El final de la fiesta kirchnerista en Entre Ríos y en el país dejó al descubierto una gran paradoja: hoy tenemos una provincia casi quebrada a pesar de que durante los últimos años obtuvo los mayores ingresos económicos de su historia.

Los fondos que el Estado provincial recibió, derivados de los impuestos nacionales a la producción primaria (en los momentos de los records de los commodities) y de una presión tributaria asfixiante sobre los entrerrianos, no fueron utilizados para lograr el despegue económico de la provincia. Los gobiernos de la década pasada fueron los gobiernos de los recursos extraordinarios, pero que no se destinaron a lograr una verdadera transformación del sistema educativo, no sirvieron para mejorar la salud, ni para brindar mayor seguridad a los entrerrianos.

Entre Ríos es una provincia rica en recursos naturales y, sobre todo, en capital humano. Sin embargo, el Estado se parece a un jugador compulsivo que pide plata a un financista para pagar lo que le debe a otro, bajo condiciones usurarias.

Los números del primer semestre publicados por el Ministerio de Hacienda nos muestran que a julio de 2016 el gobierno de Bordet ha emitido letras por más de 1.900 millones de pesos para hacer frente a los vencimientos de la deuda que heredó de Urribarri. El déficit presupuestario del ejercicio en los primeros seis meses de este año indica que la provincia gastó 4.700 millones más que lo que le ingresó. La deuda consolidada es hoy de 13.191 millones de pesos, y la deuda flotante (que da cuenta de los gastos que ocurrieron y no se han pagado), es de 5.504 millones. Como si todo esto fuera poco, al mes de julio la Caja de Jubilaciones presenta un déficit de 1.813 millones de pesos. Para pagar gastos corrientes, como los sueldos de los empleados públicos, el gobernador entrerriano necesita la asistencia del gobierno nacional.

Para intentar superar esta coyuntura tan compleja la administración provincial necesita imperiosamente que el gobierno nacional lo autorice a tomar el crédito internacional superior a los 400 millones de dólares, y así licuar parte de la deuda heredada, de manera de poder seguir administrando la pobreza de una provincia que patea sus problemas hacia adelante.

Tanto el gobierno nacional como los legisladores provinciales de Cambiemos hemos dado muestras que queremos que al gobierno de Bordet le vaya bien, porque eso significa que nos va a ir bien a todos. Dentro de tres años nosotros presentaremos una propuesta superadora con la pretensión de que los entrerrianos nos elijan para gobernar la provincia. Pero hoy es momento de aportar a la gobernabilidad de una gestión que, por lo menos, escucha y dialoga.

En ese sentido, nuestro gobierno nacional acordó devolver el 15 por ciento de la coparticipación que nos era detraída para el Anses, y que Urribarri nunca reclamó. Además, se solucionó el problema con los holdauts, heredado de la gestión anterior. Eso abre el camino para tomar deudas a tasas y plazos razonables.

Somos conscientes de la compleja realidad del momento, pero a la vez optimistas porque hoy tenemos un gobierno nacional que está empezando a resolver los problemas estructurales y que trabaja para mejorar la situación de todos, en vez de pensar en intereses sectoriales y, mucho menos, en los de los dirigentes.

Y sobre todo, está la generalizada convicción de los argentinos de que la etapa de las divisiones, los enfrentamientos y los revanchismos quedó en el pasado, porque los perjuicios que provocó los estamos pagando todos.
Fuente: Página Política

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