El otrora presidente de la Juventud Radical (hay que ver aún que hace el radicalismo con él), Darío Báez, no tuvo palabras adecuadas en su análisis político cuando acababa de fallecer Néstor Kirchner. Tampoco fueron certeras, a juzgar por lo que sucedió después.
El joven radical sostuvo el 29 de octubre del año pasado: “La muerte de Néstor Kirchner es un final abrupto del gobierno de Cristina”.
En el mismo texto, en donde pedía el voto por Agustín Federik como presidente del Comité Capital y el suyo por la reelección, afirmó que aquellas bondades de Kirchner “no se ven tanto en la actual gestión, cargada de enfrentamientos innecesarios, divisiones ficticias, corrupción y mucha frustración política, la cual enfrentó a la sociedad entre si sin sentido he irresponsablemente”.
En una suerte de llamado a salvar las instituciones, el bizarro texto firmado por el ahora urribarrista, había exhortado “a todos los líderes políticos de la ciudad” a que garanticen “la paz social y mantener el orden institucional ante lo que creemos es el fin de un ciclo virtuoso pero cargado de vicios como fue la era K”.
“Necesitamos un compromiso firme de que se van a respetar los tiempos democráticos del actual gobierno nacional, pero es imperiosa la construcción de una alternativa de gobierno para salvaguardar el bien común de la población Argentina”, advertía el documento publicado oportunamente por Página Política. (Ver notas relacionadas)
Desde la misma JR, pero a nivel provincial, emitieron un texto para despegarse del análisis de Báez.
El dirigente que este domingo se sumó a las líneas del oficialismo hasta hace poco participaba de las actividades institucionales del partido. (Ver video) Su última pelea interna fue con Sergio Varisco, que lo llevó a dar un paso al costado del espacio y sumarse a las filas de Ramón García Rau, quien lo cobijó con una candidatura a concejal.
Báez – según su perfil de Facebook – se nutre de líderes políticos que difícilmente puedan convivir en un mismo marco ideológico: Malcom X, Raúl Alfonsín, Mohamed Alí Seineldín y Salvador Allende.
De la Redacción de Página Política

