La ley de hidrocarburos votada corona la recuperación de YPF por parte del pueblo argentino que, tras cerrar el acuerdo con Repsol y a partir de la nueva legislación, tiene un horizonte de soberanía hidrocarburífera.

No tienen asidero las afirmaciones de legisladores de la oposición que se negaron a acompañar un proyecto fundamental para nuestro desarrollo, basándose apenas en notas de algunos medios nacionales dominantes.

Somos la segunda reserva mundial de gas no convencional con un potencial de 145 millones de barriles y la cuarta reserva de shale oil con 27mil millones de barriles. La ley decididamente apunta a las posibilidades de autoabastecimiento, permitiendo la explotación de estos recursos de manera segura.

Estos recursos, de los cuales el 42% se concentran en Vaca Muerta y el 58% restante en otras cuencas, podrían representar 123 años de consumo de petróleo y 410 años de consumo de gas. Apuntar a ellos es mirar el futuro, encaminarnos al desarrollo.

Sólo en 2014 YPF incrementó la producción de gas en un 11%, de 28 a 31 millones de metros cúbicos al día, y la de petróleo un 9%, de 196 a 213 mil barriles al día. Ya estamos en la senda de satisfacer la demanda interna y hay que apuntar también a las posibilidades de exportación.

Argentina importa apenas el 10% neto de su demanda energética. Y a eso apunta este proyecto, revertir y tener soberanía energética, inclusive para exportar.

Comparativamente, Brasil importa el 22% de su consumo, mientras Uruguay y Chile el 60%. Todo esto en un escenario en el que Argentina duplicó su consumo energético en los últimos diez años.

Además, los hogares argentinos consumen cuatro veces más que los de Brasil y tres que los de Chile y Uruguay.

Esta es una posibilidad histórica y una necesidad soberana, no podemos renunciar a la senda del desarrollo. A nadie se le hubiese ocurrido a principios del siglo XX negarse a explotar el petróleo de nuestro suelo, tampoco es una alternativa renunciar a la explotación de nuestros inmensos yacimientos, menos aún utilizando argumentos falaces, dictados por algunos grandes medios. Nuestro horizonte es del autoabastecimiento y la soberanía.

Argentina, con 3 proyectos como el de Loma Campana, equilibra la balanza energética en 7 mil millones de dólares.

Por eso el acuerdo con las provincias hidrocarburíferas tiene que ver con respetar la soberanía de las mismas, resguardar las regalías con la reforma de la ley de hidrocarburos que databa de la década del 60, protegiendo también, en función de la decisión de las provincias, al medio ambiente, y garantizar la soberanía energética argentina.

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