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De Ángeli: “Estábamos armados para resistir”

El dirigente rural entrerriano, Alfredo de Ángeli, admitió que tenían escopetas y carabinas para enfrentar a los hombres de Moyano. A continuación la nota del diario nacional Critica de la Argentina por la que se decidi&oa

Frontal. De Ángeli asegura que no perdona que el Gobierno le haya enviado a sus “patoteros” Moreno y D´Elía.

A los 51 años, separado, con tres hijos, Alfredo de Angeli ganó fama de chacarero simple y corajudo. Lo del diente fue apenas un mal comienzo; sobrevivió a sus primeros quince minutos de exposición nacional con la destreza de los que juegan en las ligas mayores. Retó a duelo a los camioneros de Hugo Moyano y sacudió la retórica de Cristina Fernández a grito pelado. En el campo la gente le regala rosarios, plaquetas, cuchillos. Le pide autógrafos. Lo abraza. Llora en su hombro. Le escribe cartas. Lo santifica.

Todo eso a De Ángeli lo eleva unos centímetros del suelo. “Me da pena porque piensan que yo soy el salvador”, confiesa en la misma casa donde nació, en María Grande, a 90 kilómetros de Paraná: “Yo soy un elemento de una causa, como una parte de las 18 mil piecitas que tiene un automóvil, nada más. No tengo soluciones, sólo me hago carne de ellos”, dice, y estruja una vieja cruz negra bendecida por el papa Pío XII, que una anciana le dio en Salta.

–Le dije al gobernador Uribarri que parara a los camioneros porque en las camionetas lo más chico que teníamos era un cuchillo para carnear asado–, recuerda el hombre que comandaba el corte de ruta en Gualeguaychú, donde unos 500 camioneros casi lo enfrentan.

–¿Es cierto que estaban armados?

–Estábamos preparados para resistir: había escopetas, carabinas, de todo. Los camioneros no se movieron por eso. Les íbamos a hacer la pata ancha, ¿eh?

–¿Es mucha responsabilidad manejar tanta gente con armas en un conflicto tan duro, no?

–Naaah. Estábamos todos convencidos de hacer lo mismo. Ahí no había dirigente. Yo era el que hablaba más fuerte, al que le hacían más caso. Pero había muchos compañeros con agallas. La noche que sabíamos que podían venir estuvimos en vela. Sabíamos que íbamos a resistir arriba del puente. Nosotros decíamos que los caudillos las batallas las daban de un lado al otro del arroyo. Y como pensamos que podían venir y quemarnos las camionetas pusimos todo de un lado del arroyo y ellos tenían que cruzar el puente. Esa noche sobraba el coraje porque abundaba la razón. Hasta diez o doce motosierras habían llevado por si venían más pesados. No íbamos a avanzar. Nos íbamos a defender. (Crítica de la Argentina)

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