El lunes pasado asistí al lanzamiento del Foro Provincial de la Reforma Electoral. Fue una muy buena actividad, con amplia convocatoria y representativa concurrencia. Apuesto a que sea un espacio en donde el aporte de ideas de toda la comunidad de como resultado la mejor legislación posible.

Ahora bien, reflexionando en clave política cabe decir que el tema de la Reforma Electoral está instalado en el centro de la agenda y esto se debe en gran parte al impulso que le da el gobierno nacional con la complicidad de los grandes medios, particularmente de los gráficos, que en cada elección cuestionan “la lentitud” del recuento porque al parecer no pueden ser categóricos en sus primeras planas. Así, el eje de la reforma es la implementación del voto electrónico en todo el país.

Es evidente que comparto la idea en general de mejorar el sistema electoral, pero ante las iniciativas actuales cabe preguntarse dos cuestiones: a) ¿Es tan bueno el voto electrónico como dicen? ¿Existió problemas en donde se aplicó, cuáles son los cuestionamientos?; y b) ¿El voto electrónico soluciona todos los problemas del sistema político? ¿No hay otras cuestiones que discutir, otros temas que abordar para mejorar el sistema electoral? Les daré mi opinión:

a) ¿Es tan bueno el voto electrónico?

El Gobierno Nacional parece confiar ciegamente en que la implementación del voto electrónico solucionará por si solo todos los problemas que existen en el sistema político. Es la vedette, la figura excluyente, de la reforma que propone Macri. Detrás del voto electrónico está la idea de la “modernización” de la política, el dejar atrás “la vieja política” y los distintos eslóganes tan frecuentemente usados por el PRO en sus campañas electorales.

El sistema implementado en Salta, que luego se implementó en CABA y ahora se quiere nacionalizar, otorga un comprobante de papel para el votante, siendo la urna electrónica una impresora de la voluntad electoral, pudiendo el votante revisar su voto antes de meterlo a la urna, y hasta ahí todo bien. Pero lo real es que el recuento de voto y la transmisión definitiva de la voluntad electoral de la urna electrónica al centro de cómputos son efectuadas por la urna electrónica.

Si bien es cierto que existe un consenso general acerca de que el sistema de lista sábana debe ser cambiado, también es cierto que el voto electrónico recibe críticas a nivel mundial. El caso más resonante de rechazo al voto electrónico fue la sentencia del Tribunal Constitucional Federal Alemán de 2009 que manifestó que la utilización de urnas electrónicas en las elecciones es inconstitucional ya que contradice principios elementales de la Constitución de Alemania. El máximo tribunal alemán sostuvo que el sistema no les da garantías a los ciudadanos ya que no pueden controlar de manera confiable y sin conocimientos técnicos especiales la veracidad de los resultados electorales y la legitimidad de los procedimientos.

De acuerdo a las bondades que anuncia el PRO y la promesa de futuro que tendría el voto electrónico, deberíamos suponer que se impone en todo el mundo, que es impulsado por las democracias occidentales más “avanzadas”, o más longevas para hablar con propiedad. Pero la realidad dice que la marcha hacia el voto electrónico tuvo sus frenos. Luego de un periodo de auge a finales de los ’90 se ha ido reduciendo la cantidad de países que lo implementan al punto de retornar varios de ellos al sistema de votación convencional, por lo general, a lo que conocemos aquí como Boleta Única de Papel, como el sistema que se usa en la provincia de Santa Fe. Holanda, uno de los pioneros, decidió volver al voto con papel. Irlanda gastó millones de Euros en adquirir los equipos y nunca llegó a utilizarlos. Varios Estados de los EE.UU. (en donde los problemas relacionados con el voto electrónico pusieron un gran manto de duda en la elección de George W. Bush una década atrás) también han descartado el uso de máquinas de votación. Este panorama se repite en todo el mundo. “Actualmente sólo siete países tienen boleta electrónica para votar: Bélgica, Venezuela, Brasil, Estonia, India, Filipinas y algunos distritos de Estados Unidos”, dice una nota del diario La Nación del año pasado. Sólo siete países en el mundo tienen voto electrónico a nivel nacional, es muy poco.

Otro efecto negativo del voto electrónico es la dispersión electoral y el debilitamiento de los partidos. Priorizar las figuras por encima de un proyecto erosiona las estructuras partidarias. En Brasil hemos visto en el escandaloso juicio político a Dilma las distorsiones que provoca al sistema político, la fragmentación y la consecuente falta de gobernabilidad que puede generar.

El voto electrónico no está exento de denuncias por fraude, tal como lo está el sistema actual. Son públicas las denuncias que hablan de la posibilidad de violar los sistemas, situación que no se soluciona con solo imprimir un comprobante. La falta de garantías está denunciada en casi todos los fallos de la Justicia que lo prohíben. De hecho, el año pasado, hubo denuncias de fraude en Salta (boleta única electrónica), Tucumán (lista sábana) y Santa Fe (boleta única de papel), así que tenemos denuncias para todos los sistemas.

La filtración y manipulación del sistema y del resultado consecuentemente es un problema real que no tiene respuestas que despejen por completo las dudas, y esto sucede en todos los países en que se aplica.

Otra cuestión que preocupa es la posibilidad de que se conozca el voto del ciudadano (que constitucionalmente es secreto). La propiedad y calidad del software son puntos relevantes para controlar. La posibilidad de acceso universal al código fuente del software es central para garantizar seguridad y transparencia. Repito, la mayoría de los entendidos en informática denuncian la alta posibilidad de vulnerabilidad que tienen los sistemas de voto electrónico. Personalmente consulté a un especialista de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UADER, particularmente del Laboratorio de Investigación GUGLER, y creo que deberían ser convocados a debatir sobre el particular.

Otro tema para debatir es: ¿quien administra el sistema? Si es el Estado o una empresa privada. Quisiera que sea el Estado, obviamente. Ahora aquí fue mediante una empresa privada, así fue en Salta y CABA (Grupo MSA). Ellos dicen que están dadas las garantías. Pero, ¿Quién hizo los controles, son públicas las auditorías, cuán transparentes son?

En conclusión, son muy pocos los países que implementan el voto electrónico. Existen serios y fundados planteos relativos a su posibilidad de manipulación y vulneración. Tienen objeciones judiciales en los países por violar derechos constitucionales como la capacidad de control por parte de los ciudadanos del escrutinio y el secreto del voto. Igualmente existen denuncias de fraude en muchos lugares. Es un panorama muy distinto a lo que describe el Gobierno Nacional. No creo que se deba descartar de plano el voto electrónico al igual que cualquier sistema electoral, pero considero que se debe atender a todos estos cuestionamientos a la hora de definir una implementación.


b) ¿El voto electrónico es la única reforma necesaria?

También me inquieta la simplificación que se hace desde el Gobierno Nacional respecto al contenido de la Reforma. Un mejor sistema electoral requiere de muchas y diversas reformas, al menos discutirlas, y no puede ser reducido al voto electrónico.

Hay mucho más para debatir, y espero que lo hagamos, al menos nosotros acá en Entre Ríos con la autonomía que naturalmente tenemos. Por ejemplo lo respectivo a calendarios electorales y fechas de elecciones. El gobierno nacional quiere unificar los calendarios electorales de la Nación y las provincias. Ahora, ¿eso profundiza o elimina el federalismo? Lo cierto es que son dos elecciones distintas, en que elegimos por dirigentes de distintos órdenes y en nuestra provincia existe la potestad que brinda la Constitución de legislar sobre la unificación o no. Son atendibles los argumentos respecto de que el año pasado votamos muchas veces, pero desde una mirada política, para nuestra democracia ¿sirve votar menos? En Entre Ríos hemos separados las elecciones provinciales de las nacionales y las hemos hecho en conjunto, y no veo beneficios perceptibles como para decir que es mejor que sean juntas.

Lo mismo considero respecto a cambios en las campañas electorales. Debemos debatir el sistema de espacios públicos y sobre todo el financiamiento de las campañas, algo de lo que no he escuchado nada en estos últimos meses. Igualmente debemos pensar en reformas en la Ley de Partidos Políticos, relativos al régimen interno, la elección de los candidatos, el rol de los partidos, en especial el financiamiento de los mismos, etc. Si pensamos que los partidos son la base del sistema democrático, ¿el voto electrónico fortalece o debilita a los partidos políticos en Argentina?


A la par de todas las reformas es imperioso mejorar el control del sistema electoral, sobre todo el régimen de violaciones a las normas electorales, que casi siempre quedan impunes. Y así el listado de temas podría seguir y seguir.


c) Conclusiones

Como militante político estoy convencido de que la Reforma Electoral debe poner su mirada en muchos temas. Reducir todo el debate al voto electrónico puede impedir hacer cambios que el sistema político necesita.

Reitero que no descarto ningún sistema, pero debemos debatir con seriedad y profundidad del voto electrónico, mirar las experiencias en los países en donde se aplica, los cuestionamientos judiciales y las críticas que se le formulan desde la teoría política, el derecho, la informática, etc. No debemos cerrarnos, debemos explorar alternativas al sistema de elección actual que no se reduzcan al voto electrónico. En fin, hay mucho para debatir y eso debemos hacer desde todos los partidos políticos, universidades, organismos del Estado involucrados, ONGs entendidas en la temática y ciudadanos en general.
Fuente: Página Política

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