La cumbre de presidentes del Mercosur que reunirá en Paraná a cerca de 12 mandatarios a mediados de diciembre es una buena noticia, pero no solo por la jerarquía que significa que Entre Ríos sea la sede de un acto de este nivel, sino mas bien por los avances que deberían obtenerse de un cónclave semejante, avances que sin dudas la chancillería argentina se esfuerza en dinamitar.

Es de toda evidencia que en todos estos últimos años la Argentina priorizó la creación y consolidación de la UNASUR y contribuyó a enfriar las relaciones comerciales con el resto de los países que integran el Mercosur.

Este bloque -gestado en 1985 durante la presidencia de Raúl Alfonsín y consagrado en el Tratado de Asunción que creó la unión aduanera entre Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay como miembros fundadores- atraviesa tal vez la mas aguda de sus crisis, en lo relativo a la conflictividad de argentina con sus vecinos y a las asimetrías y distorsiones de sus realidades económicas. Esto, pese a la invitación a otros países hermanos de Latinoamérica a incorporarse mediante una figura híbrida, que podríamos denomina de oyentes, menos por supuesto la incorporación como miembro de Venezuela.

Así, por ejemplo, mientras Argentina puede contabilizar junto a Venezuela el nivel mas alto de inflación (cerca del 40% anual), Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia y Perú registran niveles de inflación de un dígito anual. Uruguay y Paraguay, a su vez, han relegado a nuestro país en las exportaciones de carne extra zona mientras la Argentina pierde mercados y cupos de “cuota Hilton” por su errática política económica.

A eso hay que sumarle los conflictos que en la última década han dividido a sus gobiernos, como el conflicto por las papeleras con la vecina Uruguay; las avanzadas conversaciones del gobierno oriental para cerrar un tratado de libre comercio con EEUU, México y Canadá –al igual que Chile y Perú- y abandonar el Mercosur, que encendió la luz de alarma del bloque; las asimetrías de las políticas económicas con Brasil; el “cepo cambiario” que impide inversiones extranjeras; el déficit energético que obliga a importar fuel-oil desde Venezuela por miles de millones de dólares en un negocio oscuro que investiga la justicia, entre otros tantos desequilibrios que han minado la fortaleza del Mercosur.

La foto de los Presidentes saludando en la capital provincial es una vidriera envidiable para exhibirse. Pero lo cierto y real es que el bloque del Mercado Común del Sur está atravesando tal vez el peor momento desde su nacimiento y es responsabilidad política de sus mandatarios la de relanzar sus vínculos comerciales y afianzar la unión para evitar su quiebre y la aplicación de medidas proteccionistas que rompen el espíritu de la unión con que naciera allá por 1985.

Todo bien con la cumbre en Paraná. Pero una vez que se apaguen las luces y terminen los flashes habrá que leer con tranquilidad cuál ha sido el saldo efectivo para nuestro país de un encuentro de tal magnitud, que no sea sólo para hacer relaciones sociales, comer el mejor menú entrerriano de pescado, y desparramar por los medios un relato oficialista que no resiste la cruda realidad que vivimos.


(*) Presidente del Bloque de Diputados provinciales de la UCR
Fuente: Página Política- El Diario

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