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Buenos alumnos

I. “Lo que importa no es quien esté o quien no esté en el partido, lo que importa es quién conduce”. La frase corresponde al jefe de los diputados kirchneristas en el Congreso Nacional, Agustín Rossi, pero pudo

Dato ilustrativo del lugar que ocupa lo institucional en nuestro país: el principal partido político está intervenido (carece de vida orgánica, no funciona, no existe como tal) hace más de tres años.

Ahora, luego de que desde el poder K se lo dejara de lado y hasta se lo vilipendiara como refugio de las estructuras de la vieja política, el PJ está a punto de resucitar, simplemente porque el mismo poder K así lo ha resuelto.

Sin rivales a la vista, el todopoderoso matrimonio presidencial ha decidido que el PJ resulte funcional a los fines de su proyecto de acumulación política. Necesario para “garantizar gobernabilidad”, se podría decir en términos más políticamente correctos.
Ella en el Gobierno, él en el partido único. Un gobierno compacto, matrimonial, casi monárquico, aunque esto no haya dejado de ser una República, hasta donde se sabe.

II. La frase de Rossi es una buena definición de cómo funciona el peronismo y de cuán lejos de la idea de un partido como espacio de discusión política está lo que se conoce con las siglas PJ. No importa que los que hoy estén con Kirchner sean los mismos que ayer avalaron a Menem. No importa.

Lo que importa es quien conduzca. No interesa hacia dónde se conduce, lo realmente importante es no quedar a pie y treparse a tiempo al vehículo del poder. Ayer era el menemóvil privatizador y excluyente y corrupto y neoliberal; hoy es el velero K, que avanza veloz con el viento de cola de los altos precios de la soja y el manejo discrecional de millonarios recursos y que entona con un acento de centro izquierda, que lo hace amigo de la Madres de Plaza de Mayo y de Chávez. Una nueva versión del PJ que hace homenajes a Fidel.

III. A esta altura, alguien con un sentido pragmático de la vida podría preguntarse “¿Y eso que importa? Si estamos mejor y a mí, la verdad, la política me importa poco y nada. Con suerte me informo cuáles son los candidatos para votar”.

Pasa que si todo depende de la buena voluntad de un matrimonio superpoderoso no hay debate político posible y sin esa herramienta resulta inimaginable que, por caso, en este rico país algún día se discuta federalismo. Es un círculo vicioso. La capacidad persuasiva K –tan fuerte que convenció a viejos menemista y a históricos radicales- radica en la fenomenal concentración de poder que le da el manejo de los recursos federales en detrimento de las provincias.

Los gobernadores (preguntar, en caso de dudas, a los radicales K) no pueden ni soñar con hacer una ruta si no se alinean políticamente con quien dispone de esos recursos con una amplio margen de discrecionalidad para reasignar partidas de un presupuesto que aprueba un congreso inexistente como poder controlador.

Así, la actividad política de los que están debajo en esa cadena de mando se limita a la administración de la injusticia. El mejor político es el mejor alumno, el más aplicado para que los números cierren; el más obsecuente con la maestra. Un perfil penoso para una dirigencia de vuelo bajo, que, claro está, comprende también a toda la oposición.

IV. Siempre es una buena noticia la normalización de un partido, al menos ubica en el terreno de lo posible la escena de un debate de ideas, de una discusión política en defensa de intereses provinciales. Sólo falta que aparezca el dirigente con el valor suficiente para plantearlo, aún a riesgo de que la maestra lo mande al rincón por indisciplinado.

NNAAPablo Bizai, para El DiarioNNCC

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