Para quienes transitamos los caminos intrincados de la política, son importantes las guías y los ejemplos a seguir. Sin duda que Montiel fue uno.

Caudillo luchador, inclaudicable, de un extraordinario conocimiento y sensibilidad, hombre de mucho coraje y fuertes principios que supo marcar un tiempo para nuestra querida UCR y para la política toda. Además un gran amigo personal, de esos entrañables, que saben aconsejar y escuchar, siempre con sabiduría y entendimiento. Inspirador de respeto y rectitud.

Recordaremos en él, no solo al último caudillo radical, sino a un militante inagotable, valuarte de la recuperación de la democracia en nuestro país, que supo enseñar a muchas generaciones el camino a seguir, trabajando por el porvenir, el desarrollo y el futuro de Entre Ríos. Montiel debe ser recordado como lo que fue: un gran dirigente y un gran hombre.

Los principios firmes de una persona decidida siempre deben inspirarnos a la hora de actuar, y más aún, cuando miramos este momento particular en la vida de nuestro partido y se hace sumamente necesario tomar decisiones. Decisiones trascendentales, de verdadero peso y significancia. Montiel se llevó consigo quizá la última autoridad incuestionable de la UCR entrerriana, pero si su militancia incansable hoy es un ejemplo a imitar, entonces no debemos tomar este momento como una crisis de representatividad sino como un desafío al cual estamos todos llamados a integrarnos con inteligencia y sangre radical, renacer y volver a posicionarnos en la sociedad que necesita que volvamos a ocupar nuestro rol de partido político íntegro, activo y militante.

Quizá la historia hoy sea un poco injusta y no esté dándole el lugar que merece, pero somos nosotros los radicales, los entrerrianos quienes debemos tomar el legado que nos dejó y llevarlo como bandera y estandarte a través de las distintas generaciones.
Quienes hemos tenido el honor de disfrutar de su amistad, también lo hemos defendido con valentía y entereza cuando se intentó dar un golpe a la institucionalidad de nuestra provincia a través de un juicio político injusto y espurio. No nos escapamos ni nos refugiamos en nuestros fueros, por el contrario pusimos la cara y el nombre sin temor a equivocarnos defendiendo un gobierno legítimo y popular cuyos detractores quisieron llevar a la ruina. Fueron momentos difíciles y aciagos, donde la cadena de sufrimientos a veces llegaba incluso a nuestras familias, pero aún así seguimos adelante.

Por eso cuando de luchas hablamos, es bueno tener presente que nuestra generación fue artífice de la recuperación democrática del 83, que se la arrebatamos a la dictadura más atroz de la que se tenga memoria en la República, y que ese partido que llevo al poder a Raúl Alfonsín no fue otro que la Unión Cívica Radical, en elecciones libres y sin proscripciones de ninguna naturaleza.

Hoy nuestra democracia, debe volver necesariamente a reafirmar sus principios y valores constitutivos: la igualdad; la equidad; la legitimidad; la libertad; la fraternidad; la legalidad; el pluralismo y la tolerancia.

Imagino que nuestro caudillo nos hubiese pedido algo que se ha venido dando desde hace un buen tiempo y que le ha dado sustento a los últimos triunfos de este partido: debemos tener plena conciencia que en muchos rincones de Entre Ríos, hubo militantes que mantuvieron a este partido dinámico, militante, discutidor, integrado a la sociedad, con presencia política y comprometido con el bien común y eso les ha permitido a muchos hombres conservar los gobiernos para la UCR.

En honor a nuestro máximo dirigente y dando cuenta de este momento político específico es que muchos creemos que a través de la generación de ideas y proyección de acciones que sirvan de base a un proyecto político serio y creíble, podemos aportar a la recuperación de la Unión Cívica Radical, dejando de lado los internismos estériles para enfocarnos en un trabajo a conciencia que nos devuelva a la senda de la credibilidad, aceptando los errores y equivocaciones, responsabilidades y aciertos, asumiendo los resultados y teniendo la grandeza de poder reconocer los momentos para asumir los renunciamientos que sean necesarios que den paso a una renovación que es casi urgente.

Es el mejor homenaje que podemos hacerle a quién dio su vida por su amado partido radical.

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