Las expresiones políticas conservadoras de nuestro país han tenido, desde el advenimiento de la democracia en 1916, y hasta 1983, una línea coherente. En nombre de las República, y la salvaguarda de las instituciones, dieron golpes de estado en 1930 contra Hipólito Irigoyen, en 1955 contra Juan Perón, en 1962 contra Arturo Frondizi, en 1966 contra Arturo Illia y en 1976 contra Isabel Perón.

Los golpes cívicos militares eran precedidos por tareas de desgaste, de esmerilamiento, para luego, con apoyo en los sectores de altos ingresos y parte de la clase media, lograr consenso de opinión pública (los sectores de menores recursos no tienen manera de formar opinión, salvo con las manifestaciones callejeras), y entonces poner en prácticas gobiernos de ajustes salvajes, de exclusión de mayorías; y cuando fue necesario, según sus convicciones republicanas, matar, torturar, secuestrar, robar y cuanto latrocinio fuera necesario para enriquecer a las minorías de siempre.
Las terribles violaciones a los derechos humanos de la última dictadura han sido un aprendizaje para el pueblo argentino, y la valentía democrática de Alfonsín, sustentado en las luchas de los organismos de derechos humanos, de enjuiciar a los responsables, estableció un piso desde donde no nos bajaremos nunca más, la democracia vino para quedarse.

Los sectores dominantes saben de esta realidad, de manera que cambiaron sus estrategias, no ya más golpes de estado, si democracias de baja intensidad. Este concepto fue pergeñado en el consenso de Washington, en la era Tatcher-Reagan, que definía la apertura de las economías y la reprimarización de los países, otrora del tercer mundo, hoy emergentes, de manera de someterlos a través del manejo del dinero. Fueron los años del endeudamiento externo, donde el estado se hacía cargo de la deuda de los privados (como del Grupo SOCMA, familia Macri, y de paso busquen el libro de Daniel Santoro-periodista del grupo Clarin- Los Intocables, y encontraran las evasiones impositivas del gupo Macri) y nos sometían al dictado del FMI.

Nos llevaron al neoliberalismo extremo, nos inundaron de pobreza, indigencia, desempleo y hambre, hasta que los argentinos dijimos basta y estallamos, y De la Rua tuvo que escapar en helicóptero.

Recuperarnos de ese infierno no fue fácil, pasar de comer en comedores comunitarios a la mesa familiar, un aprendizaje feliz para los niños, dejar el club del trueque para recuperar empleos, una alegría para los adultos, y esta realidad, que los Argentinos conocemos tan bien, fue la de gran parte de América del Sur, al menos el Brasil de Lula, el Uruguay de Tabare y Pepe, la Bolivia de Evo, la Venezuela de Chavez, el Ecuador de Correa entre otros países de la patria grande.

Para recuperar derechos de las mayorías, es necesario tocar interese de las minorías; y en este punto es donde la derecha empieza otra vez su tarea de desgaste, de esmerilamiento, no ya para golpes de estado, porque no hay espacio social para ello, si para intentar subordinar las políticas públicas. Utilizan los grandes medios de comunicación, que dominan a voluntad, incumpliendo las leyes aprobadas por amplias mayorías en el parlamento, como la de Servicios de Comunicación Audiovisual (conocida como ley de medios), pero utilizan también herramientas de acción directa, como el lock out patronal del 2008, que durante meses tuvo rutas cortadas, desabasteciendo pueblos y ciudades, impidiendo circular libremente, o manipulando la opinión pública con mentiras infames, como la del caso Nisman.

La derecha no puede ganar elecciones porque su propuesta es para minorías, son el nombre del ajuste, de la baja de salarios, de las privatizaciones, de la cárcel para los perejiles. Por ello Macri intenta travestirse, ensaya hablar bien de la asignación universal por hijos (que obviamente voto en contra), de mantener YPF estatal (que voto en contra), habla de la escuela pública, cuando en Capital crece el subsidio para las escuelas privadas y decrece para la pública, dice que hay que negociar duramente con los fondos buitres, cuando hace dos meses decía que había que pagar lo que Griesa dijera. Lo que Macri realmente puede mostrar, es como sobreendeudo en ocho años la capital Federal, en cambio Cristina puede demostrar cómo se desendeudo al país.

A veces, ingenuamente, algunos creen que administrar el estado es tener el poder. La constitución establece el sistema tripartito de poderes democráticos en la Argentina: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero existe un poder fáctico, externo, que es el económico, financiero y mediático. Los que provocan corrida cambiarias, los que generan inflación, y fundamentalmente, los que arman la agenda política de cada día en los titulares de los diarios y medios dominantes, y que a través de la repetición en centenares de medios en todo el país, y profundizando los contenidos del consenso de Washington (que formulaba que a la “gente” no había que decirle que pensar, sino sobre que pensar) te instalan operaciones de prensa como por ejemplo “fraude en Tucumán”, aunque jamás llego a tribunales una denuncia, y es más, las urnas quemadas fueron en distritos donde el FPV gano holgadamente (solo un descerebrado quemaría las urnas donde gana).

La derecha no retornará a la violencia de los golpes de estado, pero no duda en utilizar la violencia psicológica, mintiendo, generando miedo, para intentar ganar las elecciones o al menos, condicionar el triunfo de Scioli.

En vez de tanta operaciones políticas, deberían probar con la militancia, con la formación de cuadros, con el compromiso con lo público, de esa manera podrán encontrar las razones de porque, como por ejemplo en Entre Ríos, es natural que un hombre como Bordet, de militancia juvenil y por los derechos humanos, de solida formación política y académica( de grado y postgrado) con experiencia legislativa y de gestión, con trayectoria intachable, y con un amplio respaldo en su ciudad por las inolvidables transformaciones en obra pública, en atención primaria de la salud, en la recuperación de la cultura del trabajo, con políticas de inclusión que fueron reemplazando el sistema punteril asistencialista por el de promoción de las personas y la recuperación de la ciudadanía; ese dirigente hoy, es visto en toda la provincia como el natural conductor del proceso democrático que se viene, y sobre todo teniendo como contrincante a un candidato, que es incapaz de expresar proyectos, de verbalizar ideas, que demuestra que solo está preparado para repetir slogans escritos por Jaime Durán Barba (que por otra parte manifiesta que Hitler es un ídolo), y que el mejor pergamino que puede ofrecer, es haber tenido cortada por meses la ruta 14 en reclamo de los intereses de los más pudientes.

(*) Secretario de Producción y Trabajo de la Municipalidad de Concordia

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