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Appiani negó los cargos y explicó las “entrevistas”

Ante la jueza federal Myriam Galizzi, el abogado que interrogaba a presos políticos negó los cargos que se le imputan: privación ilegal de la libertad agravada, apremios ilegales y tormentos que se enmarcan como delitos de lesa h

No sólo niega los delitos de lesa humanidad que se le imputan sino que dice desconocer que se hayan cometido en suelo entrerriano en tiempos de la dictadura. Jorge Appiani, abogado, de sólo 56 años, detenido en la Unidad Penal Nº 1, declaró por horas ante la jueza federal Myriam Galizzi en el marco de la causa denominada Área Paraná.

Entre el sábado y el lunes se realizó la indagatoria a este imputado que dice desconocer a todos los demás, salvo a quien tenía a su cargo la cárcel de Paraná, José Anselmo Appelhans.

Aquí, partes de su testimonio en los que explica –desde una verdad que hoy suena delirante- el funcionamiento de los Consejos de Guerra para los que actuó en los interrogatorios a los secuestrados y presos políticos.

Hechos

En tanto ocupaba el cargo de teniente primero, auditor del Ejército y auxiliar del Consejo de Guerra, la Justicia lo considera autor mediato de los delitos de “privación ilegítima de la libertad agravada por la especial calidad de funcionario público, en abuso de funciones, mediante el uso de violencias y amenazas; aplicación de severidades, vejaciones y apremios ilegales, e imposición de tormentos, conductas agravadas por haber durado más de un mes, que se enmarcan dentro del tipo genérico de delito de lesa humanidad de desaparición forzada de personas”. Lo señalan más de 30 testigos que dicen haber sido víctimas de su accionar, a la vez que se lo imputa como parte de la estructura del terrorismo que hizo desaparecer, entre otros, a Claudio Fink y Coco Erbetta, según surge del expediente.

La ley

“Se omite la normativa fundamental que es la que constituye el presupuesto de jure que marca el contexto histórico donde se desarrollaron los hechos, la ley 14.029 o Código de Justicia Militar y consecuentemente se omitieron las demás leyes y decretos complementarios y reglamentarios”, comienza por decir Appiani en su defensa.

“Llegué a la provincia de Entre Ríos en febrero de 1976, recientemente egresado de la Escuela de Justicia Militar General Lemos, con 22 años. Fui designado auditor auxiliar del Comando de la Brigada de Caballería Blindada II, dependiendo directamente del Auditor Jefe, Mayor Auditor De la Vega quien era en ese entonces Ministro de Justicia de la Provincia de Entre Ríos”, relató.

Respecto de su actuación en los Consejos de Guerra (farsa de juicios a los detenidos), aseguró: “Debía entrevistar a los detenidos, oportunidad en la que les comunicaba que estaban a disposición del tribunal castrense. No necesitaba hacerles firmar nada (dice contra los testigos que aseguran haber sido forzados, vía torturas, a rubricar autoincriminaciones). Se trataba solamente de elaborar el cuestionario para el tribunal (…). En mis entrevistas con los detenidos debía ser acompañado por secretarios de instrucción quienes se iban rotando, recuerdo de aquella época a Soane, Tissera, Paredes, quienes se desempeñaron como Secretarios de Instrucción, eran designados directamente por el Poder Ejecutivo”.

“Los Coroneles Schinga, Vasallo y Alberguetti, secretarios de Instrucción dejaban constancia de mi entrevista con los detenidos y en caso que algún detenido se negare a firmar alguna comunicación ellos debían dejar constancia de su negativa a declarar, pero desde ya dejo aclarado que ningún detenido se negó a firmar estas actuaciones de justicia militar”.

Víctimas

En su testimonio, Appiani niega los cargos que le imputan una treintena de testigos a la vez que dice no conocer a varios ex represores sindicados por las víctimas, los que habrían cometido torturas y vejámenes junto a Appiani.

No recuerda a la mayoría de los presos políticos que lo señalan pero reconoce que “si fueron procesados por el Consejo de Guerra tengo que haberlos entrevistado”. Niega haber realizado entrevistas en lugares señalados como centros clandestinos como el Batallón de Comunicaciones.

En su insistencia por negar los cargos, en un momento afirma: “Reitero. No necesitaba ningún tipo de compulsión física en caso de negativa a firmar el comparendo al Consejo de Guerra, ni siquiera necesitaba la concurrencia de dos testigos, bastaba que el Secretario de Instrucción que me acompañaba dejara constancia de la negativa del detenido a firmar, pero vuelvo a aclarar, ningún detenido negó su colaboración en mi cometido como Oficial Auditor”.

Un ejemplo de su rechazo a las imputaciones: “La denunciante me identifica además como más bien rubio y de anteojos, además de no coincidir en absoluto el tono y color de mi cabello, nunca he usado anteojos hasta el día de la fecha, ni siquiera para lectura”.

“Escuela de testigos”

En su testimonio, Appiani disparó contra los organismos de Derechos Humanos y aseguró que habría una suerte de maquinaria de testimonios mendaces para imputar a ex militares.

“Me atrevo a una respuesta a estos interrogantes, lamentablemente estos testimonios brindados por estas presuntas víctimas son producto de lo que llamamos ‘escuela de testigos’ por la experiencia que tengo en este tipo de proceso conozco fehacientemente que estos denunciantes son asesorados por escuela de testigos cuya docencia imparten integrantes de organizaciones supuestamente defensoras de Derechos Humanos que durante largos años han lucrado y siguen lucrando con este tipo de denuncias, percibiendo indemnizaciones millonarias que otorga el Estado para reparar estas secuelas de la violencia de los años setenta”, aseveró.

Y dio cuenta, luego de su experiencia: “Digo por experiencia personal porque actualmente me desempeño como abogado defensor de los militares detenidos ante la Justicia Federal de San Juan, amén de haberme desempeñado como único defensor del Sargento Primero de la Policía Federal, Julio Simón, hasta el momento del Plenario en que debía excusarme en la causa que sentara precedente sobre la constitucionalidad de la ley que declara la nulidad de la ley de Obediencia Debida y Punto Final, siempre se da el mismo patrón, declaraciones sugestivamente coincidentes, en varios puntos”. (El Diario)

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