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El Frente Grande explica por qué votar a Cristina

El partido que integró la Alianza de De la Rúa y Montiel explica por qué acompañan el proyecto del matrimonio Kirchner. El secretario general del Frente Grande de Entre Ríos y candidato a diputado en las listas del

El escrito que Loggio envió a NNAAPágina PolíticaNNCC es el siguiente:

Ya en la recta final hacia las elecciones del 28 de octubre, millones de Argentinos, una clara mayoría, han decidido su compromiso con el cambio que recién empieza y votarán por Cristina Presidenta.

Otros, con ideas nacionales y populares, todavía no se decidieron, o no saben si van a ir a votar. A ellos creo que hay que interpelarlos desde nuestra identidad pluralista, y de convocatoria abierta del Frente para la Victoria.

Luego de la crisis del 2001-2002, comienzan a expresarse, aunque larvadamente, agrupamientos políticos, sociales y económicos que, en términos de Giovanni Sartori, se organizan bipolarmente, en torno a los dos polos del gobierno y de la oposición, expresando intereses distintos y culturas diferentes.

Es en realidad una buena noticia para nuestra novel democracia. Deben quedar muy claros los modelos de país que cada bloque representa (sin dudas Macri será el nuevo referente de la derecha Argentina partir de Diciembre y en oposición al gobierno de Cristina).

Por un lado los que con el discurso de la “Republica”, el de ser “eficientes en la administración”, naturalizan el status quo y no quieren que nada cambie, y por otro, las grandes mayorías, históricamente postergadas, pujando por una mejor distribución de la riqueza, mejores representaciones políticas y más ámbitos de participación popular.

En definitiva, como dice la socióloga Chantal Mouffe, “lo que define lo político es la confrontación”, y que “en todo sistema surgen conflictos de intereses y hay confrontación, porque hay un otro que siempre queda excluido”.

En este reacomodamiento político, económico y social hay ruidos, desde luego, y algunos importantes. Durante décadas (básicamente desde el golpe de 1976) el sector financiero fue dominante en la economía argentina, en alianza con otros sectores económicos. Se fortaleció con el menemismo y con De la Rúa y provocó la explosión del sistema político.

A partir de la devaluación aparecen otros actores (productivos), y que podríamos dividirlos básicamente en dos: un grupo con base industrial y otro con base agraria. Ambos se benefician con la política económica del Presidente Kichner (tipo de cambio competitivo, superávit gemelos, intervención del sector público en inversiones y subsidios). La diferencia tiene que ver con el tipo de desarrollo que cada uno propone en función de la especialización productiva que debería tener el país.

Aunque las diferencias pueden parecer menores, la prevalencia de unos supone necesariamente la derrota del otro, claro que en términos relativos, porque ambos forman parte del sector ganador en esta etapa de la argentina.

La diferencia sustancial entre las versiones neo-desarrollistas remite al sector o a las actividades elegidas para liderar el proceso de crecimiento y desarrollo, y si bien ambas son importantes, no es lo mismo para el país. Una tonelada de granos ronda los 300 dólares, en cambio una tonelada de trabajo industrial, incorporando trabajo argentino, cuesta 10.000 dólares (y esa diferencia de 9.700 dólares es empleo, inversión, riqueza argentina).

En esa puja de sectores económicos, con una economía que crece, con mayor demanda por una lenta pero sostenida recuperación de los salarios (donde los trabajadores volvieron a ser actores importantes en las rondas paritarias después de varias décadas, siendo protagonistas de lo que el economista de la UBA Javier Lindenboin llama la distribución primaria), con el crecimiento del empleo y la baja de la pobreza y la indigencia, aparece la inflación; más agitada por la oposición que como problema concreto, pero que sin dudas, aunque es perfectamente manejable, su impacto social sobre quienes tiene ingresos fijos (especialmente en sectores de bajos ingresos, desocupados o trabajadores informales) es una preocupación, y además, por el riesgo de que sectores empresarios con poder para fijar precios (oligopolios) saquen ventajas aumentando los precios, y que aún los empresarios mas chicos participen en la inflación de expectativas, en un país que necesariamente (en sostenido crecimiento a tasas increíbles) está viviendo un reacomodamiento de los precios relativos.

La receta clásica que vienen planteando desde la ortodoxia es reducir el gasto público y, en particular, las obras de infraestructura, “enfriar la economía” dice Prat Gay (economista de cabecera de Elisa Carrió), teoría que también en algunos momentos planteó Lavagna. La respuesta de Kichner sin embargo es seguir apostando al crecimiento, con aumentos a los jubilados y la continuidad del plan de obras públicas.

“Es menester que el Estado asuma un rol activo de arbitraje frente a la puja distributiva, para salvaguardar el crecimiento y la capacidad adquisitiva de los sectores menos favorecidos” plantean desde el Plan Fénix. Y de eso se trata.

El estado aún no recuperó (luego del desguace neoliberal) las herramientas técnicas y humanas de control, que permita analizar costos y cadenas de valor, y está claro, además, que hay una sobre exigencia sobre la capacidad instalada. Ellos son los desafíos para el gobierno de Cristina. Hacer más fuerte el estado, y establecer una fuerte alianza con los trabajadores y los empresarios para seguir promoviendo las inversiones que permitan crecer en ofertas de bienes y servicios ante la fuerte demanda del mercado.

Cristina plantea tres construcciones básicas. La primera fue la reconstrucción de los poderes del estado, hacer que las decisiones en nuestro país las tome el Poder Ejecutivo en la figura del Presidente y no los grupos económicos o el Fondo Monetario, que el Poder Legislativo no funcione con diputados truchos para votar leyes antinacionales, o que sean comprados con la Banelco de un Ministro, que el Poder Judicial empiece a recuperar prestigio e independencia con una Corte Suprema de alto valor Jurídico pero fundamentalmente moral, donde seguramente los memoriosos tendrán que hurgar severamente para encontrar en la historia una corte de semejante nivel.

La segunda construcción es la del modelo económico social, “porque la inequidad, la desocupación no se arreglan desde el Ministerio de Desarrollo Social, desde allí se alivian las situaciones urgentes, la vida de los argentinos se arregla o se desarregla desde el Ministerio de Economía” dice nuestra candidata.

Cristina plantea que al modelo de transferencias de recursos y riquezas del neoliberalismo hay que contraponerle un modelo de construcción económico y social, industrialista, pero con matriz de acumulación diversificada.

Y aquí es trascendente echarle una ojeada a la historia económica Argentina. El primer proyecto de acumulación económica de Argentina fue el de la generación del 80, el de “Argentina granero del mundo”, el de la economía primaria exportadora, con altas tasas de ganancias para la elite y pobreza para las mayorías. La crisis mundial del 29 fue generadora de una nueva etapa, que llegó a su esplendor con el peronismo en los 40, la industrialización por sustitución de exportaciones (ISI), luego los golpes de estado fueron minando este modelo productivo y la crisis mundial del petróleo de los 70 terminaron de hundirlo. Finalmente el modelo financiero de la dictadura de Videla – Martinez de Hoz que sobrevivió, con fallidos intentos productivos en el medio, hasta la crisis del 2001.

Este modelo que impulsa el Presidente Kichner y que continuará Cristina, tiene la particularidad que ensambla el modelo agropecuario, exportador, generador de divisas, con el industrial, que permite crecer el empleo y mejorar la calidad de vida del pueblo, y esta dualidad productiva, construye fortalezas ante los continuos cambios de la economía mundial.

Obviamente que para la minorías privilegiadas, como así también para opositores políticos, no se trata de un plan de gobierno, sino solo viento de cola de la economía mundial, y auguran en cambio, corta vida al crecimiento. Sin embargo, el economista Mario Rapoport, en su libro El Viraje del siglo XXI plantea que hay cuatro elementos que abren perspectivas favorables y diferencian esta situación de otros procesos anteriores. “En primer lugar, la puesta en marcha de un aparato productivo basado en la reactivación del mercado interno, segundo, la existencia de un superávit comercial superior a los compromisos financieros con el exterior, en tercera instancia la existencia de un importante superávit primario, que posibilita la compra de dólares necesarios para el pago de la deuda sin necesidad de emitir más dinero, y en cuarto término, un crecimiento no basado en el financiamiento externo”.

Pero claramente a este proyecto de acumulación diversificada le hace falta, como reclama el Presidente Kirchner, una burguesía nacional que, como la brasileña, se comprometa con el país, invierta, se arriesgue junto al conjunto del pueblo a construir un camino de grandeza para todos. También nos falta aún, en este proyecto un cambio en el régimen impositivo, para que el estado asuma (además de la correcta política de retenciones a las exportaciones) un fuerte rol de distribuidor secundario de la riqueza a través del sistema de recaudación de impuestos y asignación de las inversiones y el gasto público.

La tercera construcción que plantea Cristina es la construcción cultural, la de la recuperación de la autoestima, la que derrote definitivamente la cultura del fracaso, la que apueste al crecimiento de la inversión del estado en la Educación, la Ciencia y la Técnica para producir inteligencia nacional, conocimiento científico, valor agregado y alto nivel de competencia.

Finalmente, y como plantea Norberto Bobbio, debemos “transformar la democracia formal, esa que es el gobierno del pueblo, en una democracia sustancial, que sea para el pueblo”. Y para ello es menester la participación popular, la movilización de los recursos humanos y materiales, que generarán conflictos, pero que serán el motor de mejores mañanas, que alentarán todos los cambios que hacen falta, las herramientas que aún debemos construir para mejorar las instituciones, garantizar la plena participación popular, y brindarle al pueblo una mejor calidad de vida. Que de eso se trata.

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