Un fenómeno que apareció en Entre Ríos desde 2003 en adelante ha sido la fragmentación de las fuerzas opositoras. Se trata de un hecho objetivo que se insinuó en la era post-Alianza y que se ha ido profundizando y consolidando, permitiendo no sólo la dispersión de la oposición sino la comodidad electoral para un PJ que se ha mostrado invencible en las urnas, con la sola excepción de la “primavera” de 2009 en la que la UCR en un frente junto a otras fuerzas le arrebató la elección de medio término y llevó a Atilio Benedetti, Hilma Ré y Jorge Chemes al Congreso Nacional.

Pero sólo fue una primavera. Dos años mas tarde un Urribarri emancipado del histórico caudillo del PJ Jorge Busti se beneficiaba de la fuerza arrolladora de la viuda Cristina Fernández y su 54%, relegando a la UCR –aún en un frente electoral- a un lejano segundo puesto con un exiguo 18, 5% de los votos seguido a escasísimos centésimos por un Frente Entrerriano Federal pergeñado por Busti para no quedar marginado de la escena política provincial.

Sin representación en el Senado, con seis diputados provinciales propios y sólo 15 intendencias, la UCR atravesaba su peor momento en las urnas. En 2013 y con un promedio del 20% de los votos perdería la única banca en el Senado de la Nación a manos de una alianza meramente electoral de coyuntura entre un emergente Alfredo De Angeli con el peronismo bustista, que duró lo que la campaña y que se quebró la misma noche del domingo 27 de octubre, cuando cada miembro se repartió los dividendos de la fugaz sociedad electoral.

Los votos de la clase media argentina supieron ser para el radicalismo su piso tradicional, porque el partido de Alem, Irigoyen, Illia y Alfonsín interpretaba los valores del ascenso social a través de la educación, el trabajo y la defensa de las libertades, el pluralismo, la tolerancia y la honestidad en el manejo de los asuntos de Estado.

Sin embargo, con el quiebre del sistema en 2001, la clase media se constituyó en un electorado en extremo volátil, que priorizó la situación económica personal a la hora de votar descreyendo del discurso político, la credibilidad de la dirigencia y exhibiendo cierta tolerancia con la corrupción y el abuso de autoridad en la medida que su situación particular, en especial el bolsillo propio, no se vea involucrada o afectada por aquellos vicios.

La UCR hace rato dejó de monopolizar en las urnas ese electorado instruido, insatisfecho y exigente por naturaleza. La prueba está en los triunfos de la saga Urribarri 2007 y Urribarri 2011 y sobre todo en la magnitud de esos triunfos, sin dejar de estimar los resultados de las elecciones de medio término de 2005 y 2013, que confirmaron las preferencias del electorado por candidatos no radicales.

La compleja situación política del país, la fragilidad institucional cimentada en 11 años de kirchnerismo y el final de época le presenta a la UCR un desafío de cara al 2015 tal vez más que crucial para su existencia. La sociedad que no votó al kirchnerismo y que descree del PJ –en una suerte de hartazgo de 12 años consecutivos del mismo libreto- le está exigiendo a la dirigencia política no peronista un gesto de grandeza para evitar que un mismo modelo populista pero emprolijado bajo el ropaje de rostros nuevos se apodere de los recursos de un Estado cada vez mas grande y menos eficiente.

Ese gesto de grandeza que el hombre o mujer de a pié le llama “unión de la oposición” es tomado por los dirigentes con el temor a una nueva reedición de la fracasada Alianza de fines de siglo que implosionó a pocos meses de asumir el mandato y culminó con el explosivo fin de año de 2001.

La sociedad no tiene la responsabilidad de la construcción de una estructura capaz de vencer en las urnas a un peronismo bi o tricéfalo como se insinúa para 2015, pero la dirigencia política no peronista carga sobre sus espaldas con el compromiso ético de generar una opción de gobierno tan sólida como creíble para ser favorita en las urnas. Y la UCR es –como siempre- el partido que tiene que dar el primer paso, por su presencia territorial aún vigente, la calidad de sus dirigentes mas expuestos y la capacidad para tejer alianzas, concertaciones o frentes con vocación de poder.

Pero eso no exime al resto de las fuerzas opositoras de facilitar y allanar acuerdos asumiendo su peso específico, el grado de organización propia y la extensión de su representatividad. Cada quien en su lugar. Y sumando.

¿Cuál es el límite de esa confluencia de fuerzas opositoras? El límite es el agotamiento del modelo que nos gobierna pero también las mezquindades de quienes se creen imprescindibles para conducir la “nueva criatura” o con derecho a veto para la incorporación de nuevos actores.

La experiencia de UNEN Entre Ríos es condición necesaria pero no suficiente para satisfacer la demanda social. A esta altura nadie puede discutir que la “cuarta pata” en discordia (representada por los votos que lo llevaron a De Angeli al Senado de la Nación) no puede quedar afuera de esta construcción. El falso debate de derecha si-derecha no, puede ser válido en las interminables discusiones de bodegones y los exquisitos debates de los intelectuales pero está bien lejos de lo que la gente está pidiendo en las colas de los cajeros, en los bancos, en el supermercado, en la calle.

No es verdad que los dirigentes no se ponen de acuerdo por una cuestión ideológica. Les preocupa en realidad que al ampliar la base de sustentación del frente UNEN quedan menos lugares para distribuir en las listas sábana.

No es cierto que se está discutiendo el tamaño del Estado, la política de seguridad, el modelo educativo, la Constitución de 2008 que no se cumple, la distribución de la riqueza, la coparticipación federal que nos roban, el desmantelamiento de las regionales de Vialidad ni los hospitales públicos diezmados por la carencia de insumos sino quién encabeza la boleta electoral.

Lo que está en juego en Entre Ríos es el peligro de la consolidación de un unicato de base peronista pero con tentáculos capaces de retener a un electorado variopinto, desideologizado y seducido por el placebo del consumo y la anestesia de la maquinaria de propaganda oficial, aunque bien lejos de la solución de las cuestiones estructurales de un Estado obeso en peso específico y raquítico en servicios.

Un ejercicio de pragmatismo republicano exige que la dirigencia opositora deje de ensayar alambicados discursos de teoría política y se dedique a diseñar un esquema electoral para alzarse con el poder real en 2015.

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles

Comentarios

El comentario no será publicado ya que no encuadra dentro de las normas de participación de publicación preestablecidas.

Publicá tu comentario

¡Tu comentario fue enviado con éxito!

La publicación del mismo está sujeta a la aprobación del moderador. Muchas gracias.

¡Escribí tu comentario!

* 600 caracteres disponibles