Podemos decir que el comienzo de este proyecto de inclusión y transformación de la realidad para el bienestar del pueblo se sitúa en el surgimiento del peronismo y los dos primeros gobiernos de Perón y Evita.

Es de destacar que el reciente programa actúa sobre una franja de nuestra sociedad muy vulnerable, un núcleo duro de personas que tuvieron que salir a trabajar desde muy jóvenes y así abandonaron sus estudios o no pudieron ir a la escuela y de esa manera truncaron la posibilidad de acceder a un trabajo mejor.

El Progresar les da la posibilidad de volver o comenzar la escuela, pero también de capacitarse laboralmente y así poder aspirar a mejorar su condición laboral a partir del progreso personal.

El argumento que sostiene que el que no estudia ni trabaja en este país es porque no quiere, desconoce la complejidad de la exclusión social desplegada a partir de la última dictadura militar y sostenida durante décadas por los gobiernos neoliberales hasta 2003, y cae en una forma de exclusión solapada. Está visto que la educación es pública, gratuita y obligatoria, sin embargo hay quienes no tienen sus estudios completos. Las transformaciones necesarias para revertir esta situación, se deben desplegar de forma sostenida a largo plazo.

Hacer que todas las personas tengan acceso y puedan ejercer sus derechos es una de las obligaciones del Estado. Luchar para eliminar las barreras que lo impiden y profundizar el proceso de inclusión social, es tarea también de la militancia. De más está decir que en una sociedad capitalista hay diferencias entre las posibilidades de unos y de otros. Por eso buscamos la Justicia Social, porque entendemos que la pobreza es producto de la injusticia y no de la pereza de los pobres. Y en ese sentido, este proyecto nacional y popular avanza en la redistribución de la riqueza, sacándole a los que más tienen y destinando recursos a los sectores más rezagados de nuestra sociedad.

Causa dolor escuchar y ver expresiones rayanas con el racismo, que desprecian políticas de Estado como el Progresar a partir de la estigmatización social y los prejuicios. Es parte de nuestra militancia avanzar en un cambio cultural donde el otro sea un hermano, digno de respeto y necesario para nuestra sociedad. El desprecio sólo genera odio y resentimiento. Debemos defendernos fortaleciendo nuestros propios argumentos, pero sin desconocer que esta realidad se da en el barrio, en la escuela, en el club, en el mercado laboral, y es parte del sistema de exclusión que debemos transformar para vivir en una provincia y un país cada día mejor, cada día más solidario y fraternal.
Fuente: Página Política

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