Cuando salió la primera edición de la revista Cicatriz, en abril de 2021, Santiago Halle hizo una elogiosa devolución a Jorge Riani, autor de un breve texto en relación a Jorge Luis Borges y Paraná. “Que se publiquen esas cosas es importante” fueron más o menos las palabras con la que el funcionario en aquel momento recibió al periodista para tomar un café. Su padre, José Carlos Halle, probablemente le haya transferido a su hijo la pasión por el gran escritor argentino del que ya nadie discute que merecía el Nobel.
El gobierno municipal inaugurará este jueves en la intersección Pronunciamiento y Avenida Ejército la Plaza Borges en un acto particular. Diferente, quizás, a otras inauguraciones. A partir de las 16, la actividad comenzará con un diálogo entre el escritor e intelectual Mempo Giardinelli y Riani. Le seguirán una disertación de Daniel Mecca, escritor, docente y gestor cultural nacido en Buenos Aires; lecturas de textos borgeanos a cargo de la escritora Belén Zavallo; y un cierre musical y actuaciones escénicas.
La relación de Borges con Paraná tiene varias aristas. A continuación el texto:
El amor no correspondido de Borges
Por Jorge Riani
Borges habla de Paraná, pero Paraná no habla de Borges. El biógrafo del genial ciego escritor, Alejandro Vaccaro, incluyó una foto en su libro Georgie 1899-1930, que reproduce la casa que la abuela Fanny habitaba, junto a su marido Jorge Suárez, un amigo de naipes de Urquiza que tenía la concesión de los tranvías tirados a sangre en esta ciudad entrerriana, y su padre Edward Young Haslam. La casa era una mansión, no por el lujo sino por la nobleza de sus formas y de sus materiales, pero también por sus dimensiones. Adentro se atesoraba la más grande biblioteca de la ciudad. En el jardín que amortiguaba el choque de la Alameda de la Federación con la casa propiamente dicha se paseaban pavos albinos. Paraná tiró esa casa abajo para hacer un insulso edificio y como para reafirmar su vocación destructiva. Cuando murió, a Haslam lo llevaron en carruaje de lujo hasta el cementerio. Allí, un delegado eclesiástico le dijo a los familiares del difunto que ese cadáver no podía entrar allí porque en vida había cometido el pecado capital de no ser católico. Era un doctor bilingüe que se gastó la vida aprendiendo y enseñando en la Escuela Normal. El cementerio local no quiso tener entre sus muertos a ese doctor en Filosofía y Letras recibido de la Universidad Heidelberg. Es notable que Borges haya referido siempre tan cariñosamente a Paraná. No es nada extraño que Paraná no tenga su guía de Borges en la ciudad.
No hay fechas ni momentos para reivindicar la historia y la cultura, que siempre son políticas. Solo hay que hacerlo.
Fuente: Página Política

