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El PJ pagó por Kirchner, pero también por su interna

Aunque intentó despegarse, el justicialismo no pudo sortear el voto castigo a Kirchner en la provincia del epicentro del conflicto agrario. Perdió Urribarri, pero también Busti. La forzada “unidad” no cerró y l

La estrategia del PJ para capear la adversidad de gobernar uno de los territorios donde más duro golpeó el conflicto agrario fracasó ayer. La estrategia consistía en marcar distancia del Gobierno nacional que impuso las retenciones móviles a la soja y que se ganó el repudio no sólo de los hombres de campo, sino del grueso de los habitantes de las poblaciones cuyas economías dependen del sector.

Y también de buena parte de la población que se irritó con la confrontación por momentos irracional y autodestructiva que exhibió el matrimonio Kirchner en ese conflicto.

En el PJ de Entre Ríos se pensó que alcanzaba con armar una propuesta electoral que tenía como principal figura política a la diputada Cristina Cremer, que había votado en contra de la resolución 125 y que, para más datos, era la esposa con Jorge Busti, el ex gobernador que en pleno conflicto se había subido al palco de la protesta agraria y que en los últimos dos meses se mostró claramente alineado con Carlos Reutemann.

Sin embargo, el electorado no compró la idea de que la lista 501 no era la lista K. No se olvidó que en la segunda mitad de 2008 Busti se amigó con Kirchner, aunque después volviera a distanciarse.

No tomó en consideración que la propuesta electoral del PJ ya no se llamaba “para la Victoria”, sino Frente Justicialista Entrerriano, porque lo que pretendía expresar era la “continuidad positiva” de las gestiones de Jorge Busti y de Sergio Urribarri.

No hubo provincialización que valga para un electorado que en modo alguno entendió que estaba en juego el regreso a un estilo de gestión como el de Sergio Montiel, simplemente porque no se votaba gobernador, sino diputados nacionales.

Piso

Al PJ lo votó su base. Eso representa el 34 %. La campaña justicialista sólo convenció a los convencidos, y en algunos casos ni siquiera eso.
Un rápido primer vistazo por el mapa electoral que dejó la elección de este domingo permite ver que la interna justicialista quedó sin cerrar en muchos territorios.

Se sabía que se perdía en Gualeguaychú, pero en la tan amplia diferencia pesó también la interna local. Como en Diamante, como en Gualeguay, como en Colón, Victoria, Federación, Paraná Campaña, Nogoyá, Tala.

La elección dejó claras huellas, que en la misma noche del domingo fueron anotadas en el renglón de las traiciones. Algunas de estas conductas se esperaban en algunos territorios, pero la magnitud de la caída de votos sorprendió hasta a los más pesimistas.

Caída

Es que todos esperaban que los votos del PJ fuesen menos que hace dos años cuando, con la convicción del bolsillo, los productores votaron a la Presidenta que medio año después decretaría las retenciones.

Pero nunca se esperaba tanto. Las encuestas que difundía el oficialismo le daban una ventaja de 10 puntos.

En 2007, y en la misma boleta de Cristina Kirchner, Sergio Urribarri y Jorge Busti, Cristina Cremer llegó al Congreso de la Nación con el 47,12 % de los votos. Ahora, cuando pidió el voto para esta suerte de plebiscito de su mandato inconcluso, apenas retuvo el 34,4%.

Al PJ lo votaron 67 mil entrerrianos menos que dos años atrás.

La contundencia de la caída es tal, que no alcanzan a disimularla los votos peronistas que pudo descontar Héctor Maya. En todo caso, los 50 mil votos del ex senador menemista –que también había competido en 2007 y obtenido 67.513 votos como compañero de fórmula de Alberto Rodríguez Saá- pesan en tanto una parte de ellos haya sido fruto de la interna. Eso será materia del análisis de cada territorio.

La caída hace ruido, además, por las debilidades de distinto orden que presentó el Acuerdo Cívico y Social: Desde sus dificultades de armado electoral (el tan criticado dedo de Elisa Carrió para hacer caer el acuerdo de la UCR con el Socialismo, y para imponer su candidata en contra del criterio de la dirigencia local de la Coalición Cívica), hasta groseros errores de campaña como las desafortunadas declaraciones de Jorge Chemes y más tarde de Alfredo De Ángeli, pasando por las diferencias internas en el radicalismo que no terminaron de saldarse.

2011

El PJ perdió por poco, es verdad. Pero perdió contra un rival que los manuales electorales nunca definirían como poderoso. Aunque hubiese ganado por la misma diferencia que le sacó el Acuerdo, la distancia respecto a los 10 puntos de ventaja pronosticados hubiera dado igualmente la sensación de una derrota que desde temprano se notaba anoche en el rostro de la dirigencia del oficialismo.

La posibilidad de que Busti compitiera en esta elección como candidato a diputado signó la primera parte del actual proceso electoral. El riesgo que asumía era que el costo de una mala elección lo deje mal posicionado para su objetivo mayor: volver a la gobernación en 2011.

Busti no fue candidato, pero con su esposa como principal figura política de la lista se puso al hombro la campaña. Y en un par de oportunidades se vio obligado a reclamar apoyo, primero a los funcionarios del gobierno de Urribarri y, en el tramo final, a los intendentes aliados del Gobernador.
Urribarri se sumó a la elección, aunque mucho menos de lo que Busti hubiese querido. Al PJ le espera una dura discusión.

Pablo Bizai, para El Diario

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