La libertad de conciencia como la libertad de expresar las ideas en la prensa, es uno de los derechos fundamentales que deben quedar al margen de cualquier mayoría legislativa. Esto implica que aún el libelo y la difamación, cuando se refieren a figuras políticas o públicas, deben ser entendidos como parte de la libertad de prensa.

Claro que las mentiras y los intentos de manipulación de lectores o televidentes se alejan del ideal democrático que concibe la razón pública como un foro donde se cruzan argumentos fundados. En este sentido el señor Jorge Lanata es, en la Argentina actual, la más alta expresión de un periodismo que parece haberle declarado la guerra a cualquier intento de sopesar y razonar las cosas.

Un ejemplo por demás repugnante de esto lo constituye la nota aparecida en el diario Clarín el sábado 18 en referencia a la muerte del genocida Videla. En ella el señor Lanata, además de dedicarse a mentir como un canalla, intenta equiparar, igualar la dictadura terrorista con el actual gobierno constitucional.

“¿Son tan distintos - se pregunta- los militares que se pensaban anteriores a la Nación que el grupo que sostiene el monopolio de lo nacional y popular?” En referencia a una expresión del diputado nacional Carlos Kunkel en relación a que existen dos tipos de periodistas, se pregunta: “¿No hay en ese pensamiento un hálito de Videla? “ Y como si esto no fuera suficiente afirma: “Las dictaduras de las mayorías o las minorías no son tan diferentes: ambas necesita que el Otro desaparezca”.

En su burdo intento por instalar la idea de que vivimos bajo una dictadura, este señor no duda en faltarle el respeto a los desaparecidos reales, a los miles de muertos y torturados, a los bebés apropiados, a los encarcelados, a los exiliados, a todos los argentinos que padecieron un verdadera dictadura.

La banalización del terrorismo de Estado, el olvido absoluto del horror está en la base de la afirmación de que tanto las dictaduras de las mayorías (Cristina Kirchner) como la de las minorías (Videla) necesitan que el Otro desaparezca.

Que éste señor recurra a los trucos que quiera, que se pase todos los domingos a la noche repitiendo que en la casa de los Kirchner hay una bóveda, como la del Tío Rico del Pato Donald, llena de monedas de oro, pero su intento de diluir el horror real en una larga cultura autoritaria que llegaría hasta nuestro días, debe ser advertido. Es un deber de todos custodiar la memoria porque sólo así podremos custodiar la democracia. Sólo reconociendo la oposición absoluta que existe entre dictadura y democracia, solo si diferenciamos tajantemente al mal radical de cualquier gobierno democrático, por más enfrentados que estemos con él, podremos seguir viviendo en una sociedad que respete el derecho del señor Lanata, o de un contra Lanata, a publicar sus ideas en la prensa.
Fuente: Página Política

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