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Debate sobre el voto progresista

Desde sectores del urribarrismo surgió un debate sobre el “voto progresista”. Federico Soñez y Juan Iturburu polemizan sobre cual sería un sufragio útil de caras al proceso electoral. Para el primero hay otras

En los últimos días se suscitó un debate, por cierto interesante, sobre el “voto progresista”. El disparador fue una columna de opinión del ex diputado nacional, Federico Soñez publicada por Página Política. (Ver aparte)

Ahora, quien se suma a la discusión, es el dirigente de Juan Iturburu, militante de la Corriente Nacional Martín Fierro, quein también envió su opinión a este medio.

Ambos dirigentes se han manifestado en diferentes oportunidades como fervientes defensores del kirchnerismo y, en pleno conflicto con el campo, se sumaron a la posición por la que optó el gobernador Sergio Urribarri. Incluso ha visto las firmas de los dos en varios documentos.

A continuación se publica el comentario completo de Iturburu:

El progresismo frente a sus trampas

Algunas consideraciones

Sobre todo en esta coyuntura de recuperación democrática, es decir desde octubre de 1983 hasta nuestros días, se ha tomado al “progresismo” como un pensamiento que abarca a todo el movimiento popular. Esto es un grave error que deja afuera franjas ideológicas que trascienden los límites de ese pensamiento. Sin ir más lejos, en la coyuntura del sesenta/setenta, la militancia se dividía en grandes segmentos que se identificaban con posiciones, que algunos llamaban “revolucionarias” y otros “movimiento popular”. Pero tanto en la identidad revolucionaria como en la popular, se hacía referencia a corrientes políticas que asumían una posición de transformación radical respecto al orden existen. Un orden, recordemos, que se configuraba bajo los cánones del “capitalismo dependiente”. Revolucionaria o popular eran identidades anti-sistémicas, que despreciaban la transformación progresiva y gradual. Las visiones teóricas y prácticas que propugnaban una transformación gradual de la sociedad eran calificadas como de “reformistas”. Dentro de estos territorios ideológicos, revolucionario o popular versus reformismo, confluían corrientes de tradición marxista y peronista. El inmenso faro que significó la revolución cubana, y el protagonismo del Gordo Cooke dentro del peronismo, abonaron esa rica confluencia que unía, en la movilización y en la lucha, a peronistas y socialistas revolucionarios.

Historia y actualidad

Es un dato triste pero importante al fin, el que señala que la inmensa mayoría de los argentinos exterminados por el terrorismo dictatorial componían la militancia revolucionaria, ya sea marxista o peronista. Más de la mitad de los desaparecidos pertenecían a la clase trabajadora. Tres comisiones internas de la fábrica Peugeot están desaparecidos. Setenta compañeros de Mercedes Benz integran esa lista. La comisión interna de Laboratorios Squit y la mayoría de la Comisión Directiva del SMATA Córdoba, incluido su secretario general, René Salamanca, están desaparecidos; Florencio Díaz, secretario general del SITRAM fue ejecutado cobardemente, en la Unidad Penitenciaria Nº 1, de Córdoba. La lista es inmensa, simplemente cito lo primero que viene a la memoria como para ejemplificar lo que afirmo más arriba.

La reconfiguración del sistema productivo en la Argentina durante los noventa, en función de los nuevos requerimientos del capitalismo, en su fase de capitalismo global, se asentó en el inmenso deterioro del sistema productivo industrial y en el exterminio de una militancia revolucionaria y popular que componían el corazón movilizador del sistema que quedaba atrás. En esta nueva configuración, aparecen como sector dinámico, las franjas constituidas por sectores medios ilustrados en el sentido literal del término. Estos sectores medios concentrados en las grandes urbes son los que nutren y dan color al alfonsinismo triunfante; a la Juventud del Partido Intransigente y más recientemente al frentegrandismo. Esta misma franja política va a aparecer protagonizando en forma decisiva la derrota del menemismo y se transformará en el sustento principal de lo que fue la Alianza entre el radicalismo y el Frepaso. Esta corriente que atraviesa la Argentina post- dictadura es la que marca las fronteras del progresismo, muestra un dibujo para nada lineal, más bien rizomático. Como bien señala el filósofo francés Deleusse.

Ser o no ser

Ese temperamento social propio de los sectores medios más intelectualizados, compone una identidad con dos perfiles bien definidos y hasta antagónicos. Por un parte existe una envoltura sensible e imaginativa, que hace apología de la tolerancia plural y de la defensa del sistema democrático en sus aspectos más formales. Como contracara aparece un alma impregnada de frivolidad, egoísmo y vanidad. Incapaz de dar cuenta de sus errores, siempre poniendo la cabeza en la disputa de los espacios personales, pronta a llenar con miserias humanas los más insignificantes progresos, paranoicos en la búsqueda de su exclusividad. Escarmentados por el terrorismo de Estado que supieron sufrir son muy temerosos de que la brutal experiencia se vuelva a repetir. Entonces, toda acción que ponga tensión los envuelve en pánico. Eso ha llevado a que se les exacerben los miedos a todo lo que tiene que ver con el justicialismo, no vaya a ser que detrás de esa pantalla regrese un movimiento obrero que con sus utopías de transformación social reavive nuevamente hecho que provoca curiosidad como están dispuestos a perdonarles sus grandes defecciones y su incapacidad para parar sobreponer los procesos que supieron despertar a las presiones de los grandes grupos de poder.

El progresismo frente al kircherismo

La aparición del kirchnerismo puso en crisis a los progresistas. Resulta que los Kirchner no conciben otra forma de construir poder sino es sobre la base de poner en tensión a la sociedad frente a los problemas que la acechan. No había terminado de jurar como presidente cuando Néstor Kirchner estaba planteando el fin de la impunidad y la necesidad de reabrir las causas a los militares genocidas. Se metió en la ESMA, emblema del terrorismo de Estado, y enrostró a las cúpulas militares cuando la dictadura, de simples asesinos. Junto a esto, todo a la vez, metió el eje de pagar una quita del 75% en relación a la deuda pública en manos privada y canceló la deuda con el Fondo Monetario Internacional de manera de ganar autonomía en el manejo interno de la Economía nacional. El susto que invadía a los líderes progresistas era sencillamente mayúsculo. Tuvieron que contener sus incomodidades para no quedar al margen de un proceso donde la sociedad acompañaba al Presidente Kirchner con un 60/70% de expectativas favorables.

Cuando Néstor Kirchner propone a Cristina, su esposa como candidata, colaron su desconformidad por las ventanas de la frivolidad más grosera. Que la Presidenta era gritona, autoritaria, que las carteras y el vestido, que los zapatos, etc., etc. No podían medrar con la actitud intelectual de la Presidenta por que en ese terreno Cristina se las trae. Pero cuando los empresarios del campo se sintieron tocados en sus ganancias y abrieron el conflicto en contra de la Resolución 125, en la galería de la oposición se alinearon todos. Sin pudor Chacho Álvarez, Aníbal Ibarra, Claudio Lozano, Pino Solanas y el silencio oportunista de Víctor De Gennaro, se integró al rechazo encabezado por La Sociedad rural, CRA y Carbap, el PRO, Carrió y el rezago menemista. Es decir se frecuentaron con lo más graneado de la derecha vernácula.

Había un argumento de peso para llegar a esos extremos: ¡¡Los Kirchner eran autoritarios!!. Pinedo es democrático; Macri también; Miguens un abanderado de los humildes, lo dijo Bussi, De Narváez, un muchacho de barrio.

¿Y ahora qué?

La vida hace que sea Entre Ríos el lugar donde el progresismo se refleje en sus dos almas. No creo faltar el respeto a nadie si digo que tanto la propuesta electoral de Partido Socialista que lleva como candidato a diputado a Marcelo Haddad, y la alianza Humanista – Comunista que encabeza ese compañero entrañable que es José Iparraguirre, no constituyen propuesta que definan cursos de poder, en este proceso electoral. Que se quiere decir con esto. El voto a Iparraguirre no define en absoluto si siguen las retenciones para las exportaciones graníferas o no, a pesar que se manifiesta de acuerdo. El proyecto de ley de medios audiovisuales no queda definida por que Haddad sume un punto más o un punto menos. El lugar que define la pelea en favor del proyecto nacional está encuadrado en los votos que saque el Frente Justicialista Entrerriano, que encabeza el compañero Raúl Barrandeguy o la oposición representada por el empresario sojero, Atilio Benedetti, primer diputado del Acuerdo Cívico y Social.

El radicalismo ha conjugado en este proceso electoral la propuesta política de mayor derechismo que reconoce su rica historia. Nunca el radicalismo estuvo tan a la derecha como en esta coyuntura. Únicamente así puede comprenderse que los tres lugares más relevantes estén cubiertos por empresarios rurales de relieve. El tercero de ellos, Jorge Chémes es dirigente de Fader, el gremio empresario que agrupa a los sectores más poderosos de la explotación agropecuaria y que han sido base de apoyatura política de los dos procesos militares, con Onganía en 1966 y con el genocida Videla en marzo de 1976. A su vez, han referenciado es sus principales actos a Alfredo De Ángeli que días pasados ha hecho la apología de las prácticas electorales nefastas de la Década Infame. Elisa Carrió ha bendecido cada uno de los pasos para que la propuesta del Acuerdo Cívico y Social tenga este carácter. Antes ya había propuesto que el primer candidato de este Acuerdo debía ser nada menos que esta suerte de Patrón Costa pos moderno que es Alfredo De Ángeli.

En este escenario compañeros progresistas, la alternativa para la militancia popular, en cualquiera de sus franjas es la Lista 501, que encabeza Barrandeguy, sigue Cristina Cremer y cierra el digno intendente de Larroque, Raúl Rigante. Guste o no, el punto de apoyo para una tarea que afirme este proceso nacional que encabeza Néstor y Cristina Kichner, está articulado por el Partido Justicialista y marca el espacio de pelea por un país justo y solidario.

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