El debate por el aumento de impuestos que tuvo lugar este jueves a la tarde en la sesión de la Cámara de Diputados no fue lo políticamente caliente que pudo haber sido. Quizá hayan incidido algunas ausencias, como la del socialista Lisandro Viale, que se ha destacado en sus críticas, o el radical Agustín Federik, que como presidente de la bancada radical ha sostenido duros cuestionamientos al Gobierno.
Durante las tres horas de sesión, el oficialismo defendió la necesidad de actualizar alícuotas atrasadas para recuperar la capacidad de financiación de Estado y la oposición centró sus críticas en las cargas que consideró regresivas y en algunos artículos que colisionarían con los preceptos constitucionales al delegar al Poder Ejecutivo facultades propias del Legislativo, como la de fijar el monto de los tributos en su actualización. El texto tuvo media sanción en la tarde del viernes y sanción definitiva en los primeros minutos de este sábado (ver relacionada).
Como telón de fondo, se reiteró lo que ya viene siendo un estilo de este nuevo período: la oposición reprochó el apuro del oficialismo para modificar asuntos tan importantes e incumbentes a la Legislatura, como los impositivos o las autorizaciones para emisión de deuda, y reclamó que en lugar de un paso por comisión para un estudio más cuidado, se voten sobre tablas. No obstante, los bloques del radicalismo y el Frente Entrerriano Federal acompañaron con sus votos el tratamiento sobre tablas.
La carga política de las críticas no fue mucha. Pero algo hubo. En el debate por la suba de Ingresos Brutos, la diputada Rosario Romero consideró que la iniciativa oficial implicaba un “parche” que “va a doler mucho en el bolsillo de los entrerrianos y va a ser un aporte poco significativo para el financiamiento del Estado” porque, según estimó el titular de la agencia tributaria, Marcelo Casaretto, implicaría recaudar 157 millones de pesos más, una cifra menor para los números de la provincia.
Romero propuso que lo que había que hacer para mejorar el financiamiento público era “ampliar la base tributaria”, con un criterio progresivo.
La respuesta vino de Juan José Albornoz, a quien le tocó ser el miembro informante de lo que la bancada radical llamó “impuestazo”. Remarcó que lo que se estaba votando no era una reforma impositiva sino una “actualización” de gravámenes que habían quedado “atrasados” en el tiempo.
Como parte del ala progresista de la bancada oficialista, Albornoz remarcó que él esperaba – y creía que era el ánimo de su bloque – poder discutir la “política fiscal de la provincia”, para lo que aguardaba “las propuestas de los bloques opositores que apunten a una reforma fiscal profunda que recaiga sobre los que más tienen, los más poderosos, los que se benefician con el monocultivo, con las operaciones financieras”.
Afirmó que eso que la oposición – y en particular Romero, como destacada dirigente del bustismo – reclama ahora, fue justamente lo que “no hicieron cuando tuvieron el control de esta Cámara hasta hace apenas 45 días atrás”.
Albornoz justificó las últimas iniciativas en “la responsabilidad política de gobernar” y marcó que se estaban “poniendo en línea” los impuestos provinciales con los de la Región Centro. “Y si no vayan a pedirle a (Hermes) Binner que no aumente los impuestos en Santa Fe”, chicaneó.
“Después, con todo gusto, discutamos como tenemos que hacer una reforma tributaria en la provincia, yo voy a estar dispuesto a discutirla”, desafió, en términos personales y evitando hablar por sus compañeros de bloque.


