José Ángel Allende asumió este miércoles su sexto mandato al frente de UPCN. Lo hizo en un marco que no lo hubiese imaginado hace unas semanas, cuando la Justicia insinuaba hacerle pasar un mal momento en un juicio en el que estaba imputado su alfil Ariel De la Rosa. El mandamás del sindicalismo entrerriano patoteó a la ministra de Salud, Sonia Velázquez, lo que derivó en cataratas de repudios de buena parte del arco político, colectivo al que se sumó el vicegobernador Adán Bahl.
Pero el diputado y sindicalista ha sido tocado por la varita de la fortuna. En principio porque ha hecho aparentemente una fortuna personal, pero también ha acumulado una fortuna en suerte. El Poder Judicial no se anima a avanzar en las causas que se le iniciaron hace años; el Poder Ejecutivo en las diferentes gobernaciones peronistas ha terminado avalando su representación política y gremial sin ocultamientos pese a sus malas prácticas y sospechas por la comisión de delitos; y el Poder Legislativo lo ha apañado, con fueros y buenos salarios, durante 20 años. En lo gremial se opuso, sistemáticamente, al Régimen Jurídico Básico. No hay sector político, gremial o el que fuere que no tenga algo malo para decir de Allende. Pero ante las cámaras, el micrófono o el celular se impone la cortesía, cuando no el elogio.
Allende tiene un gremio al que se suele destacar por una importante base sustentable de fondos. Esa caja y sus seguidores lo pusieron a lo largo de los años en un lugar privilegiado durante todos los gobiernos justicialistas. Hijo de Jorge Busti, adoptado por Sergio Urribarri y ahora por Gustavo Bordet, que hoy lo acompañó en la asunción de su sexto mandato. También estuvo la ministra de Gobierno Rosario Romero y el flamante secretario de Trabajo, Fernando Quinodoz. Trabajadores y patronal.
Allende molesta, apenas, cuando ocupa algunos días una partecita de la Plaza Mansilla. Algo hay que hacer.






