Desde hace años me vengo preparando para gobernar la provincia, para mejorar el presente y el futuro de los entrerrianos. A los 17 años me afilié a la Unión Cívica Radical y desde entonces he ocupado diferentes cargos partidarios. Fui intendente de mi ciudad, y pude vivir una de las experiencias más enriquecedoras y formadoras. Luego, diputado nacional, en un momento en que los sectores productivos eran ferozmente atacados por el gobierno.

He ganado y perdido elecciones, y siempre he tenido el convencimiento de que las vicisitudes y las circunstancias, ya sean adversas o favorables, nos deben impulsar a seguir mirando hacia delante, recapitular las enseñanzas, aprender de los errores.

Con el convencimiento de que era la única manera de cambiar esta realidad, fui uno de los principales impulsores de un frente provincial que sumara a las fuerzas políticas opositoras, incluyendo al peronismo no kirchnerista. Esa idea fue tomando forma y contó con la aprobación de todas las instancias partidarias. De ese proceso, y de la mano de mi precandidatura a gobernador, surgió una propuesta competitiva, con reales posibilidades de ganar primero las PASO y luego las elecciones generales. La lista que encabezamos con el intendente de Villaguay, Adrián Fuertes, y que la integraban otros partidos del Frente Renovador, tenía la potencia de una propuesta política que se basa en la sumatoria de fuerzas, de coincidencias, consensos y diálogos. Queríamos tener la posibilidad de replicar en Entre Ríos experiencias exitosas de otras provincias, como es el caso de Mendoza.

Evidentemente, esa convergencia inédita en la provincia cambió la perspectiva y los cálculos de algunos dirigentes y apelaron a la artimaña de modificar las reglas del juego, de romper acuerdos previos, de no respetar los compromisos asumidos.

De un momento a otro, a horas del cierre de listas, nos vimos sentenciados por una decisión inapelable: íbamos a participar en las PASO en total desigualdad de condiciones, sin posibilidades de pegar nuestra boleta con las listas del acuerdo a nivel nacional. No nos dejaron opciones. Fue necesario desistir de mi candidatura para permitir que los candidatos de la Unión Cívica Radical de cada departamento y cada ciudad puedan participar en condiciones de disputa similares a las de los adversarios, de manera de asegurar triunfos que incrementen la cantidad de intendentes y de representantes en las cámaras legislativas.

Nos duele que no haya un candidato radical a la gobernación, responsabilidad que no es sólo nuestra, porque no era yo el único candidato. Además, nuestro Congreso dispuso que integremos un frente electoral, y que participemos de una elección primaria con candidatos a gobernador no radicales, y perder siempre es una posibilidad.

En Entre Ríos no hay segunda vuelta, siempre estuve convencido que para ganarle al kirchnerismo era necesario sumar a todo el arco opositor. Nuestros adversarios creen, sin embargo, que alcanza con el arrastre de su candidato a presidente. Espero, sinceramente, estar equivocado. Igualmente, voy a trabajar por este frente, por todas sus candidaturas. Mi esperanza de un mañana digno de la historia entrerriana sigue intacta, porque confío plenamente en la gran calidad humana de mis coprovincianos.
Fuente: Página Política

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