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El debate ausente

Que los candidatos a convencionales integren o no la boleta sábana de candidato a presidente, diputados y senadores nacionales no fue un asunto que se haya discutido públicamente en este proceso preconstituyente.

El debate sobre la necesidad de preservar la distinta naturaleza de las dos elecciones —una para cargos electivos, otra para convencionales; una para gobernar, la otra para reformar la Constitución– se hizo presente en las conversaciones que se dieron para la redacción del proyecto que declara la necesidad de la reforma, aprobado a mitad de mayo.

Pero lo que algunos sectores del radicalismo sostenían entonces era la necesidad de votar convencionales en una elección distinta a la de presidente de la Nación y legisladores nacionales: se decía que si hubo razones y recursos para separar la elección provincial (en marzo) de la nacional (en octubre), mucho más debía haberlos para evitar que el debate de la campaña presidencial haga pasar a un segundo plano la difusión de las propuestas que cada partido ofrece para modificar la Constitución.

De cualquier modo, el planteo radical para evitar las simultaneidad de la elección de convencionales con los comicios nacionales fue más bien tímido y parcial, y se licuó tan rápido como ocurrió la salida de la reforma en Diputados. No tuvo la firmeza de otras discusiones, como la oposición a la reelección o la objeción al sistema proporcional para la elección de convencionales (respetar el artículo 51 de la Constitución) que llevó a un planteo judicial aún en trámite.

Pero ahora salió del decreto de convocatoria a elecciones y quedó claro que la boleta del 28 de octubre será sábana. Esto es: no sólo se votará un mismo día, tampoco habrá sobres o urnas separadas para cada elección, como pasó con la consulta popular por la reforma que el Gobierno llevó adelante en las legislativas de 2005.

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La boleta de convencionales pegada a la de presidente de la Nación tiene efectos político-electorales importantes para todos los partidos. En el caso del oficialismo, que es quien ha resuelto esta modalidad, la boleta sábana puede terminar siendo una medida preventiva, importante para preservar ciertos capitales políticos.

Algunos hombres del peronismo interpretan, en conversaciones informales, que si el gobernador Jorge Busti estaría seguro de realizar al menos una elección igual a la de marzo, no se privaría de la posibilidad de capitalizarlo, como cabeza de lista de una boleta de convencionales separada de Cristina de Kirchner.

En cambio, y ante la eventualidad de que la creciente demanda gremial, o las dificultades de armado (los intendentes se enojaron por no haber sido incluídos en la lista) provoquen una disminución del caudal electoral del PJ por debajo del 47 % que obtuvo Sergio Urribarri en marzo, la lista de convencionales pegada a la de Cristina de Kirchner le permitiría atribuir esa caída a cuestiones nacionales.

Otros, más cercanos a Busti, sostienen, por el contrario, que la vuelta de la lista 100 al PJ y el fuerte armado electoral que exhibe el partido opacan la luz amarilla que enciende la disconformidad de los intendentes como recolectores de votos. Consideran que no hay nada que temer, cuando además Cristina no tiene adversarios para la Presidencia y a todos los intendentes les conviene trabajar para la continuidad de los Kirchner en el poder.

Fuente: El Diario

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